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Haciendo que las cosas sucedan

La UCAB, UNIMET, Fundación Neumann, IPB y Asociados, CORDIPLAN, el Ministerio de Sanidad y el de Relaciones Interiores son las instituciones donde desarrolló su carrera Rosalind Greaves de Pulido

  • Diario El Universal

24/07/2020 09:11 pm

CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

La conozco muy bien, porque es mi cuñada. En inglés le dirían “workaholic”, adicta al trabajo. Ha dado lo mejor de sí en cada empleo que ha tenido. Estudió Sociología porque le interesaba el ser humano, y usó su profesión como arma para impulsar su desarrollo. Tuvo una carrera impecable en todos los cargos que detentó, algo de lo que no pueden ufanarse muchas personas, sobre todo las que han hecho carrera en la administración pública. La veían como rara avis cuando devolvía lo que le sobraba de los viáticos de los viajes oficiales. Independiente, inteligente, tenaz. El tema de la responsabilidad social ha sido la columna vertebral de su desempeño. Ahora sabe que el argumento de “tiempo de calidad” de las madres profesionales no es totalmente cierto, pero puede mirar hacia atrás con satisfacción, pues sus hijos son exitosos. Profesora durante casi tres décadas, es querida y respetada por quienes tuvieron la suerte de ser sus alumnos.

Rosalind Greaves de Pulido, su hijo Germán Antonio Pulido y su nieto Aaron  FOTOS CORTESÍA

-Perteneces a una generación “intermedia” entre las mujeres sometidas y las mujeres liberadas. ¿Dé donde te vino esa vena de independencia?
-Creo que son múltiples razones. Desde luego mi propio temperamento que tiende a no ser dependiente, pero luego las culturas familiares de mis padres y las experiencias durante mi adolescencia y primera juventud. Mi padre era proveniente de las Antillas Inglesas y por tanto de cultura sajona, en general bastante más liberal que las culturas latinas. Mi madre, de familia venezolana guayanesa, recibió la mayor influencia de su mamá, mi abuela, que había vivido y estudiado buena parte de su adolescencia y juventud en París y defendía a sus tres hijos, sobre todo a las niñas, de los arranques excesivamente conservadores de mi abuelo, quien era un ejemplo puro de machismo criollo.

La infancia de mi mamá transcurrió entre Ciudad Bolívar, Trinidad (donde sus abuelos tenían una casa) y Europa. Comparada ella con la mayoría de mujeres de su generación, tenía perspectivas más abiertas. Es indudable que deben haber operado los mecanismos de identificación y la imitación.

En mí influyeron también los viajes realizados con mis padres dentro de Venezuela y a Europa. Los estudios de parte del bachillerato en España, en Barcelona en un colegio Marymount de monjas norteamericanas, nada que ver con monjas venezolanas y españolas, y luego el postgrado realizado en Francia.

No me casé muy joven, como la mayoría de las compañeras de mi generación, lo que dio lugar a que tuviera la oportunidad de trabajar, asumir responsabilidades y ser bastante independiente. Luego tuve la suerte de encontrarme con quién fue mi esposo, Germán Pulido Santana, quien en ningún momento me limitó, sino todo lo contrario.

-¿Por qué estudiaste Sociología?
-Al terminar el bachillerato yo estaba entre estudiar Filosofía, Psicología y Sociología.

Me interesaba mucho el mundo de las ideas, sin embargo, me preguntaba cómo podría subsistir con la carrera de Filosofía. Pensé, con una perspectiva bastante estrecha, que sólo podría ser docente de esa disciplina y eso no me atrajo. Luego entre Psicología y Sociología, simplifiqué el asunto planteándome si me interesaba más el hombre sólo (Psicología) o los grupos humanos (Sociología) y eso escogí, pero luego terminé estudiando el postgrado en Francia en Psicología Social y dando clases de esa materia en la UCAB durante 18 años.

