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Señoras y señores: Madame Glamour

Le tiene terror a la hipocresía y a los halagos. Mayte Navarro es lectora empedernida y viajera impenitente, vuelca sus conocimientos en la prensa escrita y desde hace once años, también por la radio

  • Diario El Universal

07/12/2019 10:05 pm

CAROLINA JAIMES BRANGER
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Es distinguida, sobria y muy inteligente. Periodista por amor a la historia y a la cultura. Tiene un espacio en mi programa del Circuito Éxitos todos los sábados donde su "recreíto", como ella lo llama, es la sección más esperada, pues por espacio de diez minutos tiene la virtud de sacarnos de nuestra realidad y llevarnos a otros espacios, mejores o peores, pero distintos. Educada bajo estrictas premisas de disciplina, honestidad y discreción, Madame Glamour se ha ganado por mérito propio un espacio en el corazón de sus radioescuchas.


Al Taj Mahal siempre se desea regresar  FOTO COLECCIÓN PERSONAL

-Tuviste la oportunidad de viajar desde joven. ¿Cómo comparabas los lugares que conocías con la Venezuela de aquella época?
-Los viajes siempre los consideré como una oportunidad para crecer. Más que comparar los lugares con mi país, me dedicaba a descubrir los sitios emblemáticos. Conocer su gente.

Los primeros viajes creo que son como un entrenamiento, porque te dan una idea general de los lugares. Cuando regresas a esa misma ciudad o pueblo, entonces comienzas el verdadero conocimiento, porque ya sabes como ubicarte. Siempre consideré que a Caracas le faltaban museos, pues me encantaba y me sigue gustando ir a esos otros centros que si bien albergan arte, también te narran la vida de la gente. El Museo de Nissim de Camondo en París y el de Gulbenkian en Lisboa, son ejemplo del arte vinculado a la vida de alguien.

Recuerdo mi primer recorrido por el Museo del Prado. En esa época, cuando estudiaba Historia del Arte, me cautivó el trabajo de El Greco. Repetía mil veces su nombre, Doménikos Theotokópoulos, para que no se me olvidara. Al llegar a la sala dedicada a este artista, creo que fui presa del síndrome de Stendhal. No podía creer que estaba en frente de uno de las obras del pintor que admiraba a través de las imágenes de un libro, las obras de la que hablaba la profesora. Esas imágenes alargadas que ella decía eran producto de su mala visión y yo me negaba a creer que ésa fuese la causa de esas hermosas y conmovedoras figuras. Iba de un cuadro a otro y volvía a regresar.

En una gran ciudad como Nueva York, sentía que Caracas era algo pueblerina, pues su oferta cultural no guardaba las mismas dimensiones.

Sin embargo, aunque teníamos un pequeño aeropuerto, que casi parecía de juguete, estar allí te producía felicidad porque sabías que al subir al avión tendrías muchas cosas que conocer, que recorrer y, después, regresar.

En Machu Picchu, en busca de nuestro pasado  FOTO ALBERTO VELOZ

-¿Qué fue lo más importante que aprendiste en tu casa?

.Creo que la disciplina y la honestidad. Desde pequeña me decían que nada es gratis en la vida, que tenías que trabajar para lograr las cosas. Mis padres eran exigentes. Una boleta con 17 no era motivo de orgullo, pues me decían que no podía conformarme con eso, que debía trabajar más para lograr las máximas notas.

En la secundaria fue igual. Me repetían una y mil veces: tu responsabilidad es estudiar y pasar al otro curso. Tú sabes qué debes hacer para lograrlo. Sólo tú puedes hacerlo. Nunca tuve profesores particulares. Así que sola tenía que vencer mis dudas y luchar para alcanzar una buena nota. Ésa era la única manera. Para ello tenía que ser disciplinada.

La honestidad siempre fue una bandera en mi casa. No había posibilidad de hacer trampas para lograr algo. Recuerdo que estando en primer grado llegué con un sacapuntas diferente al mío. Era uno de metal con dos orificios para lápices diferentes. El mío era normal, con un solo tamaño. Mi mamá me preguntó que de dónde lo había sacado y le respondí que era un cambio que había hecho con una de mis compañeras. Esa noche no pude usar el sacapuntas y la mañana siguiente estaba devolviéndolo a su dueña originaria. Eso me enseñó a no desear los objetos de los demás. Si los quiero, debo trabajar para ello.

Quizás mi discreción sea otra conducta aprendida en casa, donde detestaban lo avasallante. Y si la honestidad era una bandera, la hipocresía no tenía cabida. "Si algo no te gusta, retírate a tiempo", decía mi abuela materna.

Mi casa era un lugar de mujeres. El único hombre fue mi papá. Ese hecho me marcó porque nunca he sentido la superioridad de ningún hombre por el sólo hecho de serlo. Puede haber admiración hacia un hombre por lo que ha hecho pero no sentir que lo hizo porque era un macho.

