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Comunicación cotidiana en tiempos críticos

Recomendaciones para comunicarse mejor dentro de contextos hostiles, de parte de la psicólogo social María Elisa Hernández

  • Diario El Universal

25/03/2019 05:05 pm

Hace ya cierto tiempo, en alguno de los tantos episodios de intensa conflictividad que hemos vivido en Venezuela durante lo que va de siglo, un grupo de estudiantes universitarios me pidió orientación para manejar las tensiones que las circunstancias estaban produciendo en las distintas esferas de relación interpersonal. 

Atendiendo a sus inquietudes, hicimos una especie de clase-taller donde recreamos y analizamos situaciones cotidianas relativas a aquel trance específico, recorriendo juntos posibilidades para gestionarlas en favor de la convivencia. 

Una de las ideas centrales que trabajamos en esa experiencia, es que los conflictos son parte de la vida en común y que podemos aprender a verlos como oportunidades para generar cambios positivos en nuestros ámbitos relacionales. Asumir tal enfoque (y aprovecharlo) implica cultivar la flexibilidad de criterio, reflexionar continuamente sobre las opiniones propias y ajenas, valorar el efecto catalizador de las preguntas que nos hacemos tanto a nosotros mismos como a otros y, muy importante, prestar atención a cómo nos comunicamos mediante nuestro lenguaje cotidiano, en cuya diversidad de formas y sentidos se manifiesta nuestro mundo afectivo. 

Todo esto puede ayudarnos a encontrar vías para que, reconociéndonos y respetándonos en nuestras diferencias, seamos capaces de reconstituir nuestros lazos y fortalecernos en ellos. En estas últimas semanas de inéditas y estremecedoras complejidades para los venezolanos, la afectividad en todos sus talantes vuelve a sentirse turbulentamente a flor de piel, agitando una vez más muchos de nuestros vínculos personales. 

Días atrás, estuve recordando el encuentro con aquellos estudiantes y desempolvé unas notas muy básicas que preparé para ellos a propósito de lo que me plantearon. La idea era que además de lo tratado en nuestra reunión, se llevaran una lámina con recomendaciones para comunicarse mejor dentro del contexto de entonces, y que intentaran compartir y practicar con sus allegados lo que de allí les fuera útil. Esas recomendaciones no pretendían ser ninguna receta infalible, sino una guía abierta y adaptable a cualquier tipo de comunicación más allá de la cara a cara, como los chats telefónicos y las redes sociales en general. Luego de mi reciente repaso de esas notas, las envié tal como las tenía guardadas a algunas personas cercanas por si pudieran servirles ahora, de modo parecido a como esperé que funcionaran en la ocasión original. Y de esa difusión informal surge poco después esta publicación. Van aquí entonces: 

1.) Practiquemos siempre la empatía. Saber escuchar e intentar ponernos en el lugar de los demás nos ayudará a comprender a otros y a relacionarnos con tacto y sensatez. 

2.) Examinemos nuestras perspectivas sobre los asuntos de interés común: a qué valores responden, qué favorecen o promueven, qué (o a quién) excluyen, qué dan por sentado. 

3.) Identifiquemos nuestros prejuicios y pongámoslos entre paréntesis para comunicarnos más abierta y respetuosamente. 

 4.) Reflexionemos antes de manifestar lo que sentimos y pensamos. Si describimos en vez de calificar, nos expresaremos de un modo más claro, oportuno y justo. 

5.) Cuidemos nuestro lenguaje corporal, así como nuestro volumen y entonación al hablar. 

6.) Desterremos los comentarios ofensivos y los ataques en cualquier dirección, al igual que el sarcasmo y la burla; el lenguaje agresivo genera atmósferas idem. 

7.) Procuremos que al tratar temas sensibles nuestra participación sea pertinente y constructiva. 

8.) Evitemos el dramatismo o el “modo descarga” al compartir lo que sentimos. Si no estamos expuestos a situaciones concretas de peligro, no abrumemos a nuestros interlocutores más de lo que ya seguramente están por la dura situación que vivimos. 

9.) Aprendamos a reconocer cuándo comenzamos a imponernos como centro de las conversaciones, hablando de cada detalle de nuestra vida cotidiana (y controlémonos, si ese es el caso). La insistencia en “lo que a mí pasa” o “lo que a mí me interesa” puede resultar disruptiva para los demás. 

10.) Dominemos el impulso de divulgar cuanta información nos llegue; podríamos estar multiplicando la confusión y la angustia. Frenemos particularmente los mensajes alarmistas o escandalosos. Si queremos dar información importante o preventiva, asegurémonos de que esté verificada y moderemos la manera de presentarla (preguntémonos siempre qué tan necesario es compartir un determinado mensaje). 

11.) Evitemos en general las actitudes defensivas. Si la opinión de alguien nos incomoda, repliquemos con honestidad y firmeza a la vez que con apertura; una opinión distinta no necesariamente es un ataque hacia nosotros. 

12.) Recordemos que a veces podemos malinterpretar lo dicho por otros. Parafrasear y preguntar si entendimos lo que se quiso decir, no solo ayuda a aclarar situaciones sino que estimula la empatía en los demás (abrimos y cerramos estas recomendaciones con esta palabra clave: empatía; ejercitémosla y fomentémosla en nuestro entorno). 

por
María Elisa Hernández A. 
Psicóloga Social 

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