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Un acontecimiento clave en la construcción de una Europa libre

Las elites políticas polacas pasaron el examen de madurez en el más crítico momento del país

  • ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

15/08/2020 05:30 am

Por Mateusz Morawiecki, Primer Ministro de Polonia. 

En la historia existen momentos cruciales que definen futuros acontecimientos. Para Polonia y Europa, uno de esos momentos en el siglo XX fue el 15 de agosto del 1920. Polonia, renacida en 1918, ganó en aquel entonces la decisiva y triunfadora batalla con los ejércitos bolcheviques, los cuales avanzarían luego al resto de la Europa Oriental.  Agotada por las pérdidas humanas y materiales de la Gran Guerra. Según el diplomático británico Edgar D’Abernon, ésta fue la decimoctava batalla más importante en la historia del mundo. La Batalla de Varsovia merece ser mencionada paralelamente junto con el aterrizaje de los aliados de Normandía en 1944, como el momento decisivo en la lucha con el totalitarismo en Europa. La Cortina de Hierro con que se dividió a Europa en Yalta impidió que el significado de este particular evento para la historia de Europa, se inscribiera merecidamente en la memoria de la opinión pública o en la historiografía. Ya es tiempo de llenar los huecos en la memoria europea. La celebración del aniversario de la Batalla de Varsovia debería tener lugar no solo en Varsovia o en Polonia, sino en toda Europa. Si bien la batalla ganada por Polonia fue en el Vístula, aquel triunfo logró la libertad de las naciones europeas sobre la oscuridad totalitaria del comunismo.

En una perspectiva histórica, 1920 termina con cierta continuidad de los acontecimientos que empezaron aún en el siglo XVIII con las particiones de Polonia realizados por Prusia, Rusia y Austria. La batalla de Varsovia es la coronación de uno de los más insólitos episodios europeos y de la historia global de la construcción de una nación moderna. Se trató de la construcción de una nación sin un país, encima de los escombros del fracaso militar y político (muchos levantamientos polacos, caídas de todos los sustitutos del país), en un período cuando Polonia fue borrada del mapa europeo, lo cual se prolongó desde el siglo XVIII hasta la finalización de la I Guerra Mundial.

El primer fenómeno polaco que merece ser recordado fue la escala de la transformación de una sociedad feudal en una de las más modernas sociedades de Europa –sin contar con las instituciones del Estado-. La enorme red de las instituciones sociales, culturales y deportivas, como por ejemplo la sociedad Sokół, cajas financieras, sociedades científicas, clubes escolares de aprendizaje, pueden ser comparadas únicamente con las reformas en Japón durante la época de Meiji, realizados por un fuerte poder central. Esta revolución democrática ocurrida durante la primera mitad del siglo XIX, se desarrollaba contra la voluntad de las fuerzas ocupantes de Polonia. Esta es la evidencia de que los polacos supieron sacar conclusiones de su propia historia y consolidarse alrededor de las más modernas tendencias (positivismo, reformas democráticas, empoderamiento de las mujeres y foco en la pobreza). Sin la fuerza de la Ilustración en la batalla de la educación, la ciencia y el pensamiento social, no hubiera habido triunfo en el frente militar.

Esta insólita historia de la primera democrática revolución polaca no es conocida ampliamente en Europa. Y eso que es una historia similar a las perlas de la literatura como Sobre la democracia en América de Tocqueville. Después de recuperar la independencia en 1918, Polonia introdujo una de las más modernas legislaciones sociales y electorales en el mundo occidental. El sentido de recuperación la libertad juntos superó los prejuicios y tentación de la discriminación en amplios grupos sociales. Polonia tuvo que construir la unidad y cohesión de toda la nación. Trabajo intelectual realizado a finales del siglo XIX que tuvo que ser traducido al trabajo nacional, junto a la recuperación de las instituciones públicas después del 1918.

El fenómeno de Polonia es una historia de la democratización distinta de la Europa Occidental. Es una historia sobre la democratización y, simultáneamente, de la recuperación de la independencia. Es la historia de la construcción contra el imperialismo, el absolutismo y el despotismo de los poderes, que dominaron a Europa en el siglo XIX. Es la historia que fue finalizada gracias a un increíble examen de madurez de un país. Polonia, apenas después de los dos años de recuperar la independencia, se tuvo que confrontar con el peligro totalitario por parte de los bolcheviques. 

La guerra con los bolcheviques fue la demostración de la increíble unidad política del pueblo polaco. En julio del 1920, se nombró el Gobierno de la Defensa Nacional. Wincenty Witos, líder del movimiento popular, fue nominado como primer ministro e Ignacy Daszyński, uno de los líderes de la izquierda polaca, como vice primer ministro. Por la defensa del Estado y de la recién recuperada independencia, las diferencias de los padres de la independencia polaca de todas las toldas pasaron a otro plano. Las elites polacas pasaron el examen de madurez en el momento más crítico para el país. La sociedad polaca, junto al gran involucramiento de la Iglesia Católica, apoyó masivamente los esfuerzos de guerra. Los ejércitos bolcheviques lucharon con la nación que para nada quiso devolver su tan deseada independencia. 

