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Hablar -con perdón- del Me Too

El llamado Me Too -en español “Yo También”- es una tendencia que en corto tiempo ha cambiado la forma y manera que envolvía las relaciones carnales no consentidas plenamente

  • RAFAEL DEL NARANCO

14/12/2019 05:00 am

A esta altura de la larga historia reciente y sus escándalos impulsivos, se puede saber que la batahola del llamado Me Too -en español “Yo También”- es una tendencia que en corto tiempo ha cambiado la forma y manera que envolvía las relaciones carnales no consentidas plenamente.

El análisis de esa situación creó todo tipo de conjeturas en la convivencia humana a partir de los tiempos en que el “Homo erectus” pisaba los meandros del planeta.

Dicha reacción que ha llegado a escala planetaria, comenzó en Estados Unidos entre las bambalinas del cinematógrafo en Hollywood y sus entramados de cartón, piedras y lujurias, acoplamientos que tanto han significado, y lo siguen haciendo, para envolver nuestras percepciones en fantasías y anhelos que han sido asombrosos en muchos momentos del vivir. 

Lo expreso el director sueco Ingmar Bergman: “No hay otra forma de arte que vaya más allá del conocimiento ordinario como lo hace el cine, directo a nuestras emociones, profundamente al cuarto oscuro del alma”.

Tras los escándalos de perversidades eróticas de productores, directores y personajes portentosos del mundo económico estadounidense que después ha ido abriendo ramajes en diversos sectores, viene aquella frase de la actriz germana Marlene Dietrich que descubría, a la inmensa mayoría de almas que no pastaban en esa industria, una imagen real del país: “El sexo en Estados Unidos es una obsesión. En otras partes del mundo, un hecho”.

Suele acontecer al leer sobre erotismo -sangre navegando en las venas sin cansarse– lo sucedido hace 35 siglos en las estepas de Uruk, baja Mesopotamia, en las páginas –quizás las primeras puestas por escrito- de “El poema de Gilgamesh”:

“Mientras la mimaba / Con sus arrumacos. / Seis días y siete noches, / Enkidu, excitado, / Hizo el amor con Lalegre”.

En la literatura de todos los tiempos -incluidos los textos religiosos de cada uno de los cultos existentes- la sensualidad, la complacencia hacia el placer del deseo aferrado a la imaginación, amontonan infinidad de páginas. Ya lo indicó el clásico: “Polvo serás, más polvo enamorado”.

A esta altura de las líneas en el artículo de hoy, el escándalo del Me Too -se siente que por él están bajando un poco las aguas gustativas– va siendo encauzado por dictámenes de diversas naturalezas que hacen ver esa actitud en un contexto más generalizado.

En Francia, país en el que el placer voluptuoso en cada una de sus vertientes ha tomado categoría de valor literario, hace unos meses, una conocida escritora y crítica de arte, Catherine Mollet, publicó un libro, “La vida sexual de Catherine M”, que a los pocos días se convirtió en un superventas, mientras encabezaba un movimiento totalmente opuesto al Me Too y sus presuntos aquelarres.
 
En su favor se unieron, encabezadas por la actriz Catherine Deneuve, destacadas figuras de la cultura denunciando abiertamente que el “puritanismo” que se estaba creando, favorecía el regreso de la deplorable “moral victoriana”.

En las postrimerías de la baja edad Media, Juan Ruiz, alias “Arcipreste de Hita”, en su “Libro del Buen Amor”, ya exponía con sapiencia ese ardor en noble castellano antiguo:

“El mundo por dos cosas trabaja: la primera, por aver mantenencia; la otra era por aver juntamiento con fenbra plazentera”.

En Ámsterdam, Países Bajos, está el llamado “Museo del Sexo”. Allí no hay morbosidad, sino la historia de la avidez del erotismo a lo largo de la historia, y es que la ciudad plateada de Rembrandt, de la misma forma que descubrió la embestida del mar del Norte y las rutas de las especies, supo combinar el deseo gozoso de tal forma, que es la única urbe -eso parece- que posee un “Venustempel” o Templo a Venus abierto las 24 horas del día.

La pinacoteca está en pleno Damrak, cercana a la Estación Central, uno de los edificios públicos más emblemáticos y hermosos de Europa, la gran portezuela por la que uno entra o sale de Ámsterdam viniendo del Aeropuerto de Schiphol.

Es indudable que cada ciclo de vida humana posee su propio atributo surgido del amor carnal, inseparable de la esencia espiritual o pagana de su tiempo. A este respecto, decía la valorada autora mexicana Ángeles Mastretta, con una sapiencia que invita a la reflexión sin ver desliz del deseo donde no lo hay: “Hoy los niños quieren magia cuando el mundo los desafía con la guerra; los adultos, historias de amor en épocas de crisis y guerra. El amor es el exorcismo de los adultos; el sexo, la magia, el abandono”.

Y en esa actitud placentera nos hallamos ahora. No podemos ni debemos abochornarnos de aquello que la Eternidad celeste no se ha avergonzado en crear. Y es que solamente hablando impávidamente sobre las actitudes de las acciones morales de cada uno de nosotros, las tenebrosidades de las percepciones desaparecen, quizás, cual rocío mañanero.

rnaranco@hotmail.com

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