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ALEXANDER APÓSTOL

MIRADA EXPUESTA | "Residente Pulido: Ranchos"

Lejos de lo que se piensa, este ensayo fotográfico con el que Apóstol estuvo presente en "Al encuentro", es la confirmación de que las edificaciones informales siguen patrones modernistas

  • JUAN ANTONIO GONZÁLEZ

01/12/2019 01:00 am

El artista visual Alexander Apóstol mostró por primera vez su serie Residente Pulido en la exposición Utópolis, la ciudad 2001 y luego en la XXV Bienal de Venecia. Dos años después presentó Residente Pulido: Ranchos. En ambos cuerpos de trabajo, el fotógrafo documentó e intervino digitalmente las imágenes de las viviendas y construcciones características de las comunidades surgidas en la periferia de Caracas. El segundo de esos ensayos fotográficos fue expuesto recientemente en Al encuentro, muestra que desde la Sala TAC, de Trasnocho Cultural, hizo una revisión profunda de los fenómenos sociales que distinguen la ciudad.



A esas edificaciones signadas por la precariedad, Apóstol las despojó de puertas, ventanas y balcones para transformarlas en especies de atalayas inexpugnables que, a su vez, denuncian el estado de indefensión de la población que habita en los llamados “cinturones de miseria” que bordean el valle ante el continuo auge de la inseguridad.

Como bien lo escribió Alejandro Varderi en el artículo de opinión “La Venezuela de Alexander Apóstol: apuntes para una mirada kitsch”, publicado en la revista Viceversa: “Residente Pulido (2001) y Residente Pulido: Ranchos (2003) repasan el parque arquitectónico moderno, interviniendo digitalmente las fachadas de edificios y chabolas para cegar ventanas y puertas a fin de que no haya posibilidad de acceder a ellos o abandonarlos. El artista genera bloques sólidos o cárceles improvisadas donde la existencia transcurre a espaldas del exterior, espejeando el exilio interior en que la oposición al chavismo fue encerrándose, mientras se histerizaba el proceso revolucionario, se descontrolaba el hampa y se desprestigiaban las instituciones que una vez garantizaron la seguridad de los ciudadanos” (enero, 2015).



Pero Apóstol, además, va más allá al remitir, en una primera lectura de su trabajo, al proceso de movilización poblacional que ha caracterizado a Venezuela, con una migración masiva de personas hacia la zona centro-norte del país, producto de un modelo económico fallido basado en la renta petrolera y el abandono del campo.

Y concluye el artista, residenciado en España, en el texto que acompañó sus imágenes en Al encuentro: “Estos edificios, construidos bajo parámetros totalmente espontáneos y según las necesidades inmediatas del dueño/constructor de la vivienda, siguen –tanto en su estructura como en sus planteamientos formales– una tradición modernista, como los edificios que se levantan en el valle formal de la ciudad. Ubicados en lo alto de los cerros (colinas) de la ciudad, y debido a la parquedad de sus ventanas y del uso de sus espacios, estas edificaciones lucen como múltiples fortalezas a lo largo del perfil de la ciudad de Caracas”.



Una Caracas habitada por grupos humanos ajenos a cualquier tipo de beneficios socioeconómicos y que no encuentran otra forma de supervivencia que el autoaislamiento, el amurallamiento, el encierro aceptado... Una burbuja desde cuyo interior se alimenta ese peligroso espejismo del progreso que solo las grandes ciudades pueden proveer.

mirada.expuesta@gmail.com

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