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La vuelta al hogar

Integrado a ese universo virtual que es el ciberespacio, en ese mundo conectado a través de las computadoras y los teléfonos inteligentes, es que puede aparecer ese nuevo hogar post Covid-19...

  • REINALDO ROJAS

18/01/2021 05:04 am

El Covid-19 nos ha obligado a quedarnos en casa. Se trata de la consecuencia más inmediata y más evidente que hemos visto y vivido en este año 2020 que acaba de terminar. El reto que esta realidad nos plantea, es saber si se trata de un accidente en el camino, de algo coyuntural y pasajero; o si estamos frente a una tendencia más bien novedosa, cuyos efectos en la sociedad futura no estamos aún en condiciones de medir o valorar. 

Cuando hablamos de “quedarnos en casa” nos referimos al “hogar”, palabra que viene del lat. «focäris», de «focus», que significa fuego. El Diccionario de María Moliner nos trae las siguientes acepciones: Fogón, hoguera; lugar donde una persona vive en la intimidad con su familia y desarrolla su vida privada, y centro de recreo donde se reúnen personas pertenecientes a un mismo grupo social o profesional. Hogar no es lo mismo que casa, pero van de la mano. Triste aquel que vive “sin casa y sin hogar”.

En todo caso, hablar de hogar es decir familia, descanso, intimidad. En el hogar es donde nos calienta el fuego del amor maternal, del amor filial. Por ello, en la sociedad moderna salimos de nuestra casa, que es el hogar de la familia, a trabajar, a estudiar, a recrearnos y a pasear. En la edad primitiva, el hogar era el centro de todo: el fogón no solo servía para cocinar los alimentos. Era fragua para hacer herramientas. Y la educación de los pequeños giraba en los ámbitos del hogar cuando el padre y la madre eran quienes educaban a sus hijos para los “oficios del hogar” o para los oficios de la agricultura, la artesanía o el comercio. 
 
Con el tiempo, los oficios se irán separando del hogar y aparecerá la fábrica, la oficina o la escuela, espacios donde las personas tejerán otras relaciones y pasarán la mayor parte de su vida cotidiana. Solo eventos naturales, como un terremoto, un huracán; o sociales, como una guerra o una crisis económica, son factores que nos han dejado sin casa y sin hogar. Pero son acontecimientos transitorios, externos al hogar. 

Con el Covid-19, lo que estamos viviendo en el planeta, es diferente. Ha habido un desplazamiento obligatorio, forzado por la enfermedad y las medidas sanitarias, de gran parte de las actividades económicas, productivas y recreacionales al hogar, apoyados evidentemente en las tecnologías de la información y la comunicación con las que contamos en esta etapa de desarrollo de la Humanidad. 

Nos hemos visto obligados a transformar el espacio-hogar, en espacio-oficina, espacio-escuela, espacio-diversión, inclusive, espacio-hospital. En consecuencia, el hogar se ha visto desbordado por las funciones productivas con el tele-trabajo y las actividades formativas de la educación a distancia. Dispositivos como el teléfono o del computador han transformado al hogar en un nodo comunicacional en red. 

El hogar físico no es sólo un hogar electrónico, gracias al uso de aparatos para mejorar los servicios, sino un ciberhogar, integrado a esa red virtual de interacción que es el ciberespacio. ¿Estamos en los albores de una mutación histórica? La interrogante tiene que ver con los espacios de sociabilidad, con los lugares de reproducción social. 

Los seres humanos somos seres sociales, por naturaleza. Nos hacemos en la interacción social. Todas nuestras habilidades motrices, lingüísticas y de pensamiento se forjan en el contacto con los otros y con la realidad. La soledad es también una experiencia social, de distanciamiento voluntario y a veces, involuntario. 

Mucho se ha hablado de la relación que se ha venido formando entre el usuario y su teléfono inteligente. Son multitudes reunidas en un mismo lugar, pero sin contacto social. Eso sí, cada uno pendiente de su teléfono. Sin embargo, una observación más detenida del asunto nos lleva a concluir que ese usuario que vemos sólo con su teléfono y que no nos habla, está conectado con una gran cantidad de personas, como él, en una interacción activa que es un nueva forma de sociabilidad global, desterritorializada, pero en tiempo real. Seguramente, está estableciendo una relación de amistad con alguien que acaba de conocer en Australia.

Integrado a ese universo virtual que es el ciberespacio, en ese mundo conectado a través de las computadoras y los teléfonos inteligentes, es que puede aparecer ese nuevo hogar post Covid-19. En muchos sitios esa realidad ya existe, en otros no, ya que el tema de las infraestructuras tecnológicas y de servicios tienen su costo y aquí, como en el mundo real, la desigualdad de oportunidades y las limitaciones de acceso para los más pobres sería un factor de exclusión, que habría que evitar para no reproducir, en ese mundo futuro, la brecha entre incluidos y excluidos que caracterizan a la sociedad actual.

enfoques14@gmail.com

@reinaldorojashistoriador

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