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José Gregorio Hernández, el científico detrás del Beato

“Médico de los pobres”, “Santo de Venezuela”, se le decía en vida a quien demostró ser un doctor excepcional y cristiano devoto. Pero, ¿cuánto se conoce del hombre de ciencia y profesor universitario?

  • ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

19/06/2020 06:00 pm

Yamileth Angarita

Nadie niega que numerosas y admirables son las virtudes humanas, cristianas y ciudadanas que mostró José Gregorio Hernández Cisneros a lo largo de su vida. Ya fallecido, son incontables los testimonios de quienes aseguran que fueron sanados de alguna enfermedad, o salieron airosos de la cirugía gracias a su intercesión ante Dios –o por su intervención directa-. Pero muy pocos son los que conocen el ilustre, el brillante venezolano que fue como doctor, profesor y científico.

En efecto, él fue de los profesionales más avanzados de su época; de pensamiento profundo, inquieto y acucioso cuando de investigar se trataba; de dedicación, rectitud y sencillez si el conocimiento científico debía impartir en las aulas y laboratorios de una Universidad Central de Venezuela (UCV) muy joven aún.

“Fue José Gregorio Hernández no solo el fundador de la medicina experimental en Venezuela, sino también el profesor sabio y con gran intuición pedagógica, el filósofo perspicaz y valiente, el profesional abnegado y adornado con la aureola de una caridad conmovedora y con eso que se ha dado en llamar ojo clínico y el hombre de fe que supo encajar su vida en los moldes de elevadísima virtudes” aseguró de él Ambrosio Perera Meléndez, médico, fundador e individuo de número de la Sociedad de Historia de la Medicina (SVHM).

Cuando nació el 26 de octubre de 1864 Venezuela seguía estando signada por la anarquía política, la ruralidad en casi la totalidad de su geografía, las condiciones insalubres que afectaban a la población además del eterno pensamiento mágico que generación tras generación dicta cómo curar “los males del cuerpo y del alma”.



“Era un país rural en más del 65% de la población estimada en menos de 3 millones de habitantes. Había mucha pobreza que no solamente era rural sino que además carecía de medidas básicas de saneamiento ambiental. Con muchos niños enfermos, los hombres y mujeres morían entre los 30 y 35 años; hay literatura que refiere que cada dos horas moría una persona por paludismo”, refirió Beatriz Trevisi, médico cirujano egresada de la Universidad Rómulo Gallegos, especialista en Anatomía patológica de la UCV y actualmente Jefe del Servicio de Anatomía Patológica de la Maternidad Concepción Palacios.

Alumno destacado en su paso por la Escuela de Medicina de la UCV, nuestro ilustre hombre oriundo de Isnotú, en el estado Táchira, se graduó con honores como “Doctor” a los 24 años de edad. El dominio del inglés, francés, italiano y portugués, además del extinto latín y sus conocimientos de música y teología daban cuenta de que era un hombre concentrado, serio, de libros, dedicado al conocimiento profundo y moderno, sin dejar a un lado sus reflexiones y compromiso con la religión que desde que nació su madre le enseñó a amar. 

Desde que comenzó a ejercer su profesión en su pueblo natal combatió la superstición y la superchería muy común en la Venezuela de su época, reflejada por ejemplo en una carta enviada a su compañero de estudios y gran amigo Santos Aníbal Dominici: “Mis enfermos todos se han puesto buenos, aunque es tan difícil curar a la gente aquí, porque hay que luchar contra las preocupaciones y las ridiculeces que tienen arraigadas: creen en el daño, en las gallinas y vacas negras, en los remedios que se hacen diciendo palabras misteriosas, en suma, yo nunca imaginé que estuvieran tan atrasados por estos países…”.

Terminaron de forjar su profesionalismo, y decisión por mantener el rigor científico a la par de sembrar en sus alumnos la pasión por la ciencia y la investigación, todo lo que aprendió en la Escuela de Medicina de París, en el laboratorio de Mathias Duval y posteriormente en Berlín donde ahondó en la Histología, Anatomía patológica y Bacteriología.

Al regresar a su país ya era un médico experto en las áreas de Microbiología, Histología Normal, Patología, Bacteriología, Embriología y Fisiología Experimental, entre otras. Trajo consigo de Europa valiosos equipos médicos para instalar el Laboratorio de Fisiología Experimental de Caracas donde impartió clases. Fue gracias al doctor José Gregorio Hernández que el microscopio moderno llegó a Venezuela.


