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Las crisis y el análisis de riesgos

Conocer integralmente cuáles son los niveles de protección de nuestros activos es uno de los primeros pasos y el análisis de los riesgos es clave para ello.

  • ALFREDO YUNCOZA

01/06/2020 05:00 am

Un factor común para cualquier organización es lograr la mayor rentabilidad. Este principio debería aplicar a entes privados, públicos y hasta sin fines de lucro. Que luego se determine que va a ser el destino de las ganancias es otro asunto. Nadie en su sano juicio crea una empresa para perder, ningún Estado debería mantener instituciones ineficientes y las organizaciones no gubernamentales buscan disponer de los recursos que les permitan mantener y ampliar sus actividades. Todo lo antes expuesto aplica bajo condiciones normales y también bajo situaciones de crisis más allá de la naturaleza de estas.

La pandemia del Covid-19 desde ya está golpeando duramente a las organizaciones, las cuales inmersas en múltiples incertidumbres, tratan de determinar las mejores alternativas para mantenerse. Cuando realizan sus tormentas de ideas, uno de los protagonistas que no debería faltar es el responsable de la protección física de los activos. Por lo general, estamos hablando de quienes lideran las unidades de seguridad, prevención y control de pérdidas, protección, entre otras denominaciones.

En los equipos gerenciales mientras se desarrollan las dinámicas de intercambio de opiniones, información o inteligencia, la alta dirección espera que cada participante presente propuestas que agreguen valor para el alcance de los objetivos aun, en las actuales y particulares condiciones. Las exposiciones de quien lidera la protección de activos deben ir sólidamente sustentadas, no sólo de argumentos académicos, sino de los resultados de un análisis de los riesgos y un propio criterio profesional.

El análisis de riesgos es la génesis de cualquier sistema que tenga por objetivo proteger los activos tangibles o intagibles de una organización. Permite establecer una ruta a seguir, la administración de los recursos escasos, la evaluación y control de las estrategias, así como la justificación de las inversiones que sean requeridas. El método utilizado, de los cuales hay varios cuantitativos o cualitativos, su selección y desarrollo debe obedecer a un conocimiento pleno del mismo y de la organización. Como en muchos otros casos donde la integridad de personas y bienes está en juego, la improvisación tiene altas probabilidades de fracaso y quien la implementa pasa a convertirse en un cómplice de las fatales consecuencias.

Analizar los riesgos es la oportunidad de “tomar una fotografía” transparente, realista e imparcial a la organización. Es parecido a un estudio médico que le permite conocer de la manera más aproximada posible, cuál es el “estado de salud” desde el punto de vista de la protección. Puede aplicarse un método, una mezcla de varios y hasta diseñar uno propio. Si no está plenamente seguro de los resultados del diagnóstico, mal pueden aplicarse medidas preventivas y reactivas eficientes.

Si bien se trata de un trabajo en equipo donde las opiniones de varias unidades deben ser consideradas, la responsabilidad final de la identificación de vulnerabilidades, amenazas, riesgos, estado del clima organizacional y condiciones de entorno son por lo general, de quien lidera la protección de la organización. Por ello, es indispensable que quien tiene esa responsabilidad maneje son propiedad los métodos de análisis. De allí que términos tales como Mosler, Marina, Maps, Meseri, Roy Borders o Septri le deberían ser familiares. Pero el perfil de quien desarrolla el análisis va más allá del conocer los métodos. Se requiere de excelentes habilidades de observación, alta capacidad para comunicarse con diversos niveles de la organización, automotivación, liderazgo, disposición a los cambios, conocimientos técnicos y ser capaz de cuestionar positivamente lo establecido.

Una experiencia frecuente es la del empresario que motivado por los beneficios de un análisis de los riesgos, empieza a hacer preguntas que parecieran muy obvias, pero que precisamente por eso, quizá no se han formulado. ¿Porqué la barrera perimetral de la instalación es un muro? ¿Porqué no una cerca o una reja? ¿Porqué mide tres metros de alto y no dos? ¿Porqué tenemos en total veinte oficiales de protección contratados? ¿Porqué no más o menos? ¿Cuántos han sido los ahorros que la unidad de protección ha generado a la organización en los últimos doce meses? ¿Cuánto le cuesta a la organización mantener la unidad de protección? ¿Están documentados los criterios bajo los cuales se han seleccionado y mantienen los diversos sistemas de protección? Cuando las respuestas no se basan en evidencias, normas, mejores prácticas e indicadores, ya sabemos que tenemos una importante oportunidad de mejora. Lamentablemente la expresión “es que siempre se ha hecho así”, acompañada de un encoger de hombros y una mirada hacia el cielo no es poco frecuente.

Las crisis son oportunidades para las organizaciones con la visión adecuada. Conocer integralmente cuáles son los niveles de protección de nuestros activos es uno de los primeros pasos y el análisis de los riesgos es clave para ello.

ayuncoza@gmail.com

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