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Ana Carrasco Conde: “Vivir es un verbo conjugado”

La filósofa española habla de la pandemia desde la muerte, la forma en que nos estamos relacionamos hoy con los otros, además de reflexionar sobre los conceptos de verdad y futuro

  • DULCE MARÍA RAMOS

01/06/2020 01:00 am

La pandemia ha cambiado nuestra forma de relacionarnos, de pensar. Vivimos presos de miedo, la incertidumbre y la palabra futuro parecen ser utopías. Huimos del silencio y la calma. La sociedad capitalista nos obliga a ser productivos las veinticuatro horas del día encerrados en las casas para cuidar de nuestra la salud. Los horarios ya no existen y el ocio hoy es un pecado. ¿Realmente estamos pensando en lo que pasa?

En la serie de entrevistas Voces en el Caos, El Universal entrevistó a Ana Carrasco Conde, filósofa y profesora en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros Infierno horizontal. Sobre la destrucción del Yo (2012), La limpidez del mal. El mal y la historia en la filosofía de F.W.J. Schelling (2013), Presencias irreales. Simulacros, espectros y construcción de realidades (2017), todos con el sello Plaza y Valdés Editores.

-Con la pandemia, el ser humano vive más presente el miedo a la muerte.
-Sí, hay un miedo a la muerte, pero es un miedo reprimido aún sabiendo que no somos inmortales. En la Edad Moderna el ser humano empezó una forma de autoengaño creyendo que podía vencer a la muerte. ¿Con la pandemia hoy somos más conscientes a la muerte? No, al contrario huimos de ella. Ahora la gente cuando sale a la calle tiene miedo, guarda distancia: parece que si yo me alejo de alguien, que pueda tener coronavirus, mi mortalidad está salvo. Pues no, la mortalidad la llevamos intrínsecamente.

"Por otro lado, siempre se ha pensado que la muerte es el fin de la vida. ¿Esta no es una forma equivocada de abordar a la muerte? La muerte no es el fin de nada, tampoco es lo contrario de vivir. La realidad es que vivimos muriendo. Debemos entender que la muerte no es el final, la muerte es estar en otra forma: no estar en cuerpo presente, sino en recuerdo presente. Esto es doloroso, no hay una vida después de la vida, lo que hay es la vida en el recuerdo de otras personas o de los seres queridos", prosigue Carrasco Conde.

-Claro, y a ese miedo se suma el miedo hacia el otro.
-La forma en como nos estamos relacionamos con los demás implica varias cosas. Siempre es el otro quien nos contagia, pero invisibilizamos el hecho de que también nosotros somos fuente de contagio. Proyectamos en el otro al monstruo, esto refleja que somos una sociedad tremendamente infantil por dos motivos: primero, el niño es el que piensa que nunca se va a morir porque no tiene conciencia de ello; segundo, en su narcisismo echamos siempre la culpa a los demás. Una sociedad infantilizada tiene que ver con la educación y un Estado paternalista que nos dice lo que tenemos que hacer y simplemente obedecemos sin actuar críticamente.

Y continúa: "El otro nos da miedo, pero ahora nos empieza a dar asco. Estamos viendo que hay un encapsulamiento del individuo en sí mismo. El ser humano debe tener una mayor madurez intelectual, se ha olvidado que para paliar la pandemia hace falta algo más que ciencia, debemos tener capacidad crítica para entender las desigualdades sociales, cómo funciona la sociedad, también la empatía para saber cuidarnos y cuidar al otro, aceptar que somos seres mortales, la muerte no es el final de la vida, es lo que nos acompaña".

-Otra emoción que aparece ante el temor a la muerte por la pandemia, es la impotencia de algunas familias que no han podido enterrar a sus seres queridos.
-Esto terrible, siempre hemos tenido la posibilidad de enterrar a los muertos. Despedirse permite visibilizar lo sucedido y colocarlo en un lugar distinto, reconoces la importancia que ha tenido esa persona en tu vida, en el momento que te puedes despedir ya no es una herida abierta. Por otra parte, más inquietante de no poder despedir o enterrar a los muertos, es no poderlo cuidarlo en su último momento. La vida no existe, lo que existe es el vivir. La vida es un verbo, un verbo conjugado. Cuando enterramos a los muertos, te permite conjugar ese verbo porque uno vive en los otros, no sólo desde la pérdida, también desde la ganancia de haber conocido a esa persona. Todo el proceso de duelo es porque al ser humano le cuesta mucho renunciar, perder y soltar.

-Ahora que ha nombrado la palabra “cuidado”, éste recae en la mujer.
-Cierto, el cuidado se asocia a la mujer. Esto se debe a dos elementos importantes: vivimos en una sociedad totalmente patriarcal que ha hecho una distribución de los cuidados dentro de la familia y la sociedad, de ahí que la mujer siempre se asocia a lo reproductivo, con la naturaleza y lo emotivo, y al hombre con lo productivo, la razón y la técnica. Fíjate que antes eran los médicos que evaluaban los cuerpos y las enfermeras quienes curaban a esos cuerpos. La mujer se hace cargo de la corporalidad, de la vulnerabilidad. Esto sólo puede cambiar con la educación. Schiller en su libro Cartas sobre la educación estética del hombre plantea construir una sociedad nueva o distinta apelando a la emoción, a la empatía, a la compasión y a otra serie de valores; la cuestión es que no sé si lo vamos hacer.


