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La vida en sí misma es una terapeuta muy eficaz

Karen Horney, la psicólogo que cuestionó a Freud y la diferencia psicológica entre mujeres y hombres

  • MARIANA DÁVILA

20/07/2019 10:00 pm

No han sido pocos los psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras, teóricos de la cultura y la medicina, que a lo largo de la historia del estudio de la mente humana han debatido las ideas clásicas freudianas. Entre los años 1920 y 1930 las teorías biologicistas y organísmicas de Sigmund Freud fueron cuestionadas por Karen Horney, la llamada primera psicoanalista feminista, una psicóloga alemana que al desarrollar sus estudios sobre psicoterapia encontró restrictivos los postulados del padre del psicoanálisis en cuanto a la identidad femenina y la influencia de la cultura en el desarrollo de la personalidad. 

“Una persona perfectamente normal es algo muy extraño en nuestra sociedad.” 

BIO. Karen Horney nace en el 1885 en Blankenese, Alemania. A los 21 años de edad comienza su licenciatura en Medicina en la Universidad de Friburgo. A los tres años se casa con Oskar Horney y se me muda a Berlín. De vuelta al estado donde vivía con su familia, inicia sus estudios en neuropsiquiatría y empieza su primer análisis con Karl Abraham, proceso que luego fue interrumpido a causa de la muerte de su padre, el nacimiento de su primera hija y el posterior fallecimiento de su madre. En 1911 se gradúa y empieza su formación psiquiátrica acompañándola de asistencias a reuniones científicas de la Asociación Psicoanalítica de Berlín. Ya con un valioso bagaje cultural e intelectual, emprende su tarea profesional como analista. Primero lleva a cabo comprometidos estudios sobre la educación sexual de los niños y al tiempo presenta su tesis de doctorado sobre el traumatismo físico como causa de la psicosis. En plena guerra mundial, en el año 1915, es nombrada secretaria de la Asociación Psicoanalítica de Berlín, y para el año 1920, con tres hijas y habiéndose mudado para la villa de Zehlendorf, forma parte del Instituto Psicoanalítico de Berlín como analista didacta mientras que a su vez es atendida por Hanns Sachs

Para los años 1926 y 1927 ocurrirían drásticos cambios en su vida. Dada la inestabilidad económica de su familia, la ruptura con Oskar Horney, la situación política en Alemania y su posición ante la escuela freudiana, Karen Horney toma la decisión de aceptar el puesto de directora adjunta en el Instituto Psicoanalítico de Chicago que lideraba Franz Alexander, un antiguo alumno suyo. A un año de vivir en el país norteamericano, se nacionaliza estadounidense, convalida sus estudios médicos y desarrolla la mayoría de sus grandes obras y estudios clínicos, obteniendo un notable reconocimiento y ganando un increíble prestigio e ingresos económicos por medio de sus consultas privadas. Muere el 4 de diciembre de 1952 en la ciudad de Nueva York a causa de un cáncer de pulmón. 

EL ENFOQUE PSICOANALÍTICO SOCIAL DE KAREN HORNEY 

“El concepto de lo normal no solo varía con las distintas culturas, sino también con el tiempo, en idénticas condiciones culturales”. 

(1920-1932) La primera etapa de su obra comprende desde sus estudios en Alemania hasta su partida a EE.UU. En este periodo, comenzó a mostrar ciertas disconformidades con el modelo psicoanalítico clásico, en concreto con las tesis de Sigmund Freud, Karl Abraham y Helene Deutsch. Horney alegó que el psicoanálisis era la creación de un “genio masculino” y que era una corriente que se fundó por medio de una perspectiva fálica. Posteriormente, en su obra En La sexualidad inhibida. Una contribución psicoanalítica al problema de la frigidez (1926-1927) discutió cómo la influencia de los factores culturales —y no biológicos— condicionan las posibilidades de expansión, de desarrollo personal y sexual y determinan las áreas de conflicto tanto de los hombres como de las mujeres. En su libro La desconfianza entre los sexos (1931), luego de estudiar la relación entre la madre y el hijo varón en la primera infancia, concluye que los hombres envidian la capacidad femenina de dar a luz y la posibilidad de amamantar, y en contraposición a Freud, desarrolla la teoría de un complejo de Edipo desexualizado, en el cual los temas centrales son el poder y el amor más que la sexualidad y la culpa. 

