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Medidas coercitivas unilaterales ilegales como herramienta de la política de EEUU para lograr su hegemonía

Para Rusia el problema de las restricciones tiene un carácter nada abstracto. Los esquemas anteriores del desarrollo garantizaban a los países occidentales una posición privilegiada y les daban ventaj

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02/02/2020 05:30 am

Por Sección de Prensa. Embajada de Rusia en Venezuela

Provoca creciente preocupación la adicción patológica de EEUU y sus correligionarios al uso de presión sancionatoria para resolver los más variados problemas internacionales. Tales acciones ilegítimas tienen unas consecuencias nocivas para el mantenimiento de la paz internacional e influyen negativamente al desarrollo global. 

Para Rusia el problema de las restricciones tiene un carácter nada abstracto. Los esquemas anteriores del desarrollo garantizaban a los países occidentales una posición privilegiada y les daban ventajas y una renta inmensa. Para los demás Estados les quedaba sólo seguir sus pasos. Se acompañaba todo ello con sermones sobre la “igualdad”. Sin embargo, una vez este sistema confortable y habitual para los países occidentales empezó a cambiarse los mismos se empeñaron en preservar su dominación a toda costa. Los Estados que antes habían profesado los ideales de libre comercio, de competencia justa y abierta, de repente empezaron a utilizar el lenguaje de guerras comerciales y sanciones, incursiones económicas abiertas, amenazas, intentaron eliminar a sus competidores con métodos no mercantiles.

La globalización está convirtiéndose en la parodia de si misma dado que unos tratan de sustituir el derecho internacional por ciertas leyes nacionales, por mecanismos judiciales de un país o grupo de países, lo que están haciendo hoy en día los EE.UU. tratando de extender su jurisdicción nacional a todo el planeta.

Es alarmante que en el mundo contemporáneo cada vez con mayor frecuencia somos testigos de los intentos de actuar eludiendo el derecho internacional y los formatos de toma de decisiones ampliamente reconocidos. Los partidarios fervientes de restricciones unilaterales de hecho se contraponen al orden mundial actual, esforzándose por hacer regla el pisoteo del sistema establecido y acuerdos alcanzados anteriormente, dan una interpretación voluntaria a los métodos y normas ampliamente reconocidos de resolver los problemas. Este grupo de Estados propone el concepto de “orden mundial basado en reglas”. Por si misma esta fórmula, a primera vista, no genera sospechas. Pero en realidad sirve para ocultar sus actividades dirigidas a socavar la diplomacia multilateral, cuya materialización universal es la ONU, a tomar decisiones en formato de alianzas situacionales limitadas, inclusive bajo la máscara de “multiculturalismo” o a organizar campañas de desinformación masiva y crear diferentes “mecanismos restrictivos o atributivos”. A los demás proponen juntarse a las decisiones ya acordadas en el marco de un club de Estados élite que se hacen pasar como “la postura de la comunidad internacional”.

Los objetivos de tales esfuerzos son evidentes: impedir el tránsito al mundo policéntrico, realizar sus pretensiones a exclusividad y asegurar su dominación en detrimento de los intereses de los demás países.

Las sanciones unilaterales aplicadas en violación de los principios del derecho internacional, de la Carta de la ONU y de las reglas de comercio internacional actuales son absolutamente ilegítimas. Tal práctica arcaica conduce a acumulación del potencial conflictivo en los asuntos mundiales.
Quisiéramos recordar la Declaración sobre la inadmisibilidad de la intervención en los asuntos internos de los Estados y protección de su independencia y soberanía (Resolución de la Asamblea General de la ONU 2131 del 21 de diciembre de 1965) que estipula precisamente que "ningún Estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro Estado a fin de lograr que subordine el ejercicio de sus derechos soberanos…".

Así que ningún Estado tiene derecho a dictar su voluntad a los otros por medio de represiones económicas. Consideramos las sanciones unilaterales ilícitas como una de las herramientas muy peligrosas de la competencia desleal que provoca guerras comerciales y económicas y confrontación entre países. 

Contrariamente a las declaraciones de sus iniciadores las sanciones afectan la vida de todos los ciudadanos del país que resultan ser castigados por su aspiración a los derechos civiles y libertades, inclusive al derecho a la autodeterminación. Las restricciones unilaterales están dirigidas a causar daño a los sectores sensibles de la economía, cierran acceso a recursos financieros, servicios y nuevas tecnologías. Frenan el desarrollo del sistema de relaciones económicas justas y de la competencia honesta. Con mayor frecuencia las sanciones ilegales enmascaran el proteccionismo comercial y la aspiración a monopolizar el acceso a los mercados.

Rusia levanta la voz en contra de la aplicación por cualquier Estado de las sanciones ilegales unilaterales y rechaza tal práctica viciosa. Como el primer paso urgente en esta dirección es necesario excluir la esfera socio-humanitaria de las acciones restrictivas comerciales.

En este sentido, consideramos completamente inaceptable las medidas coercitivas impuestas por los EEUU contra Venezuela. Las mismas no sólo obstaculizan de por si el desarrollo económico de este país sino afectan seriamente los intereses de la gente común y corriente. Es evidente, entonces, el carácter inhumano de tales métodos de la política estadounidense que se utilizan de manera indiscriminada como un arma de guerra.

En su discurso en el Foro Internacional Económico de San Petersburgo en junio pasado el Presidente de Rusia Vladimir Putin invitó a la comunidad mundial “a realizar algo parecido a la desmilitarización de las esferas clave de la economía y el comercio globales, es decir proteger de las guerras comerciales y de sanciones el suministro de las mercancías de la primera necesidad: las medicinas y la maquinaria médica”. En un contexto más amplio se propone elaborar y aprobar normas de interacción multilateral justas. El abuso por unos Estados del instrumental de sanción predetermina la necesidad de emprender esfuerzos multilaterales en búsqueda de enfoques colectivos para reglamentar su uso.

Tales normas deben ser inexcusablemente observadas por todos, sin olvidar de los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos y la responsabilidad no sólo por el desarrollo de su país, sino también por el desarrollo universal estable.

En esta relación, la política rusa dirigida a fomentar la cooperación equitativa, constructiva y mutuamente ventajosa con todos los Estados interesados es invariable. Moscú nunca ha apoyado ni apoyará ningún iniciativa que desencadene “la espiral de sanción”, siempre ha sido y seguirá siendo miembro responsable de la comunidad mundial y socio seguro para todos.

Sección de Prensa
Embajada de Rusia en Venezuela

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