La otra cosa que aprendí en mi casa fue ser anticomunista. Mi abuela, que era una católica practicante, todas las noche nos hacía rezar para que nunca el comunismo se apoderara de Venezuela. También nos contaba los terrores que se sucedían en las naciones que se encontraban tras el “telón de acero”.

Alberto Veloz Guzmán, el tenor Juan Diego Flórez y Mayte Navarro
-¿La Comunicación Social fue una vocación determinante o pensaste estudiar otra cosa?

-A medida que uno va creciendo vas cambiando. En tercer grado decía que iba a ser bióloga marina, porque siempre me ha encantado las ciencias que tienen que ver con la vida de cualquier ser. Además, me parecía que el mundo submarino era como una caja de sorpresas y las fotografías que veía en los libros me encantaban.

Ya en cuarto grado comencé a escribir en la revista del colegio. Yo estudié en el Politécnico y allí se impartía una verdadera educación integral. Recuerdo que más de una vez se publicaron mis narraciones. En ese tiempo eran composiciones.

A esto habría que sumar la presencia de los periódicos. Yo podría decir que aprendí a leer con El Universal, que no faltaba en casa, así como La Religión. Los domingos se sumaba El Nacional.

Abundaban las revistas. Además de las venezolanas: Elite, Momento, Páginas, Kena y Resumen, también se compraban unas que llegaban de México y España. Hola y Vanidades eran infaltables. Quizás allí nació mi deseo de ser periodistas, mi admiración por la moda y el placer de ver la vida de los demás a través de las reseñas sociales.

Leer a Oriana Fallaci fue algo decisivo para estudiar periodismo. En sus escritos hay mucha pasión.


-¿Cuándo y por qué escogiste dedicarte al periodismo de sociales, noticias de la realeza y la farándula?

-No puedo decir que la farándula esté dentro de mi trabajo periodístico y nunca lo he ejercido. No voy más allá de la curiosidad de conocer un acontecimiento determinado por un artista que me guste. Indago más cuando se trata de un gran director o un cantante prominente, pero no voy más allá de satisfacer mi curiosidad.

Sociales quizás surgió porque siento que es contar relatos de la vida de alguien y como me encantan las biografías y la narración de los hechos, creo que se vinculan. Por otra parte lo cultural está tan relacionado con la vida social, que creo que es otra manera de narrar la cultura. Me encanta cubrir el estreno de una obra, para ver quienes van, oír sus comentarios. Es ser un poco voyeur, meterte en la vida del otro, aunque pienso que está esa delicada línea que no debes pasar y es la que te lleva a la intimidad. Ese es un mundo que se debe respetar.

La realeza siempre me ha encantado porque no es más que el espejo de una sociedad. Lo que pasa en un palacio también sucede en una casa sencilla. Todos los seres humanos podemos ser víctimas de la envidia, de la intriga y también abrazar el heroísmo. La historia está llena de ejemplos. Por eso me gusta estudiar las casas reales. Comparar los personajes de hoy con los de ayer. Cuando algunos se escandalizan con lo que sucede hoy en una casa real, basta leer la historia para encontrarnos con sucesos mucho más graves. 

Con el bailarín Julio Bocca

-Sin duda eres una mujer sofisticada. ¿Cuál es tu concepto de la elegancia?

-Creo que la elegancia es ser tú mismo. No imitar a nadie. No ser esclavo de la moda. Una mujer o un hombre elegante no sólo lo es por tener un traje costoso de la última colección. Ser elegante es saber estar. Es saber convivir con los demás y no dejarte llevar por los gustos de las mayorías.

-Madame Glamour ha sido un verdadero hit en la radio de los fines de semana. La gente te espera con ansias, te alaba y te agradece el "recreíto", como tú lo llamas. Me consta tu dedicación y preparación, es un éxito merecido ¿Cómo recibes los halagos y esta súbita fama?

-A los halagos le tengo terror. La fama me parece que es pasajera. Podría decirte que disfruto del afecto que me transmite la gente. Agradezco las bellas palabras y me siento comprometida con cada salida al “ruedo”. Eso me obliga a indagar más en cada entrega. Buscar datos que sean confiables. Cuando la gente te transmite su placer por el programa entonces te ves en la obligación y en el deber de respetarlos. Y eso es lo que busco en cada conversación, que sientan que me da un gran placer compartir con ellos.

-¿Qué significa Venezuela para Mayte Navarro de Veloz?

-Para mí Venezuela, es mucho más que paisajes hermosos o una naturaleza exuberante. Venezuela son sus hombres y mujeres, unos buenos, otros malos, unos luchadores, otros víctimas de su destino. Venezuela son recuerdos y vivencias. No creo que seamos la tapa del frasco, como muchos dicen, porque de serlo no estaríamos pasando tanta necesidad. Pero junto a quienes destruyen, denigran y abusan, también están quienes crean, los que hacen su trabajo con entusiasmo, pensando en quienes pueden beneficiar, sin esperar más que el bienestar colectivo. Venezuela es una parte del mundo y por lo tanto un reflejo de lo bueno y de lo malo que sucede en el planeta azul

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