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Mirla Castellanos: "No tengo ínfulas de estrella"

Al hacer un balance de sus 60 años artísticos, la cantante atribuye su permanencia a su disciplina, constancia y a los consejos de quienes la han guiado, entre ellos, Renny Ottolina y Joaquín Riviera

  • AQUILINO JOSÉ MATA

23/02/2020 01:00 am

Al celebrar 60 años de carrera, Mirla Castellanos hace un balance más que positivo. De su Valencia natal llegó a Caracas en 1959, luego de haber participado en varios programas radiales de aficionados. Y una vez aquí logra enganchar en Radio Caracas Televisión, primero a través del modelaje y de pequeñas apariciones en telenovelas. Poco después conocería al compositor Luis Cruz, quien a instancias de Ricardo Tirado -que la había oído cantar como solista del coro de la Iglesia de Santa Teresa- le propuso hacer una prueba para un grupo musical que estaba formando, Los Naipes, con el que debutó en 1960, en el Show de las 12, animado por Víctor Saume. No tardó en sobresalir y al año siguiente ya estaban lanzándola como solista.

En su nueva faceta comenzó a cosechar sus primeros éxitos, canciones como La tómbola, Recostada con la mano al cuello, Vete con ella y Dominique, entre otras, hasta que Renny Ottolina, entusiasmado por su buen hacer profesional, la convirtió en la estrella de su show. Lo demás se encarga ella misma de recordarlo en nuestra conversación, que inicia con su muy comentada participación en el espectáculo teatral Renny presente, dedicado a su mentor, que desde el año pasado llena todos los escenarios por donde ha pasado.

-Acabamos de finalizar la obra en el Trasnocho Cultural, donde nos fue magníficamente bien los seis días que estuvimos. Ahora volvemos al Centro Cultural BOD y después iniciaremos otro recorrido por varias ciudades de interior.
 
-¿A qué atribuye el éxito de ese espectáculo?
-A la sinceridad que emana, no hay nada inventado ni fuera de orden ni lugar, todo está muy documentado. En cuanto a mí, son también auténticas las anécdotas de mis inicios artísticos con él: el incidente del regaño por llegar tarde, la exigencia de cambiarme un traje que llevé que no le gustaba y todo lo que me aportó, que tan importante resultó para mi crecimiento artístico posterior. Desde el principio hasta el final, todo sucedió tal cual se relata y por esa autenticidad la gente lo respeta y acepta con agrado.

-¿Qué decir de estas seis décadas suyas en la música?
-Siento que estos sesenta años de carrera han pasado muy rápido, es increíble cómo pasa el tiempo sin que nos demos cuenta. No tengo nada preparado. Hay la idea de un homenaje en El Hatillo, pero no se ha concretado nada, estamos en conversaciones. A decir verdad, creo que los homenajes son bonitos, pero sinceramente no los busco y pienso que no me van, soy muy tímida para esas cosas.

-¿Lo mejor que le ha pasado en este tiempo?
-Seguir siendo vigente, ni moderna ni popular, sino vigente. La razón de esa vigencia es que soy una artista disciplinada, exigente conmigo misma; si tengo un show me empeño en que hay que promoverlo. Soy rigurosamente puntual, nunca he fallado, pues, como decía Renny, llegar tarde es una falta de respeto, cumplo todos y cada uno de mis compromisos. No tengo ínfulas de estrella ni nada de eso. Hay que equivocarse para poder aprender y yo aprendí.

-¿A qué debe su permanencia?
-A que constantemente estoy trabajando. Gracias a Dios me mantengo activa. El 31 de marzo cumplo 79 años y a veces me siento cansada y me digo que a lo mejor llego hasta ahí: odio los tacones, memorizar me cansa y cosas por el estilo, pero no me fastidio por eso y sigo adelante. Lo que he hecho hasta ahora me gusta, me llena artísticamente. Sé que a algunos les gusto y a otros no, pero no me arrepiento de lo hecho hasta ahora. He vivido una vida buena y la volvería a vivir, con sus fortalezas y debilidades.

-He tenido la suerte de contar con la ayuda de mucha gente valiosa, que me ha aportado cosas muy importantes en mi desarrollo profesional, gente como Oswaldo Yepes, Ricardo Tirado, Luis Guillermo González, Guevarita, mi primer manager, y otros que vinieron después, como Roger Izzedin y Luis Capecchi. Y mi marido (el empresario Miguel Ángel Martínez), fundamental en mi contratación en el sello español Hispavox, que me dio a conocer internacionalmente. Estuve 18 años contratada en Radio Caracas y me fui a Venevisión por mil bolívares más. No fue lo económico lo que me movió a irme, sino seguir creciendo en lo artístico. Estoy ahí desde entonces.

