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Amigas y enemigas

La complementariedad, equidad y el equilibrio deben ser los pilares de cualquier movimiento reivindicativo. La neutralización o el aplastar al otro, no debería ser un objetivo presente...

  • ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

14/01/2020 05:00 am

Una persona cercana se ufanaba de manera divertida acerca de lo terrible que eran sus enemigos. Por mi parte lo felicité por tener contrarios poderosos, capaces de atemorizar al más plantado. Las primeras reflexiones que leí con interés sobre las características de la amistad son del buen alemán Federico Nietzsche, quien señala que uno debía valorar la cualidad de sus amigos pero más la de los enemigos. Por mi parte tengo más amigos que dedos de la mano, pero mención aparte merecen las grandes amistades femeninas que la vida me ha regalado.

Hubo un tiempo en que me dediqué a leer la obra de Karl Jung, la cual es bastante divertida. En lo femenino, Jung contempla la posibilidad de que de manera colectiva, aparezcan ciertos “arquetipos”, que es básicamente una palabra cercana a “estereotipo”, tanto desde el punto de vista conceptual como en los intentos de dar profundidad laberíntica a su obra. En ese intento de entender lo femenino, no dudo en aceptar que la obra de Karl Jung estaría más vigente que nunca con esta nueva ola feminista con sus matices e inocultables intensidades.
 
Lo femenino en tres patas
Lo femenino tendría implícito la existencia de ciertas propensiones, que vendrían a conformar una suerte de pilares, bases o patas sobre las cuales reposa. Por un lado está el lado maternal. Ese que se presenta como una buena cuidadora y proveedora de afectos, capaz de hacer que un hombre se sienta con la confianza suficiente para recordar o revivir el vínculo maternal. La mujer-madre es esencial para poder comprender la femineidad y sin ese lado luminoso, cálido y presuroso de brindar bondades, la mujer estaría menguada. 

Otro aspecto de lo femenino está vinculado con lo lúdico, lo divertido, la risa y la capacidad de transmitir ese lado que está relacionado con la mujer-niña. Ese niño que todos tenemos dentro, desde la femineidad, es la parte que se agradece porque transmite alegría al hombre y a sus mundos circundantes. Lo alegre en la mujer, forma parte de las cosas bellas de la vida, nos acerca a la libertad y está emparentado con la aventura.
 
La mujer-bruja, hechicera, seductora, misteriosa, capaz de enredar las cosas más sencillas de la vida y hacer enloquecer al más sereno, sería el tercer elemento que conforma esta triada propia del genio femenino. Desde lo masculino se agradece porque es parte fundamental de la pasión de la vida, sin dejar de recordar que no hay pasión sin sangre, como reza el viejo adagio occidental. 

El equilibrio entre estas tres instancias sería lo ideal, pero lo usual es que prive una de estas tres. De la mujer excesivamente maternal, morirá cualquier deseo carnal por parte del hombre. De la mujer para la cual todo es juego, lo insulso es lo que saldría triunfante y necesariamente lo infantilizado no sería bien tolerado por figuras masculinas que aspiran a tener compañeras y no hijas y de la mujer hechicera, si es solo lo misterioso lo que propenda a ganar terreno en la vida de cualquier hombre, potencialmente podría aparecer el fantasma de los celos y sin mucho esfuerzo: La ruina.
 
Esa manera reduccionista, que trata de contemplar lo femenino desde tres instancias no deja de tener su lado jovial. Sin embargo, como toda tendencia a estructurar las cosas y plantearlas en términos relativamente absolutistas, no deja por eso de tener razón en muchos de sus postulados.
 
Buenas amigas
Mis dos mejores amigos son mujeres. Con ellas he logrado un nivel de confianza y de capacidad de intimar confidencias que difícilmente se puede hacer con pares masculinos. La mujer tiene, no lo podemos sino aceptar, una manera tan intuitiva de ver y entender la realidad, que no sin argumento se le ha llamado “sexto sentido”. Son capaces de escuchar necedades sin cuestionarlas y no descalifican las tonterías del otro, sino que en sana lid tienen tendencia a la escucha y a la empatía. Ese elemento tan particular, hace de lo femenino una dimensión muy difícil de comprender y la cual, para mi fortuna, he aprendido a manejar y disfrutar. Es lo femenino el terreno en donde tiendo a sentirme más cómodo, incluso a mis anchas, porque es una instancia que admiro y valoro tanto que no puede ser de otra manera.
 
Peligros acechando
Con esta nueva ola de feminismo, son muchos los elementos que hemos visto en escena. Algunos tienen todo nuestro apoyo y empatía y otros lo asumimos con respeto y curiosidad. Lo peligroso de cualquier movimiento legítimo es que en el mismo aparezcan las formas radicales de expresión del mismo. Tal vez en esta última, o más reciente expresión colectiva occidental de agitación por parte del movimiento feminista, cierto revanchismo que promueve la castración del hombre estaría siendo innecesario. La complementariedad, equidad y el equilibrio deben ser los pilares de cualquier movimiento reivindicativo. La neutralización o el aplastar al otro, no debería ser un objetivo presente. Lastimosamente lo vemos, en este siglo XXI, apasionante y complejo.
 
@perezlopresti

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