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LUIS RODRÍGUEZ RONDÓN

MIRADA EXPUESTA | “Vivir juntos. Morir solos”

Estudiante de Comunicación Social, el fotógrafo caraqueño de 22 años reflexiona con esta serie sobre la soledad y su conexión con la muerte

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

09/02/2020 01:00 am

No sé por qué extraña razón, Luis Rodríguez Rondón no es el primer aprendiz de fotografía que recurre a un asilo de ancianos para comenzar a construir un discurso a partir de las imágenes que estos centros de atención le pueden ofrecer. En todos los casos, hay temas recurrentes en esas exploraciones: la soledad, el abandono, el olvido, el ocaso de la vida y la muerte.



“Al iniciar esta serie, se nos dijo a todos los que cursábamos la cátedra de fotografía que teníamos que buscar aquello que demandara nuestra atención, que provocara en nosotros la necesidad de trasladar las palabras a emociones, mediante un discurso narrativo plasmado en imágenes”, comenta el joven caraqueño de 22 años.

Rodríguez Rondón se enfocó en principio en el tema de la soledad y sus vínculos con la muerte, con su inexorable cercanía. “Tanto la Casa Hogar Tía Olga, como las personas que allí residen, parecen sosegados bajo una inerte espera. La espera de sus últimos días”, comenta.



En esa casa hogar, ubicada en los Valles del Tuy, el fotógrafo entró en contacto con seres humanos abandonados por sus propias familias. “Allí, las humildes instalaciones les ofrecieron la soledad que se hizo rutina en sus vidas. Pero después de haber visitado el ancianato en más de 5 ocasiones, me di cuenta que tanto las personas como el lugar, solo invitaban a un destino: el olvido”, agrega.



Dice el fotógrafo: “Aunque suene mezquino eso de interpretar un sentimiento y luego atribuírselo a un tercero, no había otra alternativa, a simple vista, que pudiese indultar la conjetura a la que había llegado. La soledad es un estado al que la persona llega por dos carriles: por decisión propia, o por factores externos que lo llevaron a ese desenlace. En cambio, el olvido es algo impuesto, no es una circunstancia que la persona llega a escoger, y mucho menos seres que padecen de problemas renales, cardíacos y hasta psicológicos”.



Asegura el autor de Vivir juntos. Morir solos que sus imágenes “no buscaban solamente retratar a los ancianos, sino demostrar que todo lo que nos rodea sufre de la misma enfermedad, están recluidas en las mismas penumbras en las que fueron olvidadas”.



Las fotografías de la serie fueron tomadas en blanco y negro para acentuar la sensación de tiempo transcurrido. “La casa hogar contaba con pocas luces artificiales, por lo cual la gran mayoría de las fotos se hicieron con luz natural, tratando de resaltar las sombras y los distintos matices que podían ofrecer el lugar y quienes lo habitan”, explica Luis Rodríguez Rondón.



Como experiencia, el fotógrafo comenta que lo que él contempló “reflejaba una estruendosa dualidad entre el deseo y el miedo. El deseo, por una parte, consta en el anhelo de poder relacionarse nuevamente, de sentirse apreciados una vez más… pero este deseo contrastaba con su más profundo terror, el de ser olvidados nuevamente. Por eso, estas personas escogieron vivir juntos en el anonimato que el lugar emana desde sus cuatro esquinas, y morir solos, para nunca más volver a ser olvidados”, concluye Rodríguez Rondón.

mirada.expuesta@gmail.com

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