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Montpellier

En esta ciudad al sur de Francia es fácil dejarse llevar por los callejones antiguos, edificios modernos, espacios naturales y el mediterráneo

  • Diario El Universal

17/11/2019 06:00 am


 Adriana Herrera

Las ciudades pequeñas adquieren otra dimensión cuando se les ve de noche. La mayoría de los lugares están cerrados, pero aún hay gente por ahí caminando hacia algún bar o conversando mientras cenan. La ciudad entra en un sopor quieto, en un silencio que permite distinguir sus otros sonidos: el del tranvía, el de las bicicletas, el de los pasos apurados, el de la música agazapada en algún callejón. Entonces, cuando se vive de día y las calles se llenan de movimiento, de otros ruidos, nos queda la sensación de estar ante otra ciudad en la que es mucho más fácil desandar. Si ya la vimos vacía, ahora solo nos queda armar las piezas. 

Eso pasa con Montpellier, esa ciudad al sur de Francia en la que es fácil dejarse llevar por los callejones antiguos, los edificios modernos, sus espacios naturales, los viñedos y por el Mediterráneo que está siempre ahí, a un lado, como para escapar de la rutina. Si bien es una ciudad con vibra juvenil, Montpellier también es remanso de descanso, en un lugar sin mucho ajetreo. Es pequeña y dicen que es una de las ciudades menos atractivas de Francia, pero ya ven, en el código amatorio de ciudades nada está escrito y la verdad es que las ciudades no están ahí para complacernos, si no para mostrarse tal cual son. 

Quizá el primer punto de referencia en Montpellier sea la Place de la Comédie, en el Écusson, el centro histórico de la ciudad y, curiosamente, uno de los espacios peatonales más amplios de toda Europa. Allí confluyen los tranvías, es el punto de encuentro para ir a cualquier otro barrio como Beaux Arts, Figuerolles o Arceaux; es el inicio de las calles medievales, de las terrazas, de las conversaciones largas. Muchas cosas ocurren allí: música, performances, visitas guiadas y por eso hay que verla apenas llegar, para que Montpellier se vaya extendiendo en la mirada. 

Luego, la mejor forma de caminar por el Écusson, es sorteando los callejones sin mucho orden. Así se puede desembocar en la Catedral Saint-Pierre, contigua a la Facultad de Medicina, famosa por su estructura con gárgolas; seguir hacia la calle Foch y tener la mejor perspectiva del Arco de Triunfo y la Place Royale du Peyrou donde van a reunirse a hacer picnics, caminar y correr aprovechando los buenos días de sol. Todo esto, mientras se aprecian los balcones, los patios, la ópera, las tiendas de antigüedades y varias curiosidades más como el Museo Languedocien, el Museo du Vieux (de entrada gratuita ambos) o el Museo Fabre de Montpellier Mediterranée Métropole, considerado uno de los más importantes museos de bellas artes en Francia y donde se pueden entender los mil años de historia de la ciudad, sus construcciones y la belleza de sus diseños.

En ese ir y venir de un lado a otro, no hay que dejar de ver el Jardin des Plantes, muy cerca de la Facultad de Medicina, pues es el jardín botánico más antiguo de Francia (1593) y la Esplanade Charles de Gaulle con sus cafés, tranquilidad, monumentos y paso a otras calles medievales; y otros edificios emblemáticos como el Palais de Justice (1853), el Couvent des Ursulines (1641) o el Le Corum (1968) que es el actual Palacio de Congresos.

Más allá de los callejones, aparece el Montpellier contemporáneo. Una ciudad dentro de la ciudad que se llena de luces, compras, arquitectura futurista y muchos espacios para descansar al lado del río Lez que atraviesa la ciudad, al mismo tiempo que la alimenta de agua potable. O también se puede llegar a sitios curiosos y con buena vibra como el Marche du Lez y desde ahí volver a la ciudad -caminando o en bicicleta- para ver todos sus contrastes. Yo hice este recorrido un domingo, con mucha calma, y es uno de los días que recuerdo con más cariño del paso por la ciudad. 

De este lado de Montpellier, todos hablarán del Odysseum, un centro comercial que se vuelve referencia absoluta para andar por ahí -sobre todo si necesitas un baño con urgencia-, pero también aparecen la Place du XX e siécle con diez estatuas que simbolizan las ideas del siglo XX; o las casas de campo que están allí desde finales del siglo XVII, para que de esta manera Montpellier se nos vuelva una interrogante, un libro abierto que provoca leer de prisa para no perdernos de nada. 

@viajaelmundo

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