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Manuel Trotta: "Quiero que mis películas conmuevan"

"El astronauta" entró oficialmente en la carrera de los aspirantes al Oscar en la categoría mejor corto de ficción

  • MARITZA JIMÉNEZ

17/11/2019 01:00 am

Después de participar en 25 festivales internacionales de cine, recibiendo diez premios en total -seis del público y tres del jurado-, "El astronauta" de Manuel Trotta Gamus entró oficialmente en la carrera de los aspirantes al Oscar en la categoría mejor corto de ficción.

"Es apenas el inicio, porque todavía quedan muchos filtros que pasar para finalmente estar nominado entre los cinco mejores, Pero llegar aquí es un logro inmenso. Significa que estamos en la lista de 150 seleccionados entre unos 40 mil cortos producidos mundialmente en el año", afirma.

Además, esta conmovedora historia con la que el venezolano reivindica el cine de contenido, también captó el interés de una de las grandes cadenas de entretenimiento, HBO, que lo agregó a su programación para mantenerla por dos años en todas sus plataformas de cable y "streaming".

"Pero mi gran orgullo no son los premios, sino la perseverancia", sostiene, recordando que su trabajo tuvo "innumerables rechazos y muy pocas personas saben que hay más de cinco años de trabajo fuerte y constante detrás de esto".

Un viaje personal

Esta película ha sido para él un viaje en muchos sentidos. Primero, en la pantalla, el de su personaje cuando acude en búsqueda de su padre (Luigi Sciamanna). Luego, el suyo propio como creador.

"'El astronauta' es mi hijo", afirma. "Es mi obra debut en el cine ejerciendo tres roles. Pero sobre todo mi viaje personal, donde encontré mi propia voz como artista".

Nacido en Caracas en 1985, desde niño dio muestras de su pasión por la actuación, en su empeño en disfrazarse hasta para ir a la escuela, y luego imitando personajes, como Michael Jackson, con los cuales montaba escenarios completos con sus amigos.

-Bailaba, me disfrazaba el día entero, escribía comics, dibujaba, filmaba todo lo que me pasaba con la handycam de la casa. Imitaba. Pero nunca me planteé hacer hacer de eso una profesión. Y cuando me preguntaban que quería ser de grande, respondía de forma general abogado, psicólogo, profesiones tradicionales.

Finalmente ingresa a Comunicación Social en la UCV "porque se parecía a mi mundo, pero no estaba convencido del todo", afirma. Sin embargo, la filmación de dos cortos como trabajo escolar, en los que ya asoma su visión personal como cineasta, le hace comprender que el cine "era una pasión demasiado grande".

-Creo que una de las primeras obras en formato serio fue un documental que hice sobre los malabaristas que pedían dinero. Me acuerdo que la asignación era muy tediosa y teórica y yo decidí hacer el documental. Se llamó "Malabaristas semaforeros".

El siguiente fue Alex, sobre un guardia de seguridad cuya soledad lo conmovía. "Son personas olvidadas por la sociedad, como si fueran parte del paisaje", afirma sobre este trabajo, con el que participó en el festival Filminuto. 

Del teatro al cine

Mientras estudia la carrera, toma cursos alternativos de fotografía, guion, edición, y empieza "en serio" su preparación como actor:

-A los 18 años hice un curso con Elia Schneider y más nunca quise separarme de la actuación. Me comprometí a eso con distintos talleres e instructores por más de cinco años. Siempre digo que ella es mi madre artística y que me gradué de actor el día que monté mi propia obra, La maña, un unipersonal tragicómico argentino original de Damian Dreizik sobre un náufrago que no tiene las habilidades de sobrevivir, lo que hace reflejo de la sociedad en la que nos hemos convertido. Volvemos a la pasión por la condición humana.

Instruido por Schneider sobre la importancia de ser autogestores, "porque el actor pasa mucho tiempo esperando", nació en él la idea de hacer sus propios proyectos, "como una forma de promover mi trabajo". Así surge "El astronauta", como un proyecto que alguien más dirigiría:

"Pero me animé, me formé y me gustó la experiencia. Cuando actúo en proyectos ajenos es diferente. Hace tres años actué junto a Ricardo Darín y fue una cátedra. Pero mientras esos proyectos continúan, estoy encantado haciendo los míos, porque es en lo que creo. Que dicen algo, que aportan algo.

-¿Cómo se definiría como cineasta? ¿Cuál sería su ars poética o intención tras la cámara?
-Me apasiona relatar historias íntimas, con un conflicto universal. Cuando entro a una sala, quiero que la película me conmueva y cuando eso sucede es mágico. Eso trato de hacer con mis historias: llegar a la parte más visceral del espectador. Estoy fascinado con el comportamiento humano en situaciones particulares, eso sucede en "El astronauta". ¿Qué haría un hijo que debe llevar a su padre a una casa de cuidados, pero el padre no quiere irse porque debe llegar a la luna primero? La condición humana, lo que nos conecta, lo que nos desconecta. De eso se trata. Una evaluación de cómo vivimos, pero sin intención de aleccionar a nadie.

El astronauta tras la cámara

La historia de esta laureada película quizás empezó mucho tiempo atrás, cuando, muy niño aún, Manuel Trotta visitaba a su familia paterna en Reconquista, un pequeño pueblo en Argentina del que su padre fue el único en salir.

"Esa imagen se quedó en mi memoria y es la que da inicio a 'El astronauta': el hijo de ciudad hiper conectado y el padre arraigado al pueblo, con tiempos distintos y una fantasía muy particular", acota.

-¿Qué ha significado para Ud. la reacción que ha producido con su corto?
-Lo que más atesoro es cuando alguien se acerca a decirme que la historia lo conmovió, que se conectaron hasta las lágrimas. Eso me ha pasado en diferentes países con diferentes personas. Desde gente culta y formada en Nueva York, hasta indigentes en Cleveland. Cuando te das cuenta de que le llegas a cualquier estrato social, gente de cualquier lugar del mundo, siento que me llevo el premio más valioso de todos.

-Sin embargo, las cosas no siempre fueron tan positivas.
-Tengo que decir que el corto lo pensé con mucha visión para crear lazos con artistas latinoamericanos. Tenía el sueño de participar en festivales en Colombia, Argentina, México, Cuba. Cuesta entender que un corto que giró por tantos lados, y participó en festivales tan prestigiosos, no fuera considerado en estos países. Eso me generó dudas de cómo se llevan a cabo las cosas aquí, y del verdadero interés en respaldar al cineasta independiente. El corto lo mantuve en español, lo hice lo más venezolano posible, y sin embargo la gente que lo ha valorado ha sido la de Rumania, Estados Unidos, Canadá, Francia, Turquía y España.

En busca del largometraje

Acostumbrado a la batalla, ahora se prepara para librar otra: llevar su corto al largometraje.

-¿Por qué esa decisión?
-Un largometraje genera oportunidades diferentes para el proyecto. Si se hace bien, se puede lograr una distribución importante, llegar a mucha gente. Creo que el cine de autor está en un momento difícil porque o no se ve o es aplastado por las franquicias hollywoodenses. Hay mucho cine interesante, pero a la vez hay mucho cine que no tiene nada que decir, solo entretener.

-Pero está consciente de que es una dura pelea.
-Sí, hacer un largometraje independiente toma mucho tiempo, sobretodo porque debes buscar fondos y son procesos muy lentos, y muchos concursos en los que debes participar. Ya estoy tocando la puerta en muchos países, desde Holanda a Argentina, pasando por España y Estados Unidos. Sé que es un viaje de muchísimos rechazos. Pero si tuviera el dinero, la filmaría mañana.  

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