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Actitud ante las amenazas

La segunda opción es comprender que no es un ser aislado, que no existen burbujas impenetrables, que la sana convivencia no sólo es necesaria, sino que implica derechos, pero también responsabilidades

  • ALFREDO YUNCOZA

14/01/2020 05:00 am

A medida que las características del entorno cambian, las amenazas, especialmente aquellas relacionadas con el crimen, que logran su supervivencia y un considerable nivel de éxito en alcanzar sus objetivos, tienen como característica común la mutación. Es esa capacidad de observar lo que sucede a su alrededor, determinar cuáles son los factores que pueden atentar contra sus gestiones, identificar las oportunidades de mejora, cuantificar sus recursos e implementar las estrategias. Aunque preliminarmente pudiera parecer muy sofisticado, realmente no lo es. Sólo se requiere de interés, un grupo de habilidades mínimas, estar bajo los efectos de la necesidad y disponer de una visión de futuro.

Ante estas consideraciones, los ciudadanos y las organizaciones se encuentran, entre otras, ante dos opciones. La primera es no hacer algo, es decir, considerar que los aspectos de seguridad no son de su competencia, que para eso está el Estado, que tiene otras preocupaciones que atender o que sencillamente las probabilidades están a su favor, “eso le pasa a los demás”.

La segunda opción, es comprender que no es un ser aislado, que no existen burbujas impenetrables, que la sana convivencia no sólo es necesaria, sino que implica derechos, pero también responsabilidades. La diferencia en ser exitoso o no, es cierto que está en los recursos disponibles, pero lo que realmente empodera una gestión es la actitud.

Al analizar los casos donde se han logrado estabilizar y hasta minimizar los indicadores de diversos tipos de delitos, se observan detalles interesantes que pueden darnos luces, cuando se desea diseñar e implementar soluciones.

En lo personal opino que el factor clave es la disposición al cambio. Si bien es cierto que el ser humano puede tener cierta tendencia a mantenerse en su zona de confort, esa comodidad puede tener un costo que impacta su integridad. Excusas como “loro viejo no aprende a hablar”, “es que así somos los latinos” o “no sé si va a funcionar”, entre otras, son típicas de quienes ven con desconfianza a la movilidad.

Ahora bien, los cambios no deben ser fruto de la reacción. No quiere decir que no sean beneficios después de la materialización de los riesgos, sino que los cambios planificados generan la mayor eficiencia. Cuando el rumbo de la gestión de la seguridad va a variar, previamente se determinan los recursos tangibles e intangibles que serán necesarios, que resultados desean obtenerse y cuándo debemos nuevamente revisar las estrategias para mantener su vigencia.

Evaluar permanentemente el entorno nos permite conocer cómo va evolucionando, identificar qué nuevos actores aparecen, determinar si su comportamiento los califica como amenazas o como aliados. Cuando nos dedicamos exclusivamente a monitorear las amenazas, con frecuencia pasamos por alto el que existen otros componentes de nuestra familia, comunidad u organización, que tienen objetivos comunes a los nuestros. Cuando se logran determinar las coincidencias y se manifiestan las voluntades positivas, es mucho más sencillo establecer planes de acción que suman recursos y alinean estrategias. La “ayuda mutua’, se convierte en un positivo término común que internalizan todos aquellos que creen en el trabajo en equipo, como una poderosa opción.

Y el trabajo en equipo va mucho más allá de lograr reunir un grupo de personas con voluntad y buenas intenciones. Se requiere de un liderazgo cuyas características va a variar, entre otras causas, de acuerdo con las circunstancias sociales, a las características culturales o a los riesgos que se determinan tiene mayor probabilidad de ocurrencia. No hay que olvidar que se trata de sumar permanentemente, de tener ojos, oídos y mente abierta a las propuestas. Por otra parte, quien lidera una comunidad o una organización, no debe subestimar los aportes que puedan ofrecer diversas fuentes. Un ejemplo es que, si bien es cierto que en América Latina existe por lo general una mermada confianza en organismos policiales, hay numerosos funcionarios públicos con una marcada vocación de servicio. Prejuzgar, mantener una actitud a la defensiva o de distanciamiento evita formar equipos de valor.

Por último, la eficiencia pasa por la humildad de aceptar que no lo sabemos todo. La capacitación permanente es un factor de supervivencia profesional. Cuando se va a diseñar una propuesta de prevención, la participación de elementos cualificados va a minimizar el retrabajo y a maximizar la eficiencia. Esa participación debe ir alineada con el tipo de organización y con sus requerimientos particulares. En la industria de la seguridad, los “experimentados toderos” tienen los días contados, los cuales son muy breves, por cierto. De allí que los equipos multidisciplinarios logran en muchas oportunidades el éxito gracias a la consideración de los diversos enfoques de sus miembros.

No basta con sentirnos seguros. Para estar realmente protegidos analicemos nuestra actitud ante del delito como un factor que no debe subestimarse.

ayuncoza@gmail.com

Twitter: @alfredoyuncoza

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