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Las lecciones de una beatificación

Es esencial recordar una palabra de la gran lección vital que nos da todavía hoy José Gregorio Hernández, la palabra fraternidad, principio universal entrañable para él, como solía repetir

  • ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

26/06/2020 03:30 pm

Romain Nadal
Embajador de Francia en Venezuela

El proceso de beatificación de José Gregorio Hernández es un requisito propio de la Iglesia Católica, la cual al reconocer las virtudes egregias de las personas que desea beatificar, da comienzo a un proceso específico e institucional que lleva a la beatificación. Este procedimiento interno de la Santa Sede, depende ante todo de una visión espiritual que se funda en el Derecho canónico de la Iglesia Católica Romana. Conviene subrayar el carácter soberano, en lo espiritual y en lo temporal, de un acto que nace de la tradición histórica de la Iglesia.

Aunque respetando el principio de laicidad, deseo compartir la alegría del pueblo venezolano, creyente o no creyente, después del acuerdo tomado por Su Santidad el Papa Francisco de beatificar a José Gregorio Hernández. El recuerdo de esta personalidad fuera de serie, no solo marcó a los venezolanos por la intensidad de su fe sino también por el papel trascendental que desempeñó en la Historia y para la Sanidad Pública. Defensor inquebrantable de la dignidad de los hombres, incansable promotor de la salud para todos, solo por la fuerza de su actividad, revolucionó los servicios de la Sanidad, modernizando sus técnicas y su organización con la creación de la Academia de Medicina de Venezuela. Amigo de Francia, realizó estudios en este país donde trabó amistades y consiguió valiosas cooperaciones científicas.

Recordando este lazo íntimo, casi privilegiado entre José Gregorio Hernández y Francia, es un deber para mi, expresar la admiración que sentimos por él, en el momento en que la Iglesia Católica se dispone a declararlo beato. ¿Cómo no quedar impresionado en este año 2020 tan peculiar por culpa de una pandemia que azota a todos los pueblos y continentes por la actualidad de la herencia dejada por José Gregorio Hernández?

Para evocar una figura excepcional cuya existencia se fue forjando poco a poco al elegir irrevocablemente la salud de los menos favorecidos y la atención a los más humildes, importa ser sobrio de palabras. El prestigio de José Gregorio Hernández se debe a su herencia médica y científica en la Venezuela de 2020 y también a su posteridad intelectual, la cual, en la más perfecta fidelidad a sus intuiciones, sigue siendo más que una renovación, un permanente estado de creación.

Permítaseme recordar una palabra de la gran lección vital que nos da todavía hoy José Gregorio Hernández, la palabra fraternidad, principio universal entrañable para él, como solía repetir. A todos nos consta su compromiso por la salud de todos los Venezolanos. Una salud sin condiciones, sin categorías sociales, sin excepciones, o sea que él se volcaba hacia los más débiles, los más desamparados, los más olvidados.

Para José Gregorio Hernández, encontrar al prójimo, no es un peligro sino un don, una gracia, una oportunidad, una llamada para ser mejor. Huelga insistir, para calibrar la trascendencia muy actual de esta experiencia fundadora para la Sanidad en Venezuela, e inspiradora para el mundo entero. Así se ve como la preocupación incesante por el prójimo, que configura la acción médica de José Gregorio Hernández, que arranca de un acto fundamental de respeto, que permite rodear los abismos de ignorancia donde se levantan la indiferencia y a veces el odio. Un simple gesto de respeto sincero, total, esencial puede superar las murallas más altas de la desconfianza, el desprecio, el rechazo de los "otros". Es preciso, y suficiente, hacerlo de verdad, incansablemente. Lejos de cualquier complacencia, dimisión o caricatura. Se trata de ser lo que uno es escuchando verdaderamente al prójimo.

Calibro perfectamente toda la dimensión espiritual que los creyentes pueden encontrar en el camino de José Gregorio Hernández. Pero quiero añadir, como embajador de una República laica, que no hay mejor manera de ser verdaderamente ciudadano de su país en el mundo tenso y perturbado de hoy.

