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ONG Paz Activa: Actuaciones del Estado consolidan legitimación de megabandas en el país

A menor presencia del gobierno, estos grupos adquieren mayor legitimidad, aseguró el sociólogo Luis Cedeño

  • CARLOS D' HOY

30/08/2020 05:39 pm

“Lo ocurrido en la Cota 905 , en reiteradas ocasiones, deja en evidencia la existencia de dos tipos de Estados, el formal y el informal, el segundo formado por los más buscados pranes del país, El Coqui y Wilexis , el primero en la Cota 905 y el segundo en Petare”.

A juicio del sociólogo Luis Cedeño, director Ejecutivo de la Asociación Paz Activa refirió que luego de los acontecimientos registrados en días recientes en la Cota 905, donde delincuentes arremetieron contra organismos de seguridad del Estado.



Cedeño, quien en 2016 realizó una investigación para analizar el comportamiento de las bandas criminales en el país, indicó que desde el año 2016 y hasta ahora, las estructuras delincuenciales, o megabandas, han registrado una significativa evolución y muestra de ello, se evidencia con la cantidad de personas que las conforman.

Explicó que en Venezuela nació la figura del pranato originada en las cárceles y luego se replicó en los barrios porque lo vieron posible. “Cuando el pranato se instauró en los barrios, se consolidó bajo la denominada ‘Política de Paz’, que le confirió a las bandas el poder en los barrios bajo la modalidad de la política de entendimiento, una semilla que originó la permisividad para que las bandas evolucionaran”, dijo Cedeño.

Esta política de entendimiento se creó bajo el principio tratar de reducir la violencia en barrios denominados, un acuerdo extraoficial permitió el nacimiento de las llamadas “Zonas de Paz”, que aunque no son reconocidas oficialmente por el Estado, cuentan con su reconocimiento extraoficial y muestra de ello es lo ocurrido en la Cota 905.

“Para el Estado, el objetivo era bajar las estadísticas de homicidios, como consecuencia de enfrentamientos entre bandas. Para ellos, esto era posible solo si se negociaba con los delincuentes y se establecían treguas entre ellos, el resultado: las bandas se consolidaron bajo la figura de la negociación entre delincuentes, así nacieron bandas más fuertes”, dijo Cedeño.

Acotó que lo mismo pasó con los colectivos armados: los primeros fueron policías desmovilizados , algunos con ficha delictiva o de la extinta Policía Metropolitana, luego colectivos y bandas mantuvieron negociaciones con el Estado y ahora es muy difícil para el Estado eliminar esos pactos”.

Bandas con estructura militar

Las megabandas criminales copiaron la jerarquía militar para delinquir, con una estructura lineal que ha demostrado ser eficiente, además cuentan con mujeres y niños a quienes se les atribuyen responsabilidades y de esa forma se divide el trabajo.

“La megabandas se organizan de forma jerarquizada bajo un esquema piramidal, no supera los 200 o 300 hombres , cantidad similar al esquema de un batallón militar y, además esa cantidad corresponde al número de personas que un líder como Coquy o Wilexis puede conocer y tratar en persona”.
Aseveró: “ahora el Estado no puede penetrar y pretenden negociar con ellas. Lo que pasó en la Cota 905, rodeada además por sedes policiales, comisarías y por la Comandancia de la Guardia Nacional, ponen en evidencia que el Estado pretende ahora dominar bajo la política de mano suave.

Agregó que es necesario preguntarse “¿qué pasa entonces con la Fuerza de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana, cuerpo policial muy cuestionado y con múltiples denuncias de violaciones de Derechos Humanos, pero que no aplica sus métodos contra estos grupos irregulares que tienen una demostrada fuerza de impacto? En este aspecto se deja ver que la FAES no cumplió con su labor en contrarrestar a estas bandas”, cuestionó.

Cedeño presume que el temor del Estado es que se genere una confrontación con estos microestados donde Coqui o Wilexis manejan el monopolio de la violencia. “Tienen un pequeño país y los cuerpos de seguridad no pueden entrar. Y hay que preguntarse ¿por qué no pueden entrar?”, apuntó.

“Vemos como esa pequeña banda de barrio – que antes estaba conformada por 7 u 8 personas, se dedicaba al hurto, robo y microtráfico de drogas-, se le suman otros 20 grupos y son ya 200 personas, grupos muy poderosos con capacidad de fuego y de control en sus barrios, es por eso que en todo sector popular vamos a tener presencia de una mega banda”, aclaró Cedeño.

No hay tráfico de armas, solo desvío de las FANB al hampa

Según Cedeño, en Venezuela no existe el tráfico de armas. “Estos delincuentes no las traen del exterior, no las negocian con un tercero desde afuera, no es un tema de que alguien se las vendió. Aquí lo que sucede es que existe una transferencia directa de armas orgánicas, armas de guerra, desde el propio Estado bajo la corrupción, arsenales de las Fuerzas Armadas, como se ha visto en grupos irregulares. A estos delincuentes les falta un helicóptero o un tanque de guerra y no estarían muy lejos de lograrlo si esto sigue así”, dijo.

Mientras más se consoliden las megabandas más difícil será combatirlas

“En las medida que permitamos que consoliden su poder, ellos notarán que el Estado tiene menos presencia, y por ende adquirirán más legitimidad y al estado se le hará difícil entrar en esas comunidades”.

“El Estado no otorga los mismos beneficios que las megabandas ofrecen en sus comunidades. Y si la comunidad los denuncia, el estado no los puede proteger. Recordemos que los líderes de bandas son jueces: ellos resuelven a su manera los problemas dentro de las comunidades y la gente los ve como sus justicieros. Mientras más poder obtienen, el Estado va disminuyendo su influencia y será difícil que desaparezcan”, finalizó el sociólogo.
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