Espacio publicitario

Mónica Ojeda: “Intento ser descarnada y honesta cuando escribo”

La escritora ecuatoriana, invitada a la recién finalizada Feria Internacional del Libro de Bogotá, ha sido reseñada por "The New York Times" como una de las mejores autoras de su generación

  • DULCE MARÍA RAMOS

12/05/2019 01:00 am

Mónica Ojeda es junto a Gabriela Alemán y María Fernanda Ampuero, una de las escritoras ecuatorianas más relevantes de su generación; de hecho, su trabajo literario y el de sus pares fue destacado hace poco por The New York Times en español.

Ojeda comparte su vida entre la escritura y la docencia, además continúa, ya como proyecto personal y no académico, su investigación sobre la literatura pornoerótica en Latinoamérica. A pesar que sufre otro tipo de violencia, al menos en Madrid se siente libre de caminar por las calles, cosa que no pasaba cuando vivía en Guayaquil.

Sus más recientes novelas Nefando (2016) y Mandíbula (2018), publicadas por Candaya, han sido bien recibidas por los lectores y la crítica. Ojeda es una autora consciente del momento histórico que viven las mujeres en la literatura y de la importancia de consolidar espacios tanto en las letras como en lo político, eso sí sin olvidar a las escritoras que la antecedieron.

-Si algo caracteriza su escritura es el empleo de un lenguaje poderoso, auténtico y sin tabúes.
-Lo que hay en mis libros es lo que soy, son un ejercicio de desnudez. Intento ser descarnada y honesta cuando escribo, creo que desde allí puede salir una literatura realmente potente. En la vida real tengo más miedo a desnudarme. De ahí que en la literatura soy mucho más exhibicionista y mucho más valiente para decir las cosas. Soy cobarde en mi vida diaria y la literatura es mi único resquicio de valentía.

-¿Cuándo nació su necesidad de narrar?
-Desde siempre tuve la necesidad de trabajar con la palabra, la necesidad de narrar. Lo que me ha interesado es el tránsito ficcional para llegar a una verdad que es emocional. Para mí, la ficción y la verdad van juntas. También viene de mis lecturas poéticas, soy narradora y una lectora voraz de poesía. La lectura poética me ha enseñado que la palabra tiene una capacidad sensitiva, sensual y sensorial de estimular la imaginación, pero a su vez de desatar emociones en la carne. Ahí me di cuenta que la literatura no es solo una historia, es el arte que, a través de las palabras, puede esculpir emociones a quien la lee. Eso es para mí un poder casi mágico, al estilo de un chaman que te lanza un conjuro. Y sí, la literatura es un conjuro que vas leyendo y de repente te tiemblan las manos o te sientes triste con las palabras de alguien que murió hace cincuenta años. Yo quiero escribir para que alguien me lea y se estremezca.

-¿Qué opina sobre la presencia de Ecuador en la FILBo? Y, en general, ¿de las mujeres en la literatura?
-Es muy interesante lo que está ocurriendo en Ecuador, ha sido un país bastante invisibilizado, pero que siempre ha tenido una literatura de alta calidad, especialmente en poesía. En cuanto a la literatura femenina, se ha dado que en este momento específico de la historia se está leyendo a las mujeres no con condescendencia, sino con la apertura de ver cuáles son sus propuestas y mirada sobre el mundo. Ahora que podemos ser leídas, debemos rescatar a nuestras antecesoras; por ejemplo, en Latinoamérica tenemos muchísimas autoras que en su momento no se leyeron como Armonía Somers o Lupe Rumazo, y ahora merecen ser leídas. Las mujeres siempre hemos sido una mirada sobre el mundo distinta a la violencia que los hombres no ven por su lugar de privilegio; tenemos una mirada de aguja.

-Sin embargo, el machismo sigue dominando el ámbito literario, a pesar que la presencia de las escritoras en las ferias y festivales ha aumentado.
-Es cierto que en el mundo literario existe una situación misógina, debes demostrar muchísimas cosas para que te quieran leer con seriedad y no terminen hablando de tu cuerpo. En Ecuador, por ejemplo, todas las escritoras en algún momento sufrimos algún comentario o situación abusiva por parte de los escritores, y a lo mejor ellos ni se daban cuenta cuando te hacen determinados comentarios creyendo que eran halagos o piropos. Una no viene a una feria del libro para que te digan que eres bonita o que eres “la Lolita ecuatoriana”. Es muy duro. El cuerpo de la mujer se socializa como si se pudiera tocar, tu cuerpo es visto y tomado desde un punto de vista distinto y de ahí que sea sometido a una violencia increíble. Por eso mi escritura tiene un compromiso literario y político, las mujeres que escribimos hoy estamos haciendo algo revolucionario porque venimos de la calle y no de las élites literarias.

-Sus más recientes novelas son muy cercanas a los lectores de hoy que han nacido y crecido con la tecnología
-Muchas veces se ha abordado el tema en la literatura, quizás no con la calidad que amerita. La tecnología e Internet en mi obra forman parte del artefacto literario, pero no son el elemento central. Hace poco, Samanta Schweblin dijo que el problema no es la tecnología, sino la gente que está detrás. En el caso de Nefando es el deseo, el daño y el abuso infantil, y son justo Internet y las redes sociales donde más se difunden; en Mandíbula, son las chicas fanáticas de las películas de horror y los “creepypastas”. Es terriblemente difícil de escribir sobre el presente porque lo tienes tan cerca que no te permite analizarlo con la distancia que necesita un escritor para hablar de ciertas cosas. De ahí que tienes que generar un tipo de observación distinta, por eso parto de contar a partir de aquello que me interpela emocionalmente y hacer una literatura que sea verosímil.

-¿Quiere que el lector busque desamparo o certeza en sus novelas?
-Que lo inquieten, no como una palabra teñida por una acepción negativa, quiero que salgan de su zona de confort, es algo que también busco cuando escribo. Creo que si no tenemos un momento para hundirnos en las emociones que nos componen como seres humanos, la capacidad que tenemos de sentir el sufrimiento o alegría de los demás se hace más pequeña. La empatía se tiene que ejercer todos los días como la escritura y la lectura. La literatura puede, no siempre lo hace, hacernos mejores personas.

-Algo muy llamativo en Nefando es la serie de dibujos que recuerda mucho Los detectives salvajes de Bolaño.
-Es una idea que está emparentada, pero lo que hice fue reformularla. En Detectives tiene un cariz humorístico; en Nefando un cariz filosófico y a la vez trágico, doloroso, porque tiene que ver con la desarticulación del lenguaje que sufre una persona ante un trauma, en parte es lo que sucede con los niños que son abusados y no tienen experiencia con el lenguaje y no saben cómo expresarlo, por eso los dibujos infantiles en la novela tienen un sentido metafórico.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira Mónica Ojeda?
-Mi ventana de vida y literatura es la misma. La literatura es mi forma de amar, mi compromiso político, mi forma de ser violenta, mis perversidades, también mi lado bueno. Mi ventana se nutre de todo lo que me hace ser un ser humano.

@DulceMRamosR 
Siguenos en Telegram, Instagram, Facebook y Twitter para recibir en directo todas nuestras actualizaciones

Espacio publicitario

Espacio publicitario

Espacio publicitario

DESDE TWITTER

EDICIÓN DEL DÍA

Espacio publicitario

TE PUEDE INTERESAR

Espacio publicitario