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La mujer del César

El hecho de que existan cuestionamientos hacia presuntas acciones de individualidades, no nos puede llevar a dar la espalda al poder más representativo que tenemos hoy

  • DAVID UZCÁTEGUI

06/12/2019 05:00 am

Venezuela ha sido en los últimos días un hervidero de acusaciones a raíz de la salida a la luz pública de presuntos hechos ilícitos que involucrarían a diputados de la Asamblea Nacional. 

Lo primero que es aconsejable en estos momentos de tanta confusión, es no precipitarnos en señalamientos y conclusiones, porque eso simplemente sirve como atizador de la candela y es poco lo que aporta en lo que nos interesa: esclarecer los hechos. Pero los reales, y valga la redundancia. 

No podemos caer en aportar capas y capas de suposiciones, que terminan pareciéndose a aquel juego del telefonito, donde la información ofrecida al principio del juego, iba cambiando sus elementos a medida que pasaba de boca en boca.
 
Y no se trata de negar lo que pueda haber ocurrido, al contrario. Lo ideal sería poder llegar a los hechos químicamente puros, por decirlo de alguna manera. O al menos, a las versiones de los implicados, a sus testimonios y sus pruebas, para encauzar una investigación formal y oficial, que nos pueda arrojar en algún momento una conclusión aceptable para todos los sectores de nuestra sociedad.
 
Esta es la manera de sanar episodios como los que hoy nos ocupan. Y Venezuela pasa por una prueba de fuego en este sentido en el momento actual. Es comprensible la ira ciudadana. Se ha perdido de tal manera la fe en las instituciones, que la ciudadanía no muestra la menor tolerancia en un escenario como el actual. Razones hay de sobra.
 
Es pues, el momento de demostrar cuánto de institucionalidad queda en nuestro país. Y creemos que sí, que existe. Que hay tanto gente como instituciones que valen la pena y que pueden surgir en medio de esta coyuntura, como referentes.
 
Por nuestra parte, quisiéramos dejar testimonio de la fe que tenemos en nuestra actual Asamblea Nacional. El hecho de que existan cuestionamientos hacia presuntas acciones de individualidades, no nos puede llevar a dar la espalda al poder más representativo que tenemos hoy, al más plural y al que más se ha apegado a los hábitos que conforman el deber ser de un país. La situación, sobra decirlo, no es fácil. Y no es que esto sea una excusa, pero no podemos perder de vista el adverso entorno en el que se desenvuelve nuestro día a día desde hace años. 

Esto no quita para nada que la presión ciudadana deba ejercerse para que haya respuestas concretas a los señalamientos. 

De hecho, si algo hay que reivindicar en medio de este trance, es el accionar de periodistas y medios de comunicación. Por suerte, el periodismo venezolano no se ha perdido. A pesar de estar arrinconado, sigue dando muertas de profesionalismo y sin duda el aporte brindado por ellos en este escenario, es una pieza clave del rompecabezas al cual apenas nos comenzamos a enfrentar. 

Lo segundo que se debe tener en cuenta en estos casos, es que hay que dejar el espacio para que las investigaciones sigan sus canales regulares y adecuados.
 
El Parlamento Nacional ha anunciado que se pondrá en marcha una pesquisa que contará con la participación y veeduría de Organizaciones No Gubernamentales, colegios profesionales, medios y periodistas independientes. Es lo que toca hacer en este momento. 

Tenemos la certeza de que, entre quienes estén a cargo de esta investigación, hay venezolanos que miden la trascendencia de este instante, en el cual la confianza de una nación se puede ganar o perder, según el modo en que ellos accionen. Apostamos a que harán lo que esté en sus manos por estar a la altura del compromiso. La presión de la gente se puede sentir, y eso es un compromiso demasiado grande en este momento.
 
En tercer lugar, nos parece lamentable este torneo de contra acusaciones, lo cual demuestra cuánto ha decaído el tono del debate político en Venezuela.
 
La falta de foco sobre cuál es el meollo de esta situación, la inclusión en la conversación de elementos que no viene al caso, el tono y el modo de decir las cosas, además del vocabulario en sí mismo, dejan mucho que desear y obligan a hacer un llamado para replantearse la función pública en un país que ha sido duramente golpeado en los últimos tiempos y que, justamente por eso, exige de su clase política ejemplos en todo sentido, con el fin de no terminar de perder el norte. 

Para cerrar, no quisimos evitar caer en la tentación de recordar aquella famosa frase atribuida a los tiempos del Imperio Romano: “La mujer del César no solamente debe ser decente, sino también parecerlo”
 
Todo funcionario debe, no solamente accionar con la transparencia y honestidad que se espera de él; sino también guardar las formas y la compostura que deberían ser inherentes a su cargo. 

Parece un lugar común, pero a la luz de lo que hoy vivimos, es urgente recordar esa recurrida frase. Hoy sí tiene sentido.

duzcategui06@gmail.com

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