Nuestra mirada es distinta, después del fallecimiento de José Gregorio Hernández hace 101 años, por supuesto, y, sin embargo, su obra ostenta una novedad radical que no deja de asombrarnos. Es de una riqueza humana que sigue abriendo nuevos derroteros. La intuición básica, el fuego interior han sido llevados hasta su pleno desarrollo en la vida más cotidiana. José Gregorio Hernández solía decir que la gran marginación sirve a modo de lupa, y nos ayuda a ver a la sociedad entera. Como médico de los más pobres, gracias a su duro bregar, nos enseñó el rostro de una sociedad solidaria (una solidaridad que se compromete al lado de sus miembros más endebles). Estos eran su objetivo y su concepción de la Sanidad Pública.

Con esta beatificación entendemos las lecciones de esta vida excepcional : admirable sin haber querido ser admirada, reconocida sin haber buscado el reconocimiento, celebrada sin haber pensado en la fama. En nombre de una Humanidad herida, José Gregorio Hernández es solidario con los desamparados; en nombre de una Humanidad olvidada, está al lado de los olvidados; en nombre de una Humanidad humillada, obra por la emancipación, la dignidad, la igualdad. Para él la compasión no es la caridad al uso. No es una elegancia del alma, sino la fuerza del espíritu. Es el honor de una nación: Venezuela, a quien ama por encima de todo.

Para que la solidaridad no sea considerada como una obra de Beneficencia, para que los pobres no sean sospechosos de querer seguir siendo pobres, y para acabar con los estigmas del fracaso, para que no seamos indiferentes. La indiferencia : es la enemiga actual. Hoy como ayer, indiferencia frente a las injusticias, a las desigualdades, al fanatismo, al racismo, al antisemitismo; indiferencia ante las catástrofes, al cambio climático, al agotamiento del planeta.

Frente a la indiferencia, la lección de vida de José Gregorio Hernández, es que cada generación tiene un deber de vigilancia y acción. Y cada individuo tiene la posibilidad de obrar. Todo empieza por una opción, aunque no se sabe de antemano adonde puede llevar. Hasta qué abandono, hasta qué renuncia. Si esta elección es mala, hasta qué realización. Hasta qué superación, si es buena. La historia de cada uno de nuestros países nos levanta. Nos une cuando se vuelve memoria compartida con personalidades tan relevantes como José Gregorio Hernández. La Historia nos enseña la grandeza de las mujeres y de los hombres que la hicieron. Nos enseña también lo que son nuestras fuerzas y lo que pueden ser nuestras debilidades. La Historia nos da mucho más que una herencia a celebrar, mucho más que un patrimonio a mantener. La Historia nos transmite la eminente responsabilidad de estar a la altura del pasado y de los desafíos de hoy y de mañana. En palabras de Antonio Machado : "Estar a la altura de las circunstancias".

José Gregorio Hernández desarrolló una nueva filosofía de progreso, basada en una relación armoniosa entre el hombre y la salud, y redefinió una ética de solidaridad a escala global. Su ideal de una salud para todos, cumple con los imperativos de hoy, que combinan el requisito moral de dignidad y equidad.

Todos los días, con la globalización en marcha, destaca su relevancia y necesidad. Después de esta decisión tan impactante de beatificación quería rendir homenaje al trabajo visionario de José Gregorio Hernández, a este espíritu excepcional, precursor de tantos cambios en nuestro mundo, y cuyo requisito intelectual y moral continúa inspirándonos hoy.

Felicito a su Eminencia el Cardenal Baltazar Porras y a la Iglesia venezolana apoyada por Monseñor Aldo Giordano, Nuncio Apostólico, que han trabajado incansablemente para lograr este reconocimiento que impacta a toda Venezuela y más allá a todos los admiradores del legado de José Gregorio Hernández.

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