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Estampitas angelicales

Mi Kelly LeBrock circunstancial voltea y me pilla. En esta época del MeToo temo que me demande. Sonríe y se va. Le agradezco al cielo y me prometo prenderle una velita a Santa Mónica...

  • JORGE SAYEGH

24/01/2020 05:00 am

Estoy en Santa Mónica, no la que queda al lado de Los Chaguaramos, sino en el barrio lujoso de Los Ángeles, Califorina, al lado del mar. Estoy sentado en mi carro aprovechando la tecnología de mi laptop para finalizar un artículo mientras hago tiempo para mi siguiente cita. Una camioneta Porsche negra va a estacionarse unos metros delante de mí. Alcanzo a ver fugazmente que la conductora es una joven bella con el cabello amarrado sobre su cabeza con un moñito. Termina de estacionarse y una pared me impide ver la panorámica completa de cuando la chica se baja del auto, lo que me dificulta verificar si mi primera impresión acerca de su belleza estaba en lo correcto. Sólo se asoma la parte traseral, una parte trasera robusta, sólida, muy bien diseñada. La parte trasera de la camioneta, me refiero, claro está.

De una sola pieza
Pasa el tiempo y no pasa nada. Habrá cogido pa otro lado, me digo. Sigo escribiendo cuando al buen rato por fin aparece. Lleva unas gafas oscuras, un vestido-falda vaporoso de una sola pieza que se sostiene a mitad de cuerpo por una correa. Es amarillo y combina con sus zapatos de tacón caoba y su pelo pintado de rubio. No me equivoqué, es bella, tiene la piel clara, pero su estructura ósea revela una buena carga genética negra: flaca con piernas largas y torneadas. Evidentemente acaba de recoger dos perritos ridículos de esos que a las mujeres les encanta. Abre la puerta trasera del Porsche y los perritos ridículos intentan subir a brincos pero les resulta imposible. Ella se agacha para cargarlos uno por uno. Entre el movimiento y las ráfagas de viento la falda vaporosa ondea como una bandera de libertad limitada hasta la altura de su cinturón. Me siento tan idiota como el protagonista de la película “Woman in Red”.

Mi Kelly LeBrock circunstancial voltea y me pilla. En esta época del MeToo temo que me demande. Sonríe y se va. Le agradezco al cielo y me prometo prenderle una velita a Santa Mónica la próxima vez que vaya a misa.

JorgeSayegh@gmail.com

@JorgeSayeg

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