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Educar con pasión

Ser testigos de vida y esperanza es fundamental para arraigar bien el optimismo, que tiene un gran fundamento en que Cristo, y el sentido común, siempre son ajenos a lo burocrático y a lo mediocre...

  • FERNANDO CASTRO AGUAYO

14/01/2022 05:03 am

Celebraremos el día del Educador: con gozo recordamos estos insignes hombres y mujeres que entregan su vida a sus semejantes, fundamentalmente niños, niñas y adolescentes, aunque educar incluye personas muy distintas, incluso en momentos de madurez e incluso de edades avanzadas.

La tarea del educador es crear escuela: sumar personas que puedan aportar relaciones de acogida, de estímulo, de benevolencia, de disciplina, de virtud y de preparación de tal manera que el resultado sea que la persona crece en el uso de su razón, va creando una voluntad recia hacia el bien y la excelencia y, a la vez, pone su corazón en tantas cosas bellas y sublimes que descubren en ese entramado de relaciones. No es simplemente instruir: se trata de crear condiciones para educir las capacidades tan diversas del ser humano.

Hay que saber que el campo educativo nunca lo podemos abandonar porque educar es tarea de todos, siempre podemos ser testigos del patrimonio de valores y de conocimientos. Para los creyentes en Jesucristo, la fe aporta una luz importante sobre el hombre. El Señor fue maestro, enseñó que “hechos y palabras” y sobre todo sumó a su tarea magisterial a otros quienes con el testimonio de su vida y lo que aprendieron del Señor, lo transmitieron y llega a nuestros días.

Es imprescindible enseñar con pasión. Así lo pide el Papa Francisco: es pasión por el hombre, pasión por el niño, pasión por arraigar en esos educandos a la patria y a la Iglesia. Ser testigos de vida y esperanza es fundamental para arraigar bien el optimismo, que tiene un gran fundamento en que Cristo, y el sentido común, siempre son ajenos a lo burocrático y a lo mediocre.

Con alegría recuerdo a mis maestros, algunos ilustres hermanos de La Salle, a mis maestros de párvulo, y a mis profesores de la Universidad. Y a tantos quienes me han transmitido contenidos avalados con testimonios de integridad de vida.

Alabo y bendigo a los educadores. Ya el solo hecho de dedicarse a ello, indica un corazón sensible a los más necesitados. Imploro sobre todos especiales bendiciones.

Fcastroa@gmail.com
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