“La psicología de la mujer hasta el momento representa en realidad un depósito de los deseos y las decepciones de los hombres”. 

(1932-1941) En la segunda etapa de su obra, Horney precisa que definir lo claramente feminino es imposible debido al papel de la cultura masculina dominante sobre la formación de la psique de la mujer, abandonando así su abordaje al tema de la psicología femenina. En 1937 publica La personalidad neurótica de nuestro tiempo, libro por el cual se le considera parte importante del grupo de psicoanalistas culturalistas a junto a Erich Frommy y Harry Stack Sullivan, por considerar el valor cultural de la neurosis, restarle importancia a las causales biológicas de Freud y por tomar en cuenta las relaciones entre el hombre y la sociedad disminuyendo el valor de la libido y de las pulsiones. En esta misma tesis, Horney rechaza el concepto de la envidia del pene desarrollado por Freud y destaca cómo la relación armónica y bien adaptada entre padres e hijos, determina la personalidad y cumple un rol importante en la manera en que participa un individuo en la sociedad. 

En este mismo periodo, Karen Horney se muestra cada vez más contraria al modelo freudiano, factor que la motiva a renunciar a instituciones psicoanalíticas ya preestablecidas, y a crear el Instituto Norteamericano de Psicoanálisis. En el año 1939 publica El nuevo psicoanálisis, libro en el que desarrolla sus teorías sobre la neurosis y su origen a partir de la angustia y la hostilidad experimentada en el seno de una familia comunmente violenta, y asimismo defiende las relaciones terapeuticas en las que se involucren de manera cuasi-materno/paternal el paciente y el analista, para así facilitar la reconstrucción del alterado self

Debido a los desacuerdos y desencuentros entre las instituciones psicoanalistas freudianas dominantes y sus postulados, Horney se dirigió más hacia la enseñanza y creó posteriormente la Asociación para el Avance (Progreso) del Psicoanálisis (AAP), tampoco reconocida por la Asociación Psicoanalítica Americana (APA), incluso perteneciendo como analistas o como conferencistas figuras de renombre como Erich Fromm, Harry S. Sullivan, Clara Thompson, Margaret Mead, Franz Alexander, Abram Kardiner y Abe Maslow. 

“La racionalización es el autoengaño de la razón”. 

El establecimiento de su propia doctrina, marca su tercera etapa (1942-1952) y la acompaña hasta el final de sus días. Sin importar las turbulencias que quebrantaban su vida personal y profesional, Horney siguió insistiendo en sus teorías sobre la angustia como origen de la neurosis y su repercusión en el desarrollo normal de las aptitudes sociales. Logró también agrupar las diez “necesidades neuróticas” en el carácter del niño, en tres pautas compulsivas: acercarse de manera sumisa, alejarse con desapego o ir en contra de los otros, en forma agresiva. Sugirió soluciones secundarias o auxiliares a los conflictos de las personalidades neuróticas, conocidos como corrección arbitraria, compartimentación, creación de puntos ciegos, cinismo, carácter escurridizo y autocontrol excesivo. La psicoanalista alemana focalizó el conflicto neurótico fundamental en la alienación del yo, es decir, en el distanciamiento personal que tiene su origen en el control de las necesidades neuróticas y las estrategias de afrontamiento, y concluyó que la fuente de todo el crecimiento personal espontáneo dirigido a la salud, la felicidad y el amor genuino por los demás, es el yo real. 

A pesar de sus grandes aportes a la concepción de los individuos neuróticos y a la psicología femenina, fue muchos años después de su muerte que se le reconoció como una pionera de la ruptura del modelo freudiano y como una analista adelantada a su época. Sin embargo, son pocos los estudiantes o investigadores que en los años recientes han tomado en cuenta las ideas de Karen Horney. Aún es una teórica por explorar. Sus lúcidos conceptos sobre la personalidad y el yo imaginario y defensivo, sus precisas descripciones en torno al sufrimiento neurótico junto a su preocupación —quisiéramos llamar feminista— por la orientación masculina de la teoría freudiana, son valiosas contribuciones que esperan en buena medida ser tanto abordados como traducidos en los próximos años.  

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