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A CONTROL REMOTO

Martin Scorsese retoma sus pasos

El director italoamericano aborda otra historia de la mafia en “El Irlandés”, su más reciente película, un pretexto para contar también la crónica oscura de los Estados Unidos

  • AQUILINO JOSÉ MATA

22/11/2019 08:35 am

Una visión madura y desmitificadora de la figura del gánster tal y como la conocemos, es la que ofrece Martin Scorsese en su más reciente filme, El Irlandés (The Irishman), en lo que constituye un retorno a su mirada en torno al crimen organizado, tema de varias de sus obras más celebradas, como Buenos muchachos (1990), Casino (1995), Bandas de Nueva York (2002) y Los infiltrados (2006). Se trata, de acuerdo a la opinión predominante en la crítica internacional, “de una ofrenda a sí mismo y a gran parte de su cine más influyente”, con tres estrellas emblemáticas del género: Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci. Igualmente, es una bien urdida “crónica negra de un país, los Estados Unidos”, cuya historia ha estado no pocas veces manchada de sangre.

El Irlandés es la semblanza de tres hombres que cambiaron el devenir de su país. Todo comenzó por casualidad cuando un veterano de guerra llamado Frank Sheeran -interpretado por Robert De Niro-, conoció a Russell Bufalino -al que da vida Joe Pesci-, padrino de la mafia de Pennsylvania, en una remota gasolinera. Sheeran trabajaba como repartidor de carne y se le había estropeado el motor del camión. Bufalino lo ayudó a ponerlo en marcha y nació entre ellos una amistad que más tarde lo convertiría en su “chico de los recados”.

Durante años, Sheeran, conocido como “El Irlandés”, fue un sicario de la mafia de probada eficacia y sangre fría. Pero un buen día Bufalino le presentó a Jimmy Hoffa -Al Pacino-, uno de los líderes sindicales más poderosos de Estados Unidos. Entonces se convirtió en el hombre de confianza de este y pasó a formar parte de las amistades íntimas de algunos de los círculos más poderosos -y peligrosos- del país. Scorsese narra los momentos álgidos y los más bajos de un triángulo de poder, al tiempo que conforma una crónica a través de cuarenta años de siglo XX. El realizador aborda contundentemente un relato sobre cómo los ideales siempre estuvieron un escalón por debajo de los intereses en Estados Unidos y de cómo líderes sindicales se codeaban con la mafia mientras decían defender los derechos de la clase trabajadora. También muestra cómo la Cosa Nostra apoyó a líderes conservadores como Nixon y este les devolvió el favor mediante indultos y cómo los Kennedy cargaron con el peso de la legalidad contra el crimen organizado y cómo este supo defenderse y atacar.

Pero El Irlandés no se limita a ser una crónica de tiempos aciagos, que ya es mucho. Es también una suerte de reescritura audaz de una forma de entender el cine criminal y sus héroes. Un cine que Scorsese ha trabajado durante años y del que él mismo es y será adalid. Desde Calles peligrosas (1973) hasta la serie de HBO Boardwalk Empire (2010), pasando por Buenos muchachos (1990), el director siempre se ha servido de determinados prototipos masculinos para configurar su cine. Johnny Boy, Travis Bickle, Jake La Motta, Rupert Pupkin, Henry Hill, Nicky Santoro, no son solo personajes de sus películas: son también modelos de conducta ampliamente influyentes en la ficción contemporánea. A sus 76 años, ha dado un paso adelante para abordar el crepúsculo de todos ellos. Ha reescrito lo que significaban para él aquellos mafiosos para ofrecer una solvente lectura moral de lo que serían ahora si tuviesen su edad. Lo ha hecho captando y profundizando en la vejez y la degradación moral y física de los personajes de De Niro, Pacino y Pesci. El resultado es del todo fascinante, remarcan los críticos.

Scorsese propone una especie de búsqueda de redención emprendida por Frank Sheeran en sus últimos años de vida, todo ello para ofrecer un retrato de un hombre completamente solo y abandonado por su familia y amistades. En sus casi tres horas y media de duración, El Irlandés se explaya básicamente en el trío protagonista. Las mujeres que rodearon a Sheeran, Bufalino y Hoffa son poco más que accesorias: cuerpos que fuman, visten trajes de baño o son blancos de chistes machistas, pero también hijas a las que proteger o nietas a las que amenazar.

La investigación en la que se basó el realizador italoamericano para rodar su ambiciosa película, que para más señas es producida por Netflix, duró unos 20 años, hasta que finalmente logró el financiamiento por parte de la plataforma de streaming que de esta manera da otro paso contundente para establecerse con arraigo en el ámbito cinematográfico, como ya lo hizo el año pasado con la laureada Roma, de Alfonso Cuarón. Esta obra, que esperamos ver más temprano que tarde en Venezuela, es en el fondo una mirada teñida de pesimismo sociopolítico y un sentido católico de la moralidad en los Estados Unidos posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Tanto por las expectativas depositadas en este filme como por la polémica técnica de rejuvenecimiento digital de actores, El irlandés lleva tiempo en boca de los medios. Y así seguirá en la temporada de premios, donde le han augurado no pocas nominaciones. Muchos lo dan inclusive como una fija para el Oscar de Hollywood.

@aquilinojmata

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