-Al hablar de Venevisión, es inevitable recordar a Joaquín Riviera…
-Joaquín Riviera fue fundamental para mí. Descubrió mis potencialidades y me ayudó a explotarlas para mi beneficio artístico. Era un gran productor, exigente y profesional a carta cabal, un profundo conocedor de su oficio, donde era uno de los grandes. Nunca me falló y yo a él tampoco. Seguía al pie de la letra sus indicaciones: me aprendía las canciones y las rutinas de cada presentación, iba a grabar a tiempo. “Me encanta trabajar con gente como tú, nunca cambias”, me decía siempre. A él le debo mucho de lo que soy.

-¿Qué recuerda de su época en RCTV?
-Allí pasé años maravillosos, demasiado buenos. Fue la casa donde debuté desde mi llegada a Caracas. Empecé de extra, de modelo, hacía bulto en las telenovelas, hasta que me descubrieron como cantante y debuté en El show de Saume con Los Naipes y posteriormente como solista. Tuve un programa maravilloso, El y ella, además de los de Renny Ottolina: El Show de Renny y Renny presenta.

-¿Qué le aportaron a su carrera los festivales de canciones?
-En la maravillosa época de los festivales de canciones me llamaban “cuarto lugar” (por la posición que generalmente alcanzaba en ellos), pero fueron invalorables en mi proyección. Estuve a punto de competir en San Remo, pero no pude hacerlo porque eliminaron la canción Maravilloso, que Domenico Modugno había compuesto para mi participación. Sí pude hacerlo en el de Benidorm, España, donde gané con Ese día llegará y en el de Palma de Mallorca obtuve el segundo puesto con Oh Danny, Oh Danny. En México gané el premio a la mejor intérprete y la canción que defendí, Con los brazos cruzados, clasificó en el segundo lugar, por encima de El triste, de José José, que figuró en el tercero.

-Aquí en Caracas alcancé el primer lugar del Festival Mundial de Onda Nueva, organizado por el maestro Aldemaro Romero, con un tema de Manuel Alejandro titulado Fango. Especialmente importante para mí fue también el primer Festival de la Voz de Oro, en Barquisimeto, donde quedé en el segundo lugar con Dio come ti amo, de Domenico Modugno, mientras que Héctor Cabrera ganó con Rosario, de Juan Vicente Torrealba y Alfredo Sadel obtuvo el tercer puesto con Toledo, de Agustín Lara. Imagínate, ser premiada junto a esos dos monstruos. Fui muy beneficiada en esos eventos, que tanta proyección y arrastre popular tuvieron en su momento.
 
-¿Está satisfecha con su repertorio de éxitos?
-He tenido suerte y he coincidido con el gusto de las disqueras a la hora de escoger mis canciones. Tengo una excelente vida discográfica. Que algunas de esas canciones pegaron y otras no, es otra historia. Debuté con Velvet, seguí en Sonorodven y continué con el sello español Hispavox, con el cual iba grabar todos los años en Madrid y mis canciones fueron éxito casi todas. Tengo intuición para escoger mis canciones. Muy pocas veces he dicho que no me gustan. Hay que saber escoger un repertorio y creo que tengo esa habilidad. Hay cantantes muy buenos, pero sin un buen repertorio.

-¿Cómo llegó la canción Venezuela a su repertorio?
-La primera vez que escuché Venezuela fue en la voz de Balbino, quien la dio a conocer, el creador de esa interpretación, compuesta por los españoles Pablo Hererro y José Luis Armenteros. Dicen que José Luis Rodríguez no la grabó cuando se la compusieron porque parece que a su mánager no le gustó, no lo sé. Creo que si él la hubiera grabado hubiese sido igualmente un éxito. En mi caso, la grabé para un disco que hice por los 90 años de Ponche Crema, con Carlos Moreán como arreglista y director musical, y en donde incluí emblemas de nuestra música como Caballo viejo, Ansiedad y Valencia, entre otras. Me la dio Miguel Ángel, mi marido, y cuando era candidata a la Alcaldía de Baruta ese era mi tema de campaña.