"El extremismo de las verdades debe ser desmantelado", dice la filósofa española (CORTESÍA BEGOÑA RIVAS)

-Hemos conversado sobre la muerte, la enfermedad... ¿y el futuro?
-El ser humano tiene tendencia a la planificación, es nuestra forma de estar en el mundo. Construimos sobre un pasado, vivimos en un presente y nos proyectamos en un futuro, de hecho parte de la idea del hombre como ser reflexivo que busca un sentido. Lo que ha pasado con el coronavirus es una ruptura con nuestros planes futuros, pero también una ruptura con el sentido de aquello que podíamos esperar. Así como te decía que no existe la vida, el futuro no existe. Hacemos una planificación de momentos que conocemos en el presente; es decir, lo que construye el futuro son los elementos que están ahora en el presente. Ahora no tenemos factores en el presente para construir escenarios en el futuro y es esa incertidumbre la que nos descoloca. Lo que tendríamos que preguntarnos no es qué haremos mañana o qué es lo que pasará, debemos preguntarnos cuál es el sentido de nuestras acciones en el presente porque con ellas construiremos el escenario que nos encontraremos en los próximos meses.

-Durante la cuarentena se le ha exigido a las personas ser productivas, no perder el tiempo.
-El tiempo de ocio se ha convertido en un tema de negocios para el sistema neoliberal y capitalista que lo único que le interesa es que todo el tiempo seamos rentables. Hemos olvidado que las grandes ideas culturales o científicas son aquellas que se dan en la calma, en el ocio. Debemos recuperar los momentos reflexivos para pensar, para no hacer nada. Trabajamos por inercia, estamos agotados de tanto trabajar y hemos eliminando los momentos de calma, de silencio, de estar solos con nosotros mismos.

"Al momento de estar sin hacer nada nos ponemos nerviosos, buscamos entretenernos, matar el tiempo -prosigue la filósofa-. Una cosa es no ser productivo para el sistema y otra no hacer algo productivo para ti. Cuando más entretenidos estamos, menos pensamos en los problemas que tenemos. Estamos construyendo una sociedad globalizada terrible, una sociedad paradójica, que nos obliga a rellenar el tiempo, rellenar nuestras cabezas para que se meta todo el ruido posible".

-Gran parte de ese tiempo lo llenamos con las redes sociales, he observado algo muy curioso: el aumento de fotos mostrando el cuerpo desnudo, pero ya no por los artistas o influencers, cada vez más lo hacen personas ajenas a lo público.
-Con la exhibición de los cuerpo en las redes se busca ser deseable, una conexión con el otro a través de un cuerpo superficial, en el sentido basado en la piel negando lo que hay debajo, y no me refiero al alma, me refiero a la dimensión física, porque debajo de la piel hay un organismo vivo que yo estoy negando. Esperamos ser deseados en una juventud que no queremos perder, como si siendo deseables estamos más lejos de la muerte.

-También con las redes sociales estamos bombardeados de fake news, ¿cómo debemos manejar el concepto de verdad?
-Estamos viviendo una crisis de la verdad, se ha manejado un concepto de verdad muy pobre, un concepto de verdad donde había un experto o una autoridad que tenía la última palabra. El concepto debería ser repensado y cuestionado. Hay una creencia ciega en los expertos, pero esto viene de los políticos, ya que los propios científicos saben que sus propias hipótesis van cambiando con el tiempo. La verdad debe estar sometida al análisis, debe ser cuestionada, expuesta a varios puntos de vistas, no ser aceptar de forma ciega. El extremismo de las verdades debe ser desmantelado y pensar en un dialogo crítico y lejos de los prejuicios para ver lo que más se adecúa a nuestras propias circunstancias.

-Si bien los filósofos hoy están opinando en los medios ante la ausencia de expertos: politólogos, sociólogos o instituciones como la Iglesia y la universidades, ¿no será más una reacción de la opinión pública ante la ausencia de intelectuales?, ¿hasta qué punto es peligrosa la banalización de la filosofía por parte de los medios?
-Es una pregunta compleja. Me gusta hacer una distinción entre reflexionar y pensar, la primera tiene que ver con el diálogo que tú haces contigo mismo y sacas una serie de respuestas, lo que Hannah Arendt llamó "solitud"; pensar se refiere a cuando lo hacemos con los demás. Cuando vemos a los filósofos más mediáticos en los medios, inmediatamente los juzgamos de narcisistas; quizás hay algo de cierto, pero también es posible que proyectemos nuestros prejuicios, debemos escuchar lo que dicen, a lo mejor es algo interesante, hay que tener valor de expresar tus pensamientos y tus ideas.

"Creo que hay que ser valiente para ser filosofía porque la filosofía va de atreverse y de intentar mirar el mundo de una forma distinta. La filosofía no existe como disciplina, es una forma de estar en el mundo y de pensarlo, de tratar de descolar las cosas, buscar las grietas, de ofrecer nuevas formas de mirar, de alumbrar nuevos horizontes. Hölderlin en el Hiperión decía que la filosofía tiene que tener la fuerza estética del poeta porque orienta la mirada y da idea de otro mundo posible", agrega.

-No puedo adelantarme a los acontecimientos, pero cuando entremos en una cierta instauración o restauración de eso que llaman “nueva normalidad” no recurriremos a aquellos que nos llevan a pensar de forma incómoda. Ojalá haya apertura de mente y de mundo, pero la comodidad hará que este afán de cuestionar todo desaparezca. Quizás, después los filósofos seamos muy incómodos.

@DulceMRamosR

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