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Normalizar la crisis

Hemos visto un alivio que no se expresa en cifras ni proyecciones económicas. Percibimos, de forma exclusivamente empírica, como hay una situación de mejoría general...

  • NELSON TOTESAUT RANGEL

08/12/2019 05:00 am

Algunas veces las explicaciones económicas fallan en describir a la sociedad. Lo mismo ocurre con las políticas y sociológicas. A veces, no encontramos suficientes argumentos convincentes que nos den luces sobre los eventos que nos circundan. Venezuela es un caso emblemático de esto. Nuestra realidad, mística por sí misma, es tan absurda que parece escaparse de las interpretaciones que le podamos dar. Creando, entonces, un escenario de imposible lectura y, por ende, de imposible predicción.

Esto genera gran incertidumbre, la cual es veneno para cualquier sociedad. Merma la economía de un país e imposibilita el desarrollo y la inversión. Sin embargo, nuestro terriblemente incierto país, ha experimentado una situación extraña de mejoría que nadie sabe explicar. En medio de índices negativos que nos bombardean diariamente: inflación descontrolada, depreciación de la moneda, éxodo masivo, etcétera, parece sentirse un pequeño alivio que nadie sabe bien explicar.

2015-2017
Los años 2015, 2016 y 2017 fueron, probablemente, los más terribles de este decenio. La miseria que se veía en la calle, la gente peleándose por comer en la basura, es una imagen que quedará plasmada en nuestros recuerdos a forma de cicatriz emocional. Todos lo vimos, no era ningún secreto. Pese a que muchas veces las autoridades quisieron silenciarlo. Se trataba de algo generalizado, evidente, que no se podía tapar. Además, se vivieron otras cosas. La ciudad estuvo repleta de protestas -algunas violentas- en donde murieron muchísimas personas. Fue un momento de angustia, dolor, tristeza. El país se nos escapaba, sin poder hacer nada. Los supermercados estaban vacíos, la comida se volvió una rareza y las medicinas un lujo. En fin, oscuridad y desilusión.

El año 2018 no fue mejor, pero sí un poco distinto. En cambio, la verdadera sorpresa ha sido la segunda mitad del 2019, en donde todo cambió. La pendiente del país, en sus cifras, ha seguido su caída vertiginosa que parece no parar. Sin embargo, hemos visto un alivio que no se expresa en cifras ni proyecciones económicas. Percibimos, de forma exclusivamente empírica, como hay una situación de mejoría general: los supermercados tienen productos, la gente hurga menos en la basura, el ocio vuelve a ser parte de la vida de la ciudad. En fin, si lo comparamos con el período anterior, se experimenta una ligerísima prosperidad.

Claro, como es de esperarse, todo es caro, carísimo. Así es el mercado, así es la oferta y la demanda. La economía se autoreguló y ha actuado sola. Paradójicamente, la mano invisible, contra la cual el gobierno pulseó tanto tiempo, terminó venciendo. Y, se demostró una vez más, que la economía mientras menos controles tenga, más próspera será. Claro, en nuestro caso por pura omisión, ya que vivimos en un país en donde el gobierno ha demostrado una incapacidad económica crónica y, por ende, optar por mantenerse fuera del mercado y dejar que el mismo actuara por sí solo, fue la mejor medida que haya jamás tomado. Y miren cómo está funcionado.

Al respecto, un querido amigo que está muy sumergido en la temática social, me comentaba que el venezolano es una criatura admirable. Ya que, en vez de terminarse de ahogar, desarrolló branquias y mutó para sobrevivir bajo el agua. Es decir, en un país que ha tenido que ajustarse solo. Un caso insólito.

Peligros
Resulta evidente que una situación como la narrada nos da un falso sentido de estabilidad y, por ende, una fragilidad increíble. Basta con que el leviathan decida despertar uno de sus tentáculos nefastos y destructivos (por ejemplo, la SUNDDE) para echar para atrás. No tenemos garantía de una mejoría progresiva, ya que no tenemos garantía de un cambio institucional real.

Escribía, a propósito del tema español, la periodista Pilar Rahola que “lo más peligroso para un Estado de derecho es la normalización de las conductas que lo erosionan”. En nuestro caso, imagínense ustedes, hemos normalizado la crisis.

@NelsonTRangel

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