-¿Y El abuelo?
-Lo mejor de haber grabado esa canción, fue que me permitió conocer a Alberto Cortez, su autor. Con su muerte se me fue un gran amigo, hay un libro suyo donde me nombra, yo lo amo. Grabé varias canciones de él, además de El abuelo. Una vez, viviendo en España, Miguelángel Landa, entonces mi marido, la escuchó en un taxi y me la comentó. Días después compró el disco, la escuché, me enamoré de la canción, la grabé y la estrené con Renny. Napoleon Bravo fue el que la dio a conocer en Radio Capital. Es una de mis canciones emblemáticas. En mis shows no puedo dejar de cantarla, igual que Muera el amor, La tómbola, Dile a tu nuevo amor, Dominique y otras. He tenido tantos éxitos, que a veces tengo que cantarlas en popurrí, pues el show se alargaría mucho.

-Maquillaje, estilo y elegancia son otros signos de su imagen artística...
-Es verdad, siempre he cuidado este importante aspecto. Lo conseguí oyendo a personas que saben de eso. Cuando iba a hacer una sesión de fotos me llevaba un figurín para fijarme cómo posaban las modelos y yo repetía sus poses. Luis Capecchi, mi manager, me ha puesto a valer en ese sentido. Por supuesto que no voy a fiestas con mis vestidos de shows, porque no son para eso. Cuando en el Miss Venezuela de 2003 hice el homenaje a Joaquín Riviera, me diseñaron un traje bellísimo, muy de ese momento, para el show. Una periodista, que no voy a mencionar, me preguntó si además de lucirlo en el espectáculo del Poliedro, sería capaz de ir a un matrimonio con él, le dije que no, “pero sí por la avenida Bolívar y la esquina de Carmelitas”, le remarqué en broma para salirle al paso a su malévola pregunta. Es que ese detalle de la ropa para mí también es importante. Ese vestido que te menciono no es adecuado, por ejemplo, para el BOD. Hay que buscar el escenario preciso para cada atuendo.

-¿Dónde guarda toda esa ropa?
-En mi casa no hay closets, sino tubos donde cuelgo los atuendos de los shows, que son muchos, aunque he regalado bastantes a mis amigos gays que hacen presentaciones imitándome, al igual que collares, zarcillos y otros accesorios. Cuando me muera quiero que hagan una subasta para vender esos trajes, pelucas y accesorios y el producto de lo recaudado lo donen a una institución benéfica.

-¿Sabe conciliar la vida familiar con su trabajo?
-Por supuesto. Yolanda José, mi única hija con Miguel Ángel Martínez, vive en Madrid, está casada y tiene 4 hijos. A ellos los visito cada vez que puedo. Tengo otros dos nietos, hijos de Miguel Ángel (el menor de los dos que tuvo con Miguel Ángel Landa, su primer esposo). Son seis nietos, que adoro y vivo pendiente de ellos. Miguel Ángel es un magnifico marido, tenemos 43 años casados, tiene un humor muy negro, pero es un excelente esposo. Nos llevamos muy bien. Aunque tenemos nuestros encontronazos, los solucionamos. El no fastidia y yo no lo fastidio, respetamos nuestros espacios. Me ayudó bastante en mis últimos 30 años de carrera, aunque ya está retirado de eso. Realmente le debo mucho.

-¿Por qué no se ha ido de Venezuela como muchos otros artistas?
-Me quedo aquí, porque quiero ver el final del régimen, que nadie me lo cuente. Voy a visitar a mi familia, pero me regreso y sigo sufriendo los avatares a los que nos enfrentamos los venezolanos, porque a veces el dinero no nos alcanza ni para comer. Espero que Dios nos ayude a salir de esto con un final bonito, alegre, con una gaita sabrosa.
 
-¿Cree que ese final está cerca?
-Las cosas terminan, como todo, pero creo que los ciudadanos tenemos que poner de nuestra parte para que así suceda, gobierne quien gobierne, no me quiero meter en aguas profundas. Lo que sí deseo de todo corazón es la libertad para mi país. Cuando recuperemos la democracia, quiero que vuelva mi bandera de las siete estrellas, mi Bolívar flaco y con su nariz perfilada y mi escudo con el caballito mirando hacia el lado que conocí desde niña. Esa democracia nos la dará “el propio”. No lo nombro, pero tú y yo sabemos de quién se trata (ríe).

@aquilinojmata

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