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Destinos sorprendentes

Montreal

La personalidad de esta isla canadiense se la han dado sus comunidades francófonas y anglófonas

  • Diario El Universal

17/11/2019 06:00 am


Manuel Florentin

Dicen en Montreal que lo que les diferencia de sus vecinos de Toronto es que mientras aquellos solo piensan en los lunes, ellos viven pensando en los viernes. La personalidad de esta enorme isla, bañada por los ríos San Lorenzo y Ottawa, se la han dado sus mayoritarias comunidades francófona y anglófona, cuyas lenguas hoy conviven mejor que antes, como se aprecia en los "Hi, bonjour" con que se saluda en los comercios. Pero también han contribuido a su joie de vivre las distintas comunidades de emigrantes chinos, judíos, italiano. Entre todos han hecho de la canadiense Montreal una ciudad abierta y en la que uno no se siente extraño. 

Mont-Royal 
El parque elevado de Mont-Royal dio nombre a la ciudad y es su gran pulmón. Es buena idea empezar el día aquí, viendo con las primeras luces, desde el Belvedere Camillien-Houde, el skyline en todo su esplendor, con el majestuoso río San Lorenzo al fondo. A los pies del parque se hallan las zonas más emblemáticas: Le Plateau, Mile End, los barrios italiano, judío, chino, portugués. En el mercado Jean-Talon, uno de los más antiguos y coloridos situado en la Petite Italie, podemos desayunar queso quebequés y un dulce con jarabe de arce. También optar por un clásico bagel o una nata portuguesa en Les Anges Gourmets, ambos en el bulevar de Saint-Laurent, arteria de 11 kilómetros que cruza Montreal y que separaba las áreas francófona y anglófona. La zona de alrededor está llena de tiendas de todo tipo y precio, bares, librerías y edificios adornados con enormes murales.

En Mile End y Le Plateau aguardan para pasear tranquilas calles arboladas y coquetas plazas como Square Saint-Louis, con casas victorianas de vivos colores y escaleras externas; una amplia zona que habitaron emigrantes y clases humildes, ambiente que recrea en sus obras el escritor Michel Tremblay. Hoy las frecuentan artistas, hipsters y universitarios que llenan sus cafés y cervecerías artesanales, como Dieu du Ciel! 

Cita con el arte 
El Museo de Bellas Artes exhibe en sus cinco edificios obras de grandes maestros de todos los tiempos (Rembrandt, Picasso…) junto a artistas autóctonos, como el contemporáneo Jean-Paul Riopelle. La Mille Carré Doré es una zona de ejecutivos y gente chic, donde los rascacielos acristalados conviven con pequeños edificios e iglesias decimonónicas. En el bulevar de René-Lévesque está el Fairmont The Queen Elizabeth, hotel en cuya habitación 1742 John Lennon y Yoko Ono protestaron encamados en 1969 contra la guerra de Vietnam. 

En el viejo Montreal 
Calles adoquinadas y casas centenarias conservan el espíritu del viejo Montreal francés, al que nos transportan en la plaza de Jacques-Cartier, músicos vestidos de época tocandoÀ la claire fontaine con violines y zanfonas, y soldados dieciochescos desfilando procedentes del Museo del Château Ramezay. Por la calle de Saint-Paul llegamos a la plaza d'Armes y a la majestuosa basílica neogótica de Notre-Dame en cuyo interior una bóveda simula un cielo azul de estrellas doradas. 

Un paseo por el puerto 
En 15 minutos a pie se llega al paseo marítimo, que frecuentan los montrealenses para pasear o montar en bici. En Pointe-à-Callière nació en 1642 la mayor ciudad de la provincia de Quebec, entonces Ville-Marie, en cuyo museo histórico se hallan sus primeros vestigios. Siguiendo el puerto se encuentra el señorial mercado Bonsecours , copado de boutiques, y la iglesia de los marineros, Notre-Dame-de-Bon-Secours , la "Our Lady of the Harbour" de la Suzanne de Cohen. Al otro lado del río emerge la Biosphère, una cúpula geodésica de la Expo de 1967, hoy símbolo de la ciudad. 

Fuente:viajar El País




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