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El país de las mil caras

El país de las mil caras es toda América Latina. En particular, la sufrida y abusada (¿también horrible?) Venezuela: la de los grandes contrastes; la atenazada como el Perú del joven novelista.

  • RICARDO GIL OTAIZA

21/07/2019 05:00 am

El título de este artículo corresponde a su vez al de un magnífico texto narrativo-ensayístico de Mario Vargas Llosa, que abre con fuerza su obra Sables y utopías Visiones de América Latina (Aguilar, 2010), en el que nos describe, con la indiscutible maestría de su prosa, sus años de formación en el Perú, sus primeros pasos en torno de la literatura, su incursión en el mundo del periodismo, de la radio y de la política, que marcaron como huella indeleble su ya longeva existencia. 

Pienso que los títulos son fundamentales para una obra, que pueden determinar ese gancho para atrapar a los potenciales lectores, o confinarla al olvido total. En mi caso merodeé durante años en torno de este sobrevenido libro de Vargas Llosa, pero eso de Sables y utopías no lograba atraparme del todo. La semana pasada entré a una de las pocas librerías sobrevivientes de Mérida, y me topé de nuevo con el libro, y tomé la decisión de comprarlo.

El tomo está constituido por un grupo de textos agrupados en 5 capítulos que abordan las diversas temáticas que han sido objeto de atención y eje central de la propuesta ensayística por parte del ahora Nobel: La peste del autoritarismo, Auge y declive de las revoluciones, Obstáculos al desarrollo: nacionalismo, populismo, indigenismo, corrupción, Defensa de la democracia y del liberalismo y Los beneficios de la irrealidad: arte y literatura latinoamericana

Abre el tomo el texto El país de las mil caras, inserto en el primer capítulo (La peste del autoritarismo). Como ya adelanté, se trata de un texto autobiográfico en el que el celebrado autor nos cuenta la influencia que el entorno peruano (y limeño en particular) ejerció en él la escritura de sus primeras obras (por cierto, las más laureadas): Los jefes, La ciudad y los perros, La casa verde, La tía Julia y el escribidor, Conversación en La catedra y La guerra del fin del mundo

Resalta la pasión del joven Mario por las causas de los desposeídos, su flirteo con el socialismo, sus influencias intelectuales y literarias (Sartre, Faulkner, Borges, Miller, Joyce, Hemingway, Proust, Malraux, Dumas, Verne, Víctor Hugo y Céline), el impacto que sufrió al conocer la verdadera realidad del Perú (común quizás para buena parte de los países de América Latina) en su visita a la Amazonía, en la que pudo cerciorarse de las precarias condiciones en las que viven los indígenas, del abuso y sufrimiento al que son sometidos por parte de los explotadores de siempre, en contraste con la belleza y la exuberancia del paisaje, de los ríos caudalosos, de las especies vegetales y animales nunca vistas por el resto del planeta.

Mantiene Vargas Llosa una relación de amor-odio con Lima, a la que autores como César Moro y Sebastián Salazar Bondy calificaron como “Lima, la horrible”. En esa ciudad de grandes contrastes (en la que extraordinarios monumentos arquitectónicos tienen como contexto toneladas de basura, deficiencia del transporte público y una elevada inseguridad), vio nacer nuestro autor su pasión literaria, su vocación política (azuzada por las grandes injusticias sociales y por la dictadura de Odría, que atenazó al Perú de sus años juveniles como estudiante en la Universidad de San Marcos), su fuerza intelectual alimentada por los grandes autores y por la discusión acalorada con sus amigos. 

El país de las mil caras es toda América Latina. En particular, la sufrida y abusada (¿también horrible?) Venezuela: la de los grandes contrastes; la atenazada como el Perú del joven novelista. 

@GilOtaiza 

rigilo99@hotmail.com
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