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Análisis. Venezuela: foco de la crisis

Hay que observar lo que ocurre en Venezuela a partir del comienzo del siglo XXI con el advenimiento de un modelo que ciertamente implicó un relevo político

  • MANUEL FELIPE SIERRA

17/11/2019 11:13 am

 Caracas.- La renuncia de Evo Morales, la autoproclamación de la senadora Jeanine Áñez como presidenta interina, y la llegada nuevamente de Bolivia a un cuadro de ingobernabilidad, marcado además por la violencia entre sectores sociales, implica un retorno a etapas que se consideraban superadas. Después de trece años de altas y bajas, Evo Morales logró conseguir una suerte de equilibrio entre los factores que en el pasado hicieron del país andino un escenario de conflictos recurrentes. Más allá de las consideraciones jurídicas y formales sobre el concepto de Golpe de Estado (que por lo demás ha resultado en ataques bélicos en ese país), lo cierto es que en las calles bolivianas se pone otra vez a prueba la existencia de la convivencia democrática. Un fenómeno que también se registra en Chile donde, después de un mes de protestas violentas y manifestaciones callejeras, el gobierno de Sebastián Piñera se ve obligado a propiciar un acuerdo que seguramente culminará con la convocatoria a elecciones constituyentes que, como se sabe, ya no solo se aplican en el concepto formal para la elaboración de nuevos textos constitucionales, sino que también en los últimos años se consideran como un espacio para dirimir diferencias de extrema conflictividad. Como escribe en este caso el reputado politólogo Fernando Mires: “Para entender las razones de la violencia en Chile, hay que hacer abandono del análisis político. Es la hora de los psiquiatras y los psicólogos”. 


Cono Sur Argentina por su parte iniciará en diciembre un nuevo mandato de las fuerzas peronistas, encabezado por Alberto Fernández en dupla con la ex presidenta Christina de Kirchner, en un escenario que mas allá de la retórica y la pasión propagandística, no se auguran mayores cambios, dado que se trata de enfrentar una situación económica que como se ha demostrado (al margen de que se juegue con la denominación de izquierda y derecha) está condicionada por realidades concretas que no prometen resultados milagrosos. En Brasil, luego de la libertad del exmandatario Lula Da Silva, se constata un ambiente de confrontación no solo político sino, en este caso con un alto acento social toda vez que el presidente Jair Bolsonaro -en la línea del mandatario norteamericano Donald Trump- aplica políticas que necesariamente propician la polarización y que además, como se demuestra ya, tendrán un efecto severo en el plano social dado los niveles de desigualdad y la complejidad de su economía. 


El eje andino En Perú si bien se reivindican cifras económicas relativamente alentadoras en comparación con los vecinos, el hecho cierto es que el presidente Martín Vizcarra gobierna sin el contrapeso parlamentario necesario y enfrentado a una inestabilidad y a un escenario de corrupción que ha dado cuenta de los últimos gobernantes, incluido el suicidio de Alan García, por lo que no parece viable el restablecimiento de la convivencia sin tomar en cuenta la influencia y el peso del fenómeno fujimorista. Ni se diga de la situación de Ecuador que si bien el mandatario Lenín Moreno, logró bajar la presión a las recientes protestas sociales, los factores que la generaron siguen intactos y seguramente con el tiempo estas podrían tender a agravarse. Pero, sin duda, la situación más delicada y potencialmente explosiva es lo que se vive en Colombia después de la derrota en las elecciones regionales del pasado mes del partido y las fuerzas que apoyan al expresidente Álvaro Uribe y al actual mandatario Iván Duque, agravada por la llamada “violencia estructural colombiana”; la amenaza de los grupos guerrilleros y de sectores urbanos de la oposición lo cual seguramente tendrá un punto de inflexión en el llamado a paro general el próximo 21 de noviembre al cual se han sumado incluso partidos que apuestan al equilibrio institucional y democrático. Por supuesto, nada que decir de Haití que luego de varios meses sigue azotada con la represión en las calles y la permanencia del gobernante Jovenel Moise cada vez con menor capacidad de navegar en las turbulencias. Tampoco de ello escapan los países centroamericanos como Guatemala, Honduras, El Salvador y, en menor medida, Panamá, con la excepción histórica de Costa Rica, crecientemente afectados por el narcotráfico, las migraciones y el fenómeno imparable de la corrupción que ha dado cuenta de la mayoría de sus gobernantes. 

El caso Venezuela Pero en el cuadro latinoamericano, el factor más grave y llamativo es lo que ocurre en Venezuela a partir del comienzo del siglo XXI con el advenimiento de un modelo que ciertamente implicó un relevo político, estimulado además por el agotamiento de élites gobernantes, pero que con el tiempo, por su implicación con nuevos factores en los países que conforman el mundo multipolar, ha debido enfrentar la presión directa de los Estados Unidos (endurecida ahora por el retorno de la Doctrina Monroe) ello coincidente con la caída del ingreso petrolero en una nación que no pudo superar la condición de petroestado y un conflicto social que hace de ella un foco de atención para el mundo entero. Así establece una particularidad, porque si bien en los países vecinos se presentan crisis de naturaleza política o económica y en la distribución del ingreso, acá todas ellas se conjugan para crear un cuadro tan complicado que muchos especialistas coinciden en que las respuestas escapan incluso de la mirada del más acucioso analista o experto. De esta manera la crisis de América Latina parte y tiene como referencia la llamada catástrofe que afecta a la población nacional. 

Nuevo CNE En el seno de la Asamblea Nacional crece el ambiente propicio para la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) entre los partidos del oficialismo y las organizaciones opositoras del G4 (Voluntad Popular, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia) y la Mesa de Diálogo Nacional. Ello estimulado por la posibilidad casi cierta de que el régimen convoque a elecciones parlamentarias a comienzo del año 2020, lo cual implicaría una clara definición en torno a la participación o la abstención. La reciente experiencia en las elecciones de alcaldes, concejales y la reelección presidencial, indica que la no participación supondría facilitar el control del oficialismo en este caso del Poder Legislativo que ha sido y es la palanca fundamental de las luchas opositoras. También el hecho de que en la mayoría de las encuestas se fortalece la tendencia a ejercer el voto tomando en cuenta el costo de las acciones anteriores. 
@manuelfsierra 
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