A medida que estudiaba la carrera y fruto de diversas experiencias formativas, percibí el papel que podría jugar la sociología como instrumento para entender las sociedades y sobre todo los mecanismos mediante los cuales operan los cambios sociales. Trabajos y estudios de campo que nos exigieron hacer tanto en el interior del país como en los barrios de Caracas me fueron sensibilizando acerca de las condiciones de vida de una gran parte de los venezolanos y la necesidad de contribuir en lograr mayor equidad y justicia social. También allí me enamoré de Venezuela.

En la formación en valores tuvieron importante papel mis padres, sobre todo mi papá con la importancia concedida a la honestidad, a la consideración y el respeto por los otros y mi mamá, que ayudaba a personas de menores recursos. Esos fueron mensajes indelebles que unidos a tres profesores universitarios reforzaron lo mismo.

El primero de estos profesores fueron el Dr. Arístides Calvani, fundador de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello donde cursé Sociología; pero también fundador, entre otras obras, del IFEDEC, Centro de Formación Social Cristiana para líderes de toda América Latina.

El segundo fue el padre Manuel Aguirre Elorriaga, sacerdote jesuita, que tuvo un muy importante papel en Venezuela en la creación de diversas instituciones y en la formación de jóvenes lideres mediante los Cursillos de Capacitación Social, que tenían una duración de una semana (internos) y se realizaban en sitios fuera de Caracas con asistencia de muchachos y muchachas. Terminé siendo instructora en esos cursillos en la materia Familia. El padre Aguirre, al que llamábamos “tirano Aguirre” fue fundador también del Centro Gumilla y de la revista SIC.

De esas influencias surgió mi interés por la política. Empecé por ser representante de curso para luego competir en las elecciones universitarias y posteriormente tomar papel activo en Copei, aun cuando nunca quise inscribirme en el partido para poder conservar independencia de criterios.

Mi trabajo político fue principalmente de índole técnico y profesional, en la elaboración de los Planes de Gobierno de Copei en materia de Juventud y Familia.

Varios años después, las circunstancias me llevaron a ser elegida Diputada en el Parlamento Latinoamericano por Proyecto Venezuela, eso fue el periodo justamente anterior al triunfo de Hugo Chávez en 1998.

Otra influencia formativa la tuvo la profesora Jeannette Abouhamad. De ella aprendí la importancia de la teoría como elemento orientador para la investigación y la explicación de fenómenos sociales y la importancia del rigor científico. Con ella coincidí en París cuando ambas hacíamos nuestros doctorados.

Yo, sin embargo, no llegué a terminar mi tesis, que trataba sobre las necesidades y aspiraciones de los obreros venezolanos, debido a que al poco tiempo de regresar a Venezuela ganó las elecciones presidenciales de 1968 el Dr. Rafael Caldera y se me presentó la oportunidad de trabajar en CORDIPLAN, en el Programa Nacional de Desarrollo de la Comunidad y en Promoción Popular. Allí tuve la oportunidad de viajar al interior y apreciar las condiciones del país para la época.

Luego asumí el cargo de directora de Bienestar Social en el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social donde fui la primera mujer, no médico, en tener un cargo de directora. Me dediqué en alma y corazón a mi trabajo: fue un reto, quería hacerlo de la mejor manera y eso significó dedicación exclusiva. Luego me enamoré y me casé y la tesis quedó en el tintero… es de las cosas que en cierta forma me he arrepentido.


Con su esposo Germán Pulido Santana y sus hijos María Paula y Germán Antonio   FOTO CORTESÍA

-Tuviste una carrera siempre ascendente. No fuiste ministra, aunque muchos pensaban que lo serías. ¿Fue porque no quisiste?
-No fui ministra porque no me lo plantearon. En un momento dado Charles Brewer se empeñó en que lo acompañara como vice-ministra de Juventud, pero no quise.

Las razones fueron dos. En primer lugar, apenas tenía un año en FUNDASOCIAL en calidad de Directora Ejecutiva. Esta fundación dependía del Ministerio de Relaciones Interiores y su objetivo era la atención de emergencias nacionales, así como las ayudas internacionales en casos de calamidades y la formación de personal en el área de Defensa y Protección Civil.

