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Navidades libres

Citando a la organización Foro Penal, al 14 de octubre de este año, se podían contabilizar más de cuatrocientas personas que caerían bajo esta categoría de presos políticos

  • DAVID UZCÁTEGUI

13/12/2019 05:00 am

Con la cercanía de las fechas navideñas, se vuelve a colocar en el tapete de la opinión pública uno de los temas más álgidos y delicados entre los que han sido recurrentes en los últimos años: la solicitud de liberación de los llamados presos políticos. 

Y es que, de entrada, el término en sí mismo genera polémica y es un factor más de enfrentamiento, entre tantos que generan diatriba en un país agotado de tantos enfrentamientos.
 
Sin duda es una solicitud difícil, lo sabemos. Pero, ¿cuál pronunciamiento público en la Venezuela que nos tocó está libre de dificultades? 

A veces es difícil meter el dedo en la llaga, más con un tema espinoso como este. Pero también es un asunto de profunda sensibilidad humana, que requiere nuestra atención, porque hay que resolverlo. Es una tarea pendiente desde hace rato. Y no se trata solamente de que no pueda esperar más. Se trata también de que estamos ante las fechas ideales para hacerlo, según es una costumbre universal el abordar asuntos de este tipo en la temporada del año que estamos transitando, debido a su alto significado espiritual y a la invitación que nos hace para conectar con lo mejor de nuestra condición humana. 

Las causas por las cuales estos venezolanos permanecen privados de libertad, son las más diversas y preferimos no calificarlas. Sin embargo, tienen un factor en común: mientras para unos están privados de libertad por su manera de pensar, opuesta a una parcialidad política específica, para otros cometieron abiertamente un delito. ¿Cuál de los dos extremos tiene la razón? 

No es este el momento de separar el grano de la paja y ponerse a discutir ese asunto en particular. Sería, como es obvio, un debate sin fin. Primeramente, porque como ya dijimos, cada caso es único y debería ser encauzado adecuadamente en un sistema judicial que pueda determinar que fue lo que sucedió y actuar en consecuencia.
 
Pero, en segundo lugar, porque en esta circunstancia particular todos deberían caer bajo el paraguas común del pase de página, del borrón y cuenta nueva que significan las festividades navideñas. Algunos de ellos ya llevan muchos años en sus lugares de reclusión y según sus defensores, los procesos respectivos han estado llenos de escollos.
 
Citando a la organización Foro Penal, al 14 de octubre de este año, se podían contabilizar más de cuatrocientas personas que caerían bajo esta categoría de presos políticos. 

Durante el año, se ha dado la excarcelación de varios de estos venezolanos, según han ido informando diversos organismos oficialistas y, posteriormente, confirmado medios de comunicación y activistas de Derechos Humanos.
 
Y el asunto es que, si ha sido posible llegar a acuerdos que permitan la libertad de un grupo de los afectados por esta condición, con buena voluntad es posible conseguir la de muchos más. Este es el momento del año indicado para ello. 

Y más allá del valor del gesto puntual que aliviaría el sufrimiento de varias familias venezolanas en unas fechas especialmente sensibles, está el significado del mismo, el cual contribuiría a bajar el recalentamiento continuo de las relaciones entre los sectores que se adversan en nuestra sociedad.
 
Como bien lo sabemos, porque todos lo hemos padecido, ya se pierde de vista el origen de este enfrentamiento prolongado y estéril que nos mantiene a todos bajo tensión crónica, que desgasta, que nos resta como país y que embarga lo mejor de nosotros, en un círculo vicioso y pernicioso, que adicionalmente torpedea nuestra productividad, al requerir de buena parte de nuestra energía. 

Una acción como sería la de liberar a los afectados, sería un punto de viraje necesario y que se agradecería, que allanaría el camino a la convivencia, que destrancaría muchos de los asuntos de interés nacional que se encuentran en punto muerto y que nos abrirían a un año 2020 que pueda comenzar con una esperanza de ver mejores tiempos en esta tierra tan convulsionada. En síntesis, sería una señal coherente con los propósitos de buena voluntad que deberían acompañar a estos momentos tan simbólicos para quienes profesamos la fe cristiana. 

Y sin duda, esta es una causa que concita a los más diversos matices de las posiciones políticas en el país. La prueba es la diversidad de personalidades y ciudadanos que se han unido en las redes sociales a solicitar una “Navidad sin presos políticos”, bajo la respectiva etiqueta.
 
Es lo justo, y nos conforta que haya tanta sensibilidad en la opinión pública sobre el tema, vista la temporada del año que vivimos. Y es necesario, urgente, identificar puntos de encuentro, de acuerdo colectivo para que quienes estamos empeñados en la tarea de sanar, de juntar las piezas, de seguir adelante, podamos poner nuestro grano de arena. Más aún cuando la causa que exponemos es justa a todas luces, desde nuestro punto de vista.

duzcategui06@gmail.com

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