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Las bases del plan

Para que la oposición tenga un horizonte de éxito, su único discurso no puede ser “lo malo que está la cosa”; se requiere uno “de fondo”, que explique por qué la cosa está mala y qué es lo fundamental que hay que cambiar...

  • JOSÉ SANTIAGO NUÑEZ GÓMEZ

21/11/2020 05:02 am

Con frecuencia se le escucha a Maduro la afirmación que ellos tienen un plan y que la oposición carece de ello. La misma afirmación la hacía, en su tiempo, Chávez. Los hechos evidencian que el tal plan, si existe, está referido a lo político más que a lo económico. Sin que pueda descartarse la existencia de un plan “desde el principio” -eso dice, para el caso cubano, Hilda Molina, médico de esa nacionalidad, disidente del castrismo-, lo que sí es evidente es que el chavismo viene diseñando un régimen político que consulta la realidad social venezolana, para acomodarse a ella, o hacer que ella se acomode a él, en el simple propósito de prevalecer; para esto se asesora en Cuba, como lo demuestra la viajadera a la isla cada vez que surge una crisis o coyuntura, y el hecho de que, cada día, nos parecemos más a Cuba. La diáspora y la miseria son elementos de esa realidad.

Como el problema más notorio es la destrucción de la economía del país, la oposición venezolana se ha esmerado en la elaboración de un plan para atacar ese aspecto: para todas las áreas (agricultura, industria, petróleo y gas, infraestructura, etc.) tiene diagnósticos impecables y enjundiosas propuestas.; pero los elementos y presupuestos estructurales de ese plan no se difunden ni discuten con la población general. La inmediatez de resultados que, hasta por la edad, causan las urgencias personales de sus dirigentes, ha impedido que ésta (la oposición) haga una propuesta política de penetración y largo aliento: El discurso se limita a la especulación sobre las penurias económicas que sufre la población. El chavomadurismo tiene ya más de 20 años gobernando y ha construido una realidad política; esa realidad se expresará en la elección que se avecina: una participación mínima e insípida, movida por la movilización forzada (milicia, empleados públicos, etc.).

Para que la oposición tenga un horizonte de éxito, su único discurso no puede ser “lo malo que está la cosa”; se requiere uno “de fondo”, que explique por qué la cosa está mala y qué es lo fundamental que hay que cambiar; sin ello no habrá movilización efectiva, ni deseo de participar; ni convicción ni pasión en esa participación y en sus resultados. Por otra parte, ese mismo discurso “de fondo” permitirá que se perfile en la oposición una dirigencia que prevalezca.

SANTINUNEZ@Yahoo.com
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