Me había involucrado mucho y tenía un muy buen equipo de expertos en el área y asesores en planificación para la prevención y atención de desastres. Además, teníamos el proyecto de crear una Escuela de Defensa Civil y estaba entusiasmada con eso.

La otra razón es que en esos cargos se presentan muchas presiones de índole políticas, para hacer todo tipo de favores, ya sea para incorporar en nómina a personas que con frecuencia no tienen los conocimientos y experiencia requeridos para los cargos, o para proteger situaciones poco claras y no deseaba lidiar con eso, como ya lo había tenido que hacer en Cordiplan, a nivel de las oficinas estatales del Programa; y también en el Ministerio de Sanidad donde tuve la fama de ser muy apretada y devolvía los viáticos que me sobraban lo que invariablemente creaba dificultades administrativas.

Siento que en los 43 años de ejercicio profesional tuve experiencias muy variadas, en las directivas de varias ONGs entre ellas en el Banco de Libro. Tres periodos de trabajo en el sector público, un tiempo muy cercana al sector empresarial como directora de la Fundacion Neumann, y presidente de IPB y Asociados, firma consultora en materia social que hacía investigaciones y proyectos tanto para el sector público como privado. Esta firma la compartía con Mercedes Pulido de Briceño y Maritza Izaguirre, quienes luego asumieron cargos de ministras.

La otra experiencia profesional fue mi vinculación con el mundo académico. Primero, con la Universidad Católica Andrés Bello, donde dicté clases a tiempo convencional; y luego en la Universidad Metropolitana, donde tuve varios cargos directivos y como docente durante 23 años.

Rosalind Greaves de Pulido con su marido Germán Pulido Santana (fallecido) y sus hijos María Paula y Germán Antonio Pulido Greaves   FOTO CORTESÍA

-¿Te arrepientes de no haber pasado más tiempo en casa con tu marido y tus hijos?
-Sí y no. Me explico: sí, porque es cierto que pasé menos tiempo del que hubiese sido deseable, sobre todo con mis hijos. Hay que reconocer que lo del “tiempo de calidad”, que es uno de los argumentos de muchas madres profesionales, no es totalmente cierto, ya que, llegado un cierto momento, si el tiempo de dedicación es muy corto, la calidad se afecta. De lunes a viernes, yo trabajaba mucho, pero dedicaba totalmente los fines de semana a mi familia, así como las vacaciones en las que íbamos a la playa, y cuando los hijos se hicieron más grandes, hicimos algunos viajes dentro de Venezuela y alguna que otra vez fuera del país.

Mi hija María Paula nunca se quejó de chiquita, ella es más reservada; sin embargo, hace pocos días, al ver que yo no reconocía una imagen de la serie animada Heidi, me comentó “Mamá, claro que no la reconociste porque tú nunca veías las comiquitas con nosotros”. 
 
Mi hijo Germán Antonio, más espontáneo, cuando tenía unos 8 años me dijo ”¿Mamá , por qué tú no eres ama de casa?”... Yo le contesté “claro que soy ama de casa, ¿qué quieres decir?” y me respondió “es que tú no eres como Lourdes”. Lourdes era la mamá de dos compañeritos, ella no trabajaba y pasaba la tarde jugando con sus hijos, haciendo galletas y supervisando tareas.

Tengo que decir que mi esposo y yo tuvimos la suerte de que mis hijos siempre hicieron solos sus tareas y que solo recurrían a nosotros cuando tenían dificultades. Ambos hijos fueron muy buenos estudiantes. También mis padres, que vivían al lado, fueron de gran apoyo lo cual me daba mucha tranquilidad.

