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Nos borraron el alma

La única herramienta de lucha que tiene la población es el voto. Pero la hegemonía gobernante se encarga de crear condiciones electorales rechazadas por el pueblo para promover la abstención...

  • JOSÉ ANTONIO GIL YEPES

16/07/2020 05:00 am

En días pasados me preguntaron sobre dos puntos aparentemente diferentes, pero cuyas respuestas convergen. Primero me plantearon en una entrevista por televisión si yo preveía que la gente protestara o, al menos, que fuesen a votar en masa en contra del gobierno para expresar la rabia que le produce la mala situación del país. Mi respuesta instantánea fue: “¿Cuál rabia? Ojalá la gente tuviese rabia, ira o tan siquiera voluntad, y reaccionara. La gente está entregada a resolver su propio problema para simplemente tratar de sobrevivir". 

Esta postración se origina en una estrategia de Chávez que comenzó por polarizarnos para que nos enfrentáramos unos a otros, y caímos en esa trampa. Además, Chávez mantuvo una generación constante de confrontaciones con diversos sectores; pleitos que iba rotando sin resolverlos; y, a veces, hasta retrocedía en alguna confrontación para empezar otra y luego regresar contra el mismo sector. Lo mismo sucedió con los problemas cotidianos, como falta de agua, de electricidad, desempleo, caída del salario real, transporte, inseguridad, educación y deterioro de la salud: Dejaba que los conflictos y los problemas cotidianos nos abrumaran para dejarnos exhaustos y confundidos, hasta que llegamos a no saber hacia dónde voltear o qué problema atender. A todo lo cual se le añadieron la descalificación de las críticas y de los críticos; más el miedo que producen la amenaza o práctica de la sanción o represión. Así, quedamos simplemente sometidos y cabeza abajo, buscando la sobrevivencia y mejor si lo hacíamos dependiendo de un subsidio gubernamental. Declaraciones de personeros de los gobiernos chavistas lo han confesado: 

Jorge Giordani, entoces ministro de Planificación de Hugo Chávez, en una conversación con su colega de gabinete, el general Guaicaipuro Lameda, presidente de Pdvsa. Entrevista con Carla Angola, 18-10-2012, Saladeinfo.worldpress: Lameda le plantea: "Sí es verdad que queremos acabar con la pobreza, es imprescindible que se genere riqueza y que se diseñen mecanismos adecuados para que su distribución sea justa y equitativa, y eso tampoco lo veo”. Y cuenta Lameda: Allí Giordani me interrumpió y me dijo: Mire, General, usted todavía no ha comprendido la revolución. Se lo explico: Esta revolución se propone hacer un cambio cultural en el país, cambiarle a la gente la forma de pensar y de vivir, y esos cambios sólo se pueden hacer desde el poder. Así que lo primero es mantenerse en el poder para hacer el cambio. El piso político nos lo da la gente pobre: ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa de los pobres. Así que, LOS POBRES TENDRÁN QUE SEGUIR SIENDO POBRES, LOS NECESITAMOS ASÍ, hasta que logremos hacer la transformación cultural. Luego podremos hablar de economía, de generación y de distribución de riqueza. Entretanto, hay que mantenerlos pobres y con esperanza”. Allí yo lo interrumpí –dice Lameda- y le pregunté: “Ya que usted dice ‘luego’, dígame cuánto tiempo cree usted que tomará hacer ese cambio”. La respuesta fue inmediata: “Mire, se trata de un cambio cultural y eso toma al menos tres generaciones: los adultos se resisten y se aferran al pasado; los jóvenes la viven y se acostumbran, y los niños la aprenden y la hacen suya. Toma por lo menos 30 años”. Sólo faltan nueve. 

En esta misma vena, Héctor Rodríguez, entonces ministro de Educación, definió el tipo de educación que le estaban dando a los pobres: "...No es que vamos a sacar a la gente de la pobreza pa' llevarla a la clase media, pa' que después aspiren ser escuálidos...". Noticias al Día y a la Hora, 26-02-2014.
 
Ya cuando Nicolás Maduro llegó al poder eramos presa fácil para que se terminaran de cumplir esas crueles imprudencias confesadas por conspicuos oficialistas. El proceso de empobrecimiento se ha profundizado a partir del desmantelamiento de Pdvsa, elevando el encaje bancario para que no haya crédito que dinamice la economía y con una cuarentena casi absoluta ante la pandemia aplicada sin medidas para salvar la producción, las empresas y los empleos nacionales. En lo político se ha avanzado también en el desmantelamiento del alma de los venezolanos pues Chávez ganaba elecciones ganando; aunque con muchas ventajas. Ahora se intenta ganarlas con más ventajas y promoviendo la abstención.

La segunda pregunta que me hicieron recientemente fue “¿qué pueden hacer con los partidos para rescatar su conexión con la población?”. Mi respuesta fue otra pregunta: “¿Los partidos nada más”?“ No, todos los sectores, al igual que las élites, hemos perdido conexión con la población porque todos los sectores y la población misma están hundidos en sí mismos, volteando a vernos el ombligo, tratando de sobrevivir sin ningún plan que no sea llegar al próximo día o a la quincena. Puede que la desconexión o egoísmo sea mayor en unos sectores que en otros, pero esa discusión es irrelevante frente a la importancia de que estamos viviendo un proceso generalizado que se caracteriza por los siguientes rasgos.

La pérdida de la institucionalidad, de la vigencia de las reglas: Cualquier cosa vale “en la guerra” para salvarse uno mismo; tal cual, como si “salvarse uno solo” fuese posible. No lo es.

La segunda pérdida es la del civismo; es decir, que hemos perdido la vivencia y vigencia del bien común; cada vez hay menos espacio en nuestros espíritus para colaborar con el otro: El fin de la sociedad.

La tercera pérdida viene representada por una frase que me salió tan espontáneamente como si hubiese adivinado que esas dos personas me iban a hacer esas dos preguntas y yo hubiese estado elaborando la respuesta por mucho tiempo: “Es que nos borraron el alma”. Y nosotros nos la dejamos borrar porque nadie puede renunciar a su responsabilidad, aunque sea poca la que le quede. Y con ese poco que nos queda es que necesitamos comenzar a reconstruirnos como individuos responsables de sí mismos y de los demás; capaces de reclamar y de realizar nuestras propias iniciativas, obligando al Estado y a todos los sectores a ajustar sus papeles a los que les corresponden, respectivamente, en una sociedad moderna, libre, plural y democrática. 
 
La única herramienta de lucha que tiene la población en la mano es el voto. Pero la hegemonía gobernante se encarga de crear condiciones electorales rechazadas por el pueblo para promover la abstención. Con lo cual se crea una realidad dilemática que confunde y desactiva al ser humano. Lo mismo que demostró Pavlov en sus estudios con perros sobre los reflejos condicionados: los perros respondían a un estímulo condicionado, pero, cuando se le aplicaban varios estímulos a la vez, más del 90% de los perros no reaccionaban, se quedaban echados. Menos del 10% le saltaba encima al experimentador.

@joseagilyepes


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