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(des)Dichosa ignorancia

El escándalo se debió a la reacción de Linares contra lo que consideró una amenaza contra “sus hijas”. Pues desató a las hordas feroces de las redes sociales, lo que terminó en un brutal escrache...

  • NELSON TOTESAUT RANGEL

23/02/2020 05:00 am

La ignorancia es felicidad, al menos cuando de la niñez se trata. Así lo creía el poeta inglés Thomas Gray, cosa que acuñó en su fantástico poema: Ode on a Distant Prospect of Eton College, mientras veía a los niños disfrutando de los placeres de la infancia, sin saber las turbulencias que le depararían el futuro.

Esto me vino a la mente luego de dos noticias que tomaron parte esta semana. Aclaro que son muy distintas entre sí y no es mi pretensión darles la misma importancia, banalizando una de ellas. La primera es sobre un video de un padre sirio que se inventó un juego para que la hija riera cada vez que una bomba detonaba. Como si se tratase de un film de Roberto Benigni, el objetivo era el de no agregarle un trauma más a una pequeña que ha visto de cerca las atrocidades de la guerra. “Fuegos artificiales”, fueron la excusa para las explosiones. Y cada vez que se escuchaba una detonación, venía acompañada de la risa inocente de la niña, convencida de que de un juego se tratase. Ejemplo máximo y actualizado de cómo termina la lírica de Gray: “cuando la ignorancia es felicidad, es una locura ser sabio”.

Detrás de un velo de ignorancia
La frase extraída del poema de Gray ha sido, quizá, una de las más descontextualizadas de todas. En su poema se ve con añoro la ignorancia producto de la infancia. Oscurantismo que está forzado a acabar cuando el hombre emprende su paso natural hacia la cultura, que viene con la adultez. “La ignorancia es felicidad”, no es, por ende, una condición condenatoria que nos perseguirá el resto de nuestra vida. Al contrario, es producto de la inocencia que implica el ser joven, que acabará más temprano que tarde.

Digo esto ya que, a diferencia del heroico caso sirio, muchos se esconden detrás de un velo de ignorancia para justificar sus propios errores. Y no un velo al estilo de Rawls -filósofo estadounidense que desarrolló el concepto-, que refería a colocarse intencionalmente en el estado de naturaleza para mejor evaluar un conflicto; sino al mejor estilo de la exculpación, a lo que los leguleyos bien les rezarían en latín: Nemo auditur propriam turpitudinem allegans; es decir, nadie puede alegar su propia torpeza.

La guacamaya como mascota
Me refiero entonces a la segunda noticia: las guacamayas de Richard Linares. Para quien no conozca al personaje (aunque a este punto pienso que todos lo hacemos) es un deportista de gimnasio muy famoso en la farándula venezolana. Resulta que, como todos los que habitamos en Caracas, se ha enamorado de las hermosas guacamayas que sobrevuelan la capital, así apoderándose de dos.

Al tratarse de un animal salvaje, tener este tipo de mascota en casa es dañino para el ecosistema y para las propias aves que desarrollan hábitos distintos a los conferidos por la naturaleza. Incluso, al parecer, es contraindicado alimentarlas en los balcones, ya que de igual forma se vuelven flojas y dependientes. Peor el caso de un Linares que, con dos millones de seguidores en redes sociales, puede incentivar la idea de que se trata de una óptima decisión el tenerlas como mascotas. Así se lo hizo saber Diana Liz Duque, bióloga especialista en el tema.

Hasta aquí, nada grave. Al menos no en nuestro país en donde es normal tener animales salvajes en casa, publicarlos en las redes, y no recibir penalidad alguna. El escándalo se debió a la reacción de Linares contra lo que consideró una amenaza contra “sus hijas”. Pues desató a las hordas feroces de las redes sociales, lo que terminó en un brutal escrache.

Todo salió tan mal como se podría esperar. Y por ello el entrenador hizo bien en disculparse. Sin embargo, lo hizo apelando a su propia ignorancia, alegando que no se imaginó el alcance de sus acciones. Así tenemos dos casos, dos ejemplos, en donde la ignorancia actuó. En el caso sirio, transformando la desdicha en alegría; mientras que en el venezolano, la dicha en descontento. Es por ello que hay que aprovechar mientras se pueda la ignorancia, pero también saber abandonarla a tiempo.

@NelsonTRangel

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