Por otro lado no me arrepiento debido a que no hubiese podido hacer las cosas de otra manera. No hubiese sido yo misma. La vida profesional era importante para mi, estudié una carrera y tuve una formación donde la responsabilidad social representaba un importante valor, donde poner sus capacidades al servicio de otros y del país es algo casi obligatorio. Creo firmemente en el papel que tenemos como ciudadanos y en la contribución que todos debemos dar en la consecución del bien común. En cada uno de los cargos y trabajos me involucré y me esmeré en hacerlo lo mejor posible, y recibí muchas satisfacciones. Ademas el ingreso que supuso mi trabajo contribuyo a mejores oportunidades para mis hijos.

Rosalind Greaves de Pulido y su nieto Elías Aiden Pulido   FOTO CORTESÍA

-Siempre has tenido un buen ojo para ver las cosas no sólo en perspectiva, sino en prospectiva... ¿cómo ves a Venezuela en el corto plazo?
-Las cosas las veo mal a corto plazo. El gobierno, a pesar de las sanciones y de la postura de más de 50 países que apoyan al Gobierno Interino, se siente fuerte, no sólo por contar con las armas, sino porque el adversario se percibe a sí mismo debilitado. Su estrategia de destruir los partidos políticos ha tenido éxito, además ha favorecido la desunión entre los diversos componentes de la oposición. Han logrado dividir la oposición, que una vez estuvo unida monolíticamente, y por eso tuvo victorias.

Actualmente la oposición se observa confundida sin una estrategia consensuada, los ciudadanos nos sentimos huérfanos y sin saber qué hacer frente a un mandato constitucional de realizar elecciones parlamentarias en solo 6 meses sin las condiciones y garantías necesarias. El dilema que se observa en todas las redes y en innumerables foros por internet es “Votar o no Votar”.

Que se tenga ahora esa duda es señal de la tremenda crisis por la que atraviesa el país, sobre todo si se toma en cuenta que durante aproximadamente 55 años (contando los 40 de la República Civil y unos 15 de los gobiernos de Chávez y Maduro), los ciudadanos se acostumbraron a que sus dilemas políticos y sociales se dirimían mediante el voto.

Estamos confrontados con una situación inédita, donde se plantean dilemas éticos y legales, así como pragmáticos. Entramos en un terreno que no conocemos, donde no tenemos guía ni fórmulas seguras. En este momento parece que hay tantas razones convenientes para votar, como para no votar.

Es imposible predecir a corto plazo qué va a suceder. El punto definitorio posiblemente sea si se logra o no algún acuerdo entre gobierno y oposición para disponer de unas condiciones aceptables y justas para ir a votar, aunque está claro que en una dictadura nunca se van a tener las condiciones ideales. Desde mi punto de vista, y siendo que absolutamente todo es ilegal a partir de las elecciones fraudulentas de Maduro, el enfoque que debe guiar las decisiones debería ser pragmático. Sobre todo considerar el sufrimiento de las grandes mayorías y la enorme violación de sus derechos que supone la continuación de esta situación.

Pienso que los próximos dos meses son cruciales pero el resultado es incierto. Para tener la fuerza para negociar condiciones con alguna posibilidad de éxito, el elemento indispensable es la unión de la oposición, y esa no está dada. Pareciera que se anteponen otros intereses distintos al bienestar de la población y a la posibilidad de un futuro en democracia.

En forma realista, aun cuando se logre un cambio de régimen, alcanzar una verdadera democratización está lejos. Se tratará de un proceso lento de “des-aprendizaje” y “re-aprendizaje”. A las falencias que ya teníamos como sociedad se unen la pérdida, o mas bien, la sustitución de valores por unos disfuncionales respecto a un sistema democrático. Me refiero al individualismo, al materialismo exacerbado, a la falta de honestidad y corrupción, al “pájaro bravismo”, al deterioro del lenguaje. Todo revela la falta profunda de respeto por los otros cuando tienen posturas diferentes a las nuestras, a la intolerancia frente a las diferencias, al no acatamiento de normas, en fin, a la anomia en que vivimos.

