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África mía

Estamos en África, en serio. Con niveles de corrupción que matan de hambre, prácticas tribales en un país étnicamente homogéneo, y el aparato de seguridad privilegiado y aislado del resto...

  • GUSTAVO LINARES BENZO

11/07/2020 05:00 am

En mayo de 2019 este lugar se tituló África, y el argumento iba porque el chavismo había puesto a Venezuela en ese continente, tanto en atraso económico, social y político, como en niveles de corrupción. Un año después, Encovi lo demuestra con cifras.

Lo que aquí ha pasado en estos años no tiene parangón en la historia humana. No porque hayamos caído más bajo que otras naciones -todavía falta mucho, siempre se puede estar peor- sino por la caída abismal y la transformación deletérea de la identidad venezolana que logró Hugo Chávez y cuyas consecuencias estamos viviendo. Menos comparación es posible si se recuerda que la debacle no la produjo una guerra, un desastre natural o sanciones internacionales. Si algo de esto hubo, fue mucho después de la desgracia y claro, nos está golpeando como a ninguna nación de la tierra.

Antes del petróleo y desde la Independencia, Venezuela siempre fue de los segundones de América Latina, en el mismo grupo de Ecuador, Perú o Cuba; muy lejos de Argentina, Brasil o México. Llegó el petróleo y subimos al primer lugar, además en unas condiciones de civilidad política y cultural asombrosas vistos nuestros antecedentes.

Pues luego de Hugo Chávez y sus hijos, después de la bonanza económica más grande de nuestros anales, ya no somos segundones, sino que hemos llegado al foso latinoamericano, a niveles haitianos. Una máquina del tiempo mejorada, porque nos ha llevado a un lugar que ni siquiera está en nuestro pasado, a no ser que se nos compare con épocas precolombinas, cuando imperaban los genocidas caribes luego de su exterminio de los arauacos. (No es casualidad que todos los referentes indígenas de esta gente son caribes).

A ello se une que esta hecatombe chavista ocurre en los estadios finales del capitalismo rentístico, crisis epocal que la democracia identificó y comenzó a enfrentar, con altas y bajas, desde el segundo gobierno del Presidente Pérez. Pero llegó el comandante y mandó a parar, como decía la canción cubana sobre el mentor de Chávez. Prueba: la crisis de Maduro debida a la caída de los precios del petróleo de 2013 ha empeorado con la subida del barril de 2016, cosa también inédita.

Estamos en África, en serio. Con niveles de corrupción que matan de hambre, prácticas tribales en un país étnicamente homogéneo, y el aparato de seguridad privilegiado y aislado del resto.

@glinaresbenzo

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