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¡Prohibido justificarse!

Un “no te molestes en ir construyendo respuestas en tu mente mientras hablo, pues tus justificaciones no van a servirte; así que escucha, procesa, quédate con lo que te sirve y lo que no deséchalo”.

  • ARGENIS ALEXANDER ANGULO

23/10/2020 05:03 am

Tenía unos 13 años cuando me dijeron por vez primera: “prohibido justificarse, disminuirse y decir palabras inútiles”. Y confieso que me resultó muy rudo en ese momento. Formaba parte de las normas de mi 1era Escuela de Líderes, dentro de un movimiento juvenil que fue mi gran espacio de despertar, denominado Movimiento Remar, de la congregación de Hermanos Maristas.

Allí conocí por vez primera el poder del feedback, lo nutritivo de la retroalimentación acordada. Una en la que el retroalimentado solicita o acepta recibirla, y en la que el retroalimentador diseña su mensaje con el firme propósito de construir. En esa oportunidad, la verdad no fue tan acordado, pero fue aceptado. Y hoy lo agradezco profundamente…

Así, cuando un líder te daba un feedback, o te hacía un llamado de atención, esa norma se activaba automáticamente y si no, te la recordaban entre todos a viva voz.

¿Para qué servía semejante prohibición? Era un llamado claro a escuchar activamente. Un “no te molestes en ir construyendo respuestas en tu mente mientras hablo, pues tus justificaciones no van a servirte; así que escucha, procesa, quédate con lo que te sirve y lo que no deséchalo”.

Considerando la poderosa frase atribuida al Psiquiatra Noruego Tom Andersen, “el lenguaje no es inocente”, me detengo a proponerte tres medidas claves:

Primero, evita justificarte: las excusas y justificaciones regularmente no nos sirven de nada. Salvo para protegernos de nuestros propios juicios. No te justifiques. Escucha, recibe, procesa y actúa.

Segundo, evita disminuirte: asumir el rol de víctima, de “pobrecito yo”, de soy nuevo, de no sabía, o peor aún, de lo que pasa es que soy un torpe, un lento, o un inútil, sirve de muchísimo menos, pues disminuye, oculta y maltrata el poder que tienes. No te disminuyas. Asume tu cuota de responsabilidad y avanza.

Y tercero, evita decir palabras inútiles: cuando algo sale mal, cuando incumpliste algo, o cuando simplemente te equivocaste, podemos tender a querer arreglarlo tan solo con palabras. En efecto, el lenguaje tiene un poder impresionante, palabras como disculpa o gracias pueden transformar el curso de una historia, pero la verdad es que serán tus acciones las que más hablen por ti. Enfócate en eso.

liderazgo@argenisangulo.com
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