Todo lo anterior hay que construirlo para que la democracia tenga bases firmes y permanezca. Con todo, la pre-condición para que cualquier postura que adopte la oposición sea exitosa, es la construcción de una fuerte alianza entre partidos y los diversos componentes de la sociedad civil, el establecimiento de una sola estrategia, discutida previamente con los países que apoyan la democracia. También hace falta diseñar una propuesta atractiva pero realista, una imagen de futuro para la población y transformarla en mensajes comprensibles para todos.

Ha estado sumando opiniones favorables sobre la posibilidad de repetir la experiencia exitosísima del 16 de julio de 2017. Eso tendría la ventaja de que la sociedad venezolana se expresara libremente, se mostrara a sí misma y al resto del mundo lo que realmente deseamos, libertad, justicia social y democracia como sistema para desarrollar al país, vivir reconciliados y en paz.

-¿Qué consejo le darías a un alumno tuyo hoy que no le diste a un alumno en el pasado?
-Le daría ahora el mismo consejo que les daba en el pasado: el estudio de una carrera supone una responsabilidad que se adquiere con esos “talentos” que se han recibido. Los talentos son para utilizarlos para el bien propio, de la familia y de la sociedad. Es indudable que todos tenemos un deber con el país donde nacimos crecimos, y donde adquirimos las competencias que ahora tenemos, sin embargo, cada vez más en un mundo globalizado, se puede ser útil a la sociedad, y en términos más amplios, a la humanidad, desde cualquier sitio. Estando fuera de Venezuela también se puede favorecer al país de muchas maneras.

Reconozco que ahora las perspectivas para un joven no son tan claras como lo eran hace unos años. Que la lucha es más dura y es comprensible que algunos deseen irse buscando horizontes más amplios, quizás más fáciles ... pero es que sostengo firmemente que aquí también hay oportunidades de progreso y de destacarse en diferentes campos.

Hay que ser proactivo, emprendedor y persistente, las oportunidades aparecen o se las crea uno mismo. En ese sentido, la mayoría de las universidades hacen énfasis en la formación de capacidades emprendedoras en los jóvenes.

Venezuela ha sido siempre, y continuará siendo, un país de oportunidades, con recursos naturales envidiables y una población que, mejorando su salud y educación, constituye un importante capital humano para asegurar cambios favorables y desarrollo sustentable.

A aquellos que sean proactivos, un poco aventureros, capaces de asumir riesgos calculados, les digo que es justamente el momento para explorar nuevas vías, nuevas alternativas creativas en Venezuela.

Son decisiones difíciles de tomar para un joven con poca experiencia vital. Para tomar una decisión le aconsejaría que ante todo se observara a sí mismo, analizara y sopesara objetivamente sus intereses, capacidades, habilidades y conocimientos, se estableciera algunas metas a lograr, y evaluara sus opciones dentro del país y fuera; y sobre todo, ponderara la posibilidad de cumplir un papel de alguna significación en el medio donde esté, donde pueda hacer la diferencia. No se debe pasar por la vida sin dejar algo positivo detrás de si.

Venezuela es hoy día un tremendo reto, a los jóvenes en general les gustan los retos y no hay mejor sensación de satisfacción que cuando uno puede sentirse colaborador y constructor de un mundo mejor.

-¿Qué significa Vanezuela para Rosalind Greaves de Pulido?
-Es mi casa. Es el país que me brindó múltiples oportunidades para mi desarrollo personal y profesional, donde tuve la dicha de conocer a mi esposo y formar una familia. Es el sitio en donde he sido feliz.

Es un país bello con una población donde hay mucho que hacer y lograr. Es quizás uno de los países con mayores perspectivas futuras, y en el que vale la pena invertir trabajo y esfuerzo.

Para terminar cito un pensamiento de Nicholas M. Butler, que en mi experiencia es cierto: “Hay tres tipos de personas: las que hacen que las cosas sucedan; las que observan las cosas suceder, y aquellos que se preguntan ¿qué sucedió?”

Venezuela requiere de los primeros, de los que hacen que las cosas sucedan.


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