En 1894 publicó un importante estudio sobre la influencia de la zona tropical en el número de los glóbulos rojos

“Él es el fundador en nuestro país de las tres disciplinas médicas: la Histología normal, la Patología, Bacteriología y Fisiología. Además, fue el primero en establecer y administrar el primer laboratorio de investigación en el campo de la medicina. El doctor Hernández puso en práctica los conocimientos traídos de París con las técnicas histológicas, es cuando se empiezan a hacer trabajos científicos, a ver la preparación de los tejidos, las células a través del microscopio. Fue el fundador de la cátedra de Anatomía Patológica en Venezuela. Presentó por primera vez y difundió la técnica histopatológica, cómo era su mecanismo y proceso; también trajo los equipos necesarios para practicar la histotecnología como el microtomo, incluso habla de 13 coloraciones especiales, y los microscopios de luz moderna con lentes de inmersión”, explicó la doctora Trevisi.

De ese hecho contó el doctor Perera Meléndez: “La sorpresa fue mayor cuando vieron al joven venezolano, recién regresado de Europa, entrar un día a su clase con un gran aparato y con unas láminas preparadas por el mismo y que decía que si se miraba a través del grueso tubo dotado de dos lentes milagrosos se podía ver, muy claramente, en las láminas, que en apariencia nada contenían, a no ser una coloración translúcida, unos corpúsculos, ya redondos y con varias formas de juntarse o ya como bastoncitos diferenciados entre sí. Nunca antes ningún venezolano, sino los pocos que habían tenido el privilegio de viajar a centros científicos europeos, había visto un gran microscopio y muchos ni siquiera imaginaban su existencia. Apenas pequeños microscopios simples habían sido importados por algún estudioso”.

Por haber creado la primera Cátedra de Bacteriología en América José Gregorio Hernández fue reconocido en el Primer Congreso Panamericano en Washington en 1893. Muestra de lo que comenzaba a aportar para la modernización de la medicina en este hemisferio.

Sobre su quehacer como profesor, aseveró Perera Meléndez en el discurso que presentó en el XXIII Congreso Internacional de Historia de la Medicina en Londres, Octubre de 1972, que “el método pedagógico de Hernández tuvo la sencillez con que los sabios exponen lo que verdaderamente conocen y así mismo el don especial de ganar la atención placentera
del discípulo. Hernández se salía de los moldes trazados en los textos magistrales y, dotados como estaba de una memoria profunda y bien orientada, dada a sus exposiciones una fisonomía peculiar, sin salirse de lo estrictamente científico y docente. Tenía un poder de síntesis asombroso, con lo que conseguía, en pocas palabras, desarrollar un tema difícil de compendiar”.

Junto con otros notables colegas en 1902 creó el núcleo que tiempo después sería la Academia Nacional de Medicina, de la cual ocupó la silla número 28 como miembro fundador. Siguieron los reconocimientos profesionales en su vida y en 1905 se le otorgó la Medalla de Honor de Instrucción Pública.

Además, “fue el primer técnico histólogo en Venezuela y el primer anatomopatólogo formal en la de Anatomía Patológica la cual fue decretada por él mismo el 14 de septiembre de 1909”, aseveró la doctora consultada también fellowship de Neuropatología del Instituto de Anatomía Patológica de la UCV.

Constantemente inquieto por seguir aprendiendo y aportando más a su país, en 1917 viajó a Estados Unidos y nuevamente a Europa para completar estudios avanzados de Embriología e Histología.

 
Fundamentó su vida en la filosofía “En el hombre el deber ser es la razón del derecho, por eso el hombre tiene deberes, antes que derechos”

“Ejerció su profesión en una época muy difícil, hostil, de miseria nacional y caos. Al mismo tiempo él conformó esa grandeza como ciudadano intachable, erudito de refinada sensibilidad, filósofo profundo, un cristiano totalmente comprometido con el evangelio y al mismo tiempo practicante heroico de virtudes cristianas a pesar de una situación del país hostil. Por eso hay mucha literatura que lo denomina ‘el médico del pueblo’”, reflexionó su colega Beatriz Trevisi.

Hasta el último momento de su existencia, acabada tras un trágico accidente la tarde del 29 de junio de 1919, este ilustre hijo de Venezuela dio clara muestra de haber sido -como él mismo fundamentó su vida- “un hombre de deberes antes que derechos”. Científico, pedagogo, médico, filósofo, filántropo, ser humano profundamente religioso, piadoso y caritativo, del doctor José Gregorio Hernández faltan las palabras para tratar de describir la gran dimensión lo que fue su ser y quehacer.

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