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La flor como incentivo en la obra de Teresa Gabaldón

La artista es uno de los diez creadores que participan en la muestra digital “Signatures” de la Galería 5

  • MARITZA JIMÉNEZ

23/09/2020 01:00 am

“Tan a nada llega la flor/ que un día se despetala”. Esa melancolía del poema de Guimaraes Rosa subyace en la obra de Teresa Gabaldón, en cuyas pinturas y dibujos la flor ha sido la constante que le permite indagar plásticamente el espacio del plano, el color, y su propio mundo interior. 

Autora de una reconocida trayectoria en nuestras artes plásticas desde los años 80, es una de las diez firmas que participan en Signatures, muestra con la que la Galería 5 sale al paso a la pandemia para continuar su actividad, aun en estos tiempos de aislamiento, de mostrar la dinámica del arte venezolano contemporáneo. 

La flor es uno de los motivos más clásicos en la historia del arte. Pero Gabaldón menciona a Tang Dai, de la Dinastía Quing, para expresar un propósito que va más allá de la representación: “No se trata de imitar a la naturaleza, sino de participar en el proceso mismo de la creación”. 

“La flor ha sido el centro de mi trabajo desde hace mucho tiempo”, señala esta artista que, luego de varias temporadas en Europa durante los últimos años, en 2020 finalmente se estableció en Caracas, dedicada al trabajo en su taller. 

“Para mí, la creación plástica tiene que ver con mi historia de vida, con la memoria”, explica, “Y mi relación con las flores viene precisamente de historias de la infancia. Sin embargo, la motivación interior no es la representación de una flor tal cual es en la naturaleza, sino que constituye un incentivo para manifestar diferentes necesidades expresivas”.

Nacida en Caracas, Teresa Gabaldón cursó simultáneamente estudios de Artes Plásticas en la Escuela Cristóbal de Caracas y Letras en la UCV. Poco después obtiene una maestría en Artes en la Universidad de Nueva York. Al regresar a Caracas, comparte su hacer con la docencia, dando clases de Dibujo en los institutos de diseño Neuman y Prodiseño durante varios años y posteriormente en el Armando Reverón, hoy Universidad de las Artes.     

“El tema de las flores comenzó en la década de los 90” (CORTESÍA)


-En esa época –confiesa- me dediqué sólo al dibujo. Una etapa introspectiva y poética que llamé Paisajes interiores, apropiándome del espacio de la cama como generador de profundas sensaciones y vivencias íntimas. Trabajaba con lápices, carbón y pastel sobre papeles de algodón.

Las flores, dice, empiezan a aparecer en los años 90, cuando introduce el tema en sus dibujos de las camas. “Eran unas flores con trazos fuertes y colores intensos que contrastaban con la suavidad y delicadeza de mis dibujos, hasta que se volvieron una obsesión, y ese tema tan trillado en la historia de la pintura, pero tan nuevo para mí, se convirtió en un reto y mi mirada se sumergió en otro mundo poético, un universo intemporal de pétalos, pistilos y colores, asumiendo el riesgo del tema de la flor como esencial y único de mi obra”. 

A partir de ese momento, sin abandonar el dibujo, la pintura se hace indispensable en su obra, llenando telas con enormes flores “que poco a poco fueron dejando de ser flores para transformarse en color, atmósferas y formas profusas de líneas y trazos que terminan siendo solo gestos que recuerdan flores flotando en el espacio”. 

Fragmentos de jardín, muestra presentada en la Galería 39 en 2008, deja ver sus búsquedas de esa década en la esencia del jardín, y la evolución plástica de su tema recurrente. “Lo fui descomponiendo en fragmentos –explica-, jugando con planos de colores fuertes y brillantes, casi monocromáticos, y las flores, a veces, ocupando sólo un lugar entre los varios fragmentos de color, hasta llegar a ser grafismos, siluetas negras, pintadas con pintura de aceite”.

Reflexiones como la brevedad de la vida, la angustia de la muerte y el temor a los finales, la conducen a un trabajo “más silencioso, sobrio y sencillo”, tal como lo apreciamos en Desprendimiento, de 2014, en la Sala Mendoza. 

 “Me desprendo del color, usando telas crudas, pigmentos plateados y carbón muy intenso”, explica. “Las flores negras en carbón se desprenden, ellas también, de ese espacio de atmósferas plateadas tan sutiles, apareciendo en un mundo de melancolía. Así las veo y así las sentí mientras surgían llenas de misterio. El del alma. De mi alma”.  

Sin embargo, no hay pesimismo en su obra. “Meditando sobre la flor como ser efímero con una vida tan corta, mi mirada se dirige inevitablemente hacia la existencia y mi propia interioridad”, señala, y aunque “las flores mueren pronto, ese vacío que dejan no dura mucho ya que ellas retoñan y los jardines se vuelven a llenar de flores, plenas de candor y alegría ante la vida”, sostiene. 

“Ante la dualidad de la vida y la muerte, y aun sabiendo que como la flor, yo también voy a morir, busco entenderla y escucharla a través de mis dibujos y así, aceptar la vida como un milagro, o como un regalo, volviendo a levantarme muchas y tantas veces para seguir existiendo. Ese es mi mensaje en la exposición Manual de jardinería, presentada en la Fundación Centro Cultural Chacao en 2018”. 

Seis dibujos en acrílico negro, sobre papeles chinos de color plateado, pequeños y frágiles, conforman su participación en Signatures, muestra que comparte con otros nueve artistas: Corina Briceño, Fran Camino, Héctor Coll, Eddy Chacón, Mechidetulio, Nidia del Moral, Francisco Martínez, Marianela Pérez y Lubeshka Suárez. 


“La flor de la vida se contrapone a cierta tristeza existente en estos tiempos” (CORTESÍA)


 “Esos papeles –explica Gabaldón- los usan los chinos para sus ofrendas religiosas, hecho que para mí, se corresponde con la fragilidad e intimidad de mis flores. Estas flores están hechas casi con una sola línea, manifestando una cierta soledad. Tal vez la soledad del confinamiento”. 

Pero subraya que aunque lo único que le pide actualmente su dibujo son tonos sobrios, su pintura es básicamente color, “porque éste es un placer y una necesidad para mí”. 

“Y aunque sigo pintando, en estos últimos tiempos, mi mayor necesidad está en el dibujo. Es en lo que estoy trabajando con mayor intensidad. Me interesa hacer un dibujo suelto y gestual. Y me aproximo a lo que yo llamo 'mínimo', 'tamaños reducidos', muy pocas líneas”. 

“Es una búsqueda más introspectiva”, prosigue. “Una búsqueda hacia lo más sencillo, hacia la esencia del dibujo, de la flor, de la vida. Pero, simultáneamente también contienen un luto. Un luto inevitable por tantas cosas que me entristecen en los últimos tiempos. No estoy haciendo un manifiesto político –aclara-, sino del alma, pero termina siéndolo porque el alma está sufriendo, como la de tantos aquí”. 

Inaugurada el 27 de agosto, utilizando la plataforma virtual de Instagram (@espacio5), Signatures cuenta con videos dedicados a cada uno de los participantes y el texto de presentación de Marianela Guevara Zerlin. La curaduría y coordinación son de la artista Carmela Fenice.

@weykapu


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