El punto central de la guerra polaco-bolchevique fue justamente la Batalla de Varsovia, el valiente contrataque a las fuerzas bolcheviques que iban a Polonia fue realizado por los comandantes mariscal Piłsudski, jefe de la división Tadeusz Rozwadowski, y los jefes operacionales: general Władysław Sikorski y Edward Śmigły-Rydz. 

Un destacado historiador de guerra, el francés Hubert Camon, consideró la maniobra de circunvalación que permitió a los polacos el triunfo en la Batalla de Varsovia, como la emanación de la maniobra de Napoleón. Con muy bajas perdidas propias se derrotó al ejército bolchevique que caminaba con gran ímpetu a la Europa Occidental. La movilización de guerra de la sociedad polaca fue increíble, tomando en cuenta que Polonia fue uno de los países más destruidos por la I Guerra Mundial. La respuesta de los polacos fue fabulosa, y la mejor prueba fue la rapidez con que fue creado el Ejercito Voluntario, bajo el mando del general Haller, que rápidamente sobrepasó los 100 mil militares.

La prensa llamó el triunfo de los polacos como “Milagro en el Vístula”, haciendo referencia al “Milagro del Marne” de la I Guerra Mundial, cuando los ejércitos franceses y británicos detuvieron al ejército alemán.

La guerra polaco- bolchevique no fue solamente el encuentro de grandes ejércitos, significó el enorme esfuerzo de toda la sociedad y estratégico genio de los que se encontraban al mando. Se trató también de la lucha de las inteligencias, es decir, de los códigos las mentes y los intelectos. El gran héroe del frente secreto de la Batalla de Varsovia fue Jan Kowalewski, oficial de la inteligencia militar polaca que rompió los códigos soviéticos. Gracias a su trabajo fue posible obtener las informaciones claves para crear una estrategia operacional polaca. Es un héroe discreto, que desempeñó un rol primordial para detener la agresión soviética a Europa en 1920. Es más, durante la II Guerra Mundial fue un importante personaje en la operación Trójnóg del gobierno polaco en Londres, cuyo objetivo era preparar la invasión de los aliados en Los Balcanes, a través del cambio de los acuerdos de Italia, Rumania y Hungría. Desafortunadamente Roosevelt bajó la presión a Stalin y abandonó el plan de desembarco de tropas en Los Balcanes, forzado por Winston Churchill. Si la historia hubiese tomado otro rumbo, Jan Kowalewski hubiese podido salvar dos veces a la Europa Central y del Oeste del mundo totalitario de la dominación soviética.

El 100 aniversario de la Batalla de Varsovia es uno de los más importantes aniversarios de la actual Europa libre. Los polacos salvaron el Occidente de la experiencia del genocidio totalitario, descrito por los excepcionales historiadores franceses en el famoso El libro negro del comunismo. La experiencia polaca del comunismo, con sus trágicas y largas consecuencias para nuestro país y para la sociedad polaca, a menudo no es comprendida. El patrimonio del postcomunismo es un problema real que deforma la realizad social e institucional de los países que pasaron por la transformación democrática. Władysław Reymont, el gran escritor polaco y Premio Nobel, escribió, luego de la Batalla de Varsovia, el libro Rebelión, que relata alegóricamente la rebelión de los animales contra el hombre, describiendo los mecanismos totalitarios. Lo escribió veinte años antes de George Orwell y su famosa Rebelión en la granja. Pudo escribir este libro porque los polacos experimentaron la confrontación con el comunismo mucho antes que Occidente. La Batalla de Varsovia fue también la culminación de la revolución democrática luego de más de cincuenta años, una de las más increíbles y no descritas historias de Europa de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. Es la historia del enorme patriotismo, devoción religiosa, genio militar y significado del descifrado de los códigos.

La guerra polaco-bolchevique es un momento clave en la fundación de Polonia contemporánea y punto crucial para toda Europa, aunque no muy concientizado. Un real punto de confrontación de dos diferentes civilizaciones. Nadie lo supo mejor que el nacido en 1920 Karol Wojtyła, luego Papa Juan Pablo II: Desde mi nacimiento, llevo dentro de mí una gran deuda con aquellos que emprendieron la lucha contra el invasor y ganaron, pagando por ello con su vida”. La obligación de pagar esta deuda pesa en todos nosotros. Los 100 años que transcurrieron luego de la triunfante Batalla de Varsovia, es una excelente ocasión para recordárselo a uno mismo y a toda Europa.

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