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En la cima del cielo

Unos cuantos huesos fracturados ha sido el saldo de la historia de Jymmy Marull con el vuelo. Por lo demás, se siente satisfecho de haber podido hacer lo que ama

  • Diario El Universal

21/03/2020 04:33 pm

CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

“Unos cuantos huesos fracturados ha sido el saldo de su historia con el vuelo. Por lo demás, se siente satisfecho de haber podido hacer lo que ama. Atravesó volando la caverna del Autana y quiere volver a hacerlo. Mientras ese día llega, disfruta la experiencia de volar en globo”.

A Jimmy Marull lo llevó su papá a volar en un avión cuando apenas tenía tres años. Desde ese momento supo que no quería hacer otra cosa en su vida que volar. Ha volado cuanto artefacto con alas existe, pero cuando descubrió el globo aerostático se quedó con él. Nada iguala el silencio y la paz que se siente viajando en uno, aunado a la aventura de no saber adónde lo llevará el viento.

En 1987 alcanzó un récord Guinness por atravesar en un ultraliviano la caverna que tiene el tepuy Autana en su parte alta, cerca de la cima. Su determinación –y por supuesto, algo de adrenalina- lo ayudaron a salir airoso de una prueba que nadie más ha intentado. 33 años después, recuerda con felicidad su hazaña y sigue recorriendo en globo nuestra geografía.

-La pasión por volar, en tu caso, comenzó a los 3 años. ¿Ha seguido en ascenso o ha disminuido en algún momento?
-El vuelo es una actividad profesional. Muy seria y exigente. No sabría decirte en qué momento lo convertí en Pasión (así, en mayúscula), pero sucedió, desde el momento cuando cada vuelo se convirtió en un reto, un desafío y una conquista en cada aterrizaje. Al principio, con el vuelo libre o ícaros tuve malos aterrizajes y mucha frustración al ver que la naturaleza y el viento me cambiaban los planes, a veces con fractura de uno que otro hueso. Entonces nació la pregunta: “¿por qué hago esto?” La respuesta era simple: me gustó volar y la posibilidad de fracturarme algo al intentar aterrizar ya no era importante. Volar era lo importante. Al igual que un músico que ensaya muchas horas una pieza, yo pasé muchas horas de mi vida aprendiendo a volar. Me hice piloto comercial de aviones mientras jugaba con otras posibilidades como los ultralivianos y parapentes. En 1980 aparecieron los globos aerostáticos en mi vida y no tuve más remedio que aceptar que volar se había convertido en mi pasión. Es una fiebre que no ha dejado de latir y no ha disminuido nunca. Es Incurable.


-Saint Exupèry escribió sobre los vuelos solitarios y nocturnos. ¿Cómo ha sido tu experiencia en esos tipos de vuelo?
-Todo lo que vuela es un encuentro consigo mismo. Saint Exupéry lo entendió desde el principio y logró ponerlo en palabras como herencia para todos nosotros los pajarracos voladores. En mi vida como aviador he tenido cientos de vuelos solitarios que han enriquecido mi espíritu y lo más difícil siempre fue enfrentar la soledad y la oscuridad en el aire. Sólo así es posible entender el riesgo que significa no respetar el vuelo y las consecuencias de cualquier error humano por fatiga, negligencia o falta de conocimientos para enfrentar el peligro.


-La experiencia de cruzar el tepuy Autana. Cuéntame del plan, del tiempo que tomó tener todo a punto. ¿Sentiste miedo? ¿En algún momento pensaste en desistir?
-El Autana fue y será mi gran amor. Desde que vi el tepuy con la perfecta forma de un gigantesco árbol, al acercarme a sus paredes, me deslumbró con su majestuosa caverna, cerca de la cima. Fue demasiado. Desde el primer día comencé a soñar con atravesarla volando. Intenté conseguir patrocinio, aunque fuera sólo para un seguro de vida.

Pasaron dos largos años tocando puertas que se cerraron en mi nariz. No lo logré y tuve que enfrentar una dura decisión: asumir el reto o abandonar esa locura. Pero nunca pensé en rendirme. Jorge Délano lo sabía y me llevó hasta el Autana con mi avión desarmado en una expedición para volar en globo. Al final tuve una única oportunidad de despegar del río y enfrentarme al tepuy con un viejo y modificado ultraliviano. ¿Miedo? ¡Sí! Espoleado por la adrenalina y mi determinación. Así me lancé a cruzar las entrañas de ese lugar sagrado y los dioses del Autana bendijeron mi vuelo. Después supe que tenía un 70% de posibilidades en mi contra y creo que lo mejor que hecho en mi vida fue concentrarme en el 30% restante.


-¿Haber estado tan cerca del cielo toda tu vida te ha vuelto más espiritual? ¿Tiene que ver con haber escogido como nave el globo?
-Tuve la suerte de conocer aviadores/escritores como Richard Bach y Neil Armstrong. Llevé a volar sobre Caracas a Bertrand Piccard, el piloto suizo que dio la vuelta al mundo en globo. Lo más interesante fue compartir con ellos su visión del vuelo y la espiritualidad. Al alejarnos de la seguridad del suelo y ponernos literalmente en las manos de Dios, sabemos que hay un Ser Superior y que Él también vuela. Tienes razón al pensar que de alguna manera volar en globo tiene un toque de magia. Es viajar con el viento, con la naturaleza “donde nos lleve el viento” significa descubrir nuevas rutas y tener que aterrizar donde no lo habías planeado. Es dejarse llevar, como en la vida.

-¿Alguna vez deseaste hacer otra cosa?
-Tengo varias profesiones: soy cineasta, fotógrafo, conferencista e instructor de vuelo. Nunca pensé hacer otra cosa que volar.

-¿Qué significa Venezuela para Jimmy Marull?
-He viajado mucho. Conozco países increíbles y gente maravillosa. Venezuela es para mí todo eso en un solo lugar. Venezuela es un continente en miniatura. La gente más noble y paciente que he visto está aquí. Todos los escenarios, todos los climas, encima de todo, una naturaleza exuberante y única que sólo es posible en esta Tierra de Gracia.




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