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Periodista por siempre

Miguel Sanmartín deja un gran legado de más de 40 años en El Universal

  • ANTONIO CASTILLO

28/01/2020 04:00 pm

Trajeado de manera impecable, portando en el brazo izquierdo una especie de cartera de cuero marrón, Miguel se pasaba la mano derecha por su densa cabellera, tratando de aplacar un indócil copete que parecía tener personalidad propia.

Serio, serísimo, todas las miradas se posaban sobre el entonces reportero estrella de Deportes de El Universal, cuando tomaba la palabra en las ruedas de prensa.

Aquellos son mis primeros recuerdos de Miguel, allá hacia principios de los años ochenta, cuando con sus incisivas preguntas literalmente paralizaba a todos los que de una u otra forma tenían que ver con el fútbol local.

Federativos, dueños de clubes, entrenadores y jugadores temblaban cuando el periodista, tras pasarse la diestra por el indócil copete, arremetía con todo.

Dos, tres preguntas y se marchaba, sin probar los suculentos almuerzos de entonces, y mucho menos las bebidas que eran el anzuelo para que los periodistas deportivos de la época reseñaran con relativa condescendencia el evento.

Al llegar a la redacción atacaba a la maltrecha Triumph con todas sus fuerzas. Algo así como Joe Frazier contra Muhammad Ali, si es que cabe la analogía. Era tal la vehemencia con la cual escribía, que los tipos de la máquina de escribir volaban por los aires y se tenía que llamar al técnico para que los soldara casi semanalmente.

Así forjaba su columna "Punto Crítico", que era un ácido compendio de denuncias debidamente sustentadas, aderezadas con comentarios de los protagonistas en cuestión, que la hacían una lectura obligada.

Cuando sacaba de su escritorio un grueso libraco de tapas verdes de sinónimos y antónimos, sus compañeros de entonces "Chichí" Hurtado, José Visconti y Santos Colmenarez decían ¡Ay papá! A quién le tocará la enjabonada del día?

Es cierto que esa vehemencia periodística le ganó una que otra amenaza de golpes de jugadores y entrenadores, pero Miguel no bajaba la guardia, asegurando que el que tenía la razón no debía dar marcha atrás.

También los amantes del motociclismo pudieron disfrutar de la prosa de Miguel, quien plasmó sobre el papel las hazañas de Jhonny Cecotto, Carlos Lavado e Iván Palazzese, los héroes de entonces.

Con Venemotos viajó a Europa para palpar in situ las extravagantes y destempladas demostraciones de Lavado al manillar de su Yamaha de 250cc. y aquí en Venezuela cubrió con efusividad y profesionalismo las válidas mundialistas de velocidad que se celebraron en el autódromo de San Carlos.

Pero lo mejor estaba por venir. Hacia finales de los noventa fue designado por John Muller, Director de El Universal, como el nuevo editor de la sección de Deportes del diario, tras lo cual lideró una novedosa experiencia periodística que le ganó elogios de propios y extraños.

Encabezó equipos de trabajo donde suplementos de diferentes disciplinas generaron premios y, consecuentemente, ganancias al diario.

Si bien su estilo de trabajo y personalidad no derrochaban matices (más bien era blanco o negro), Miguel se supo granjear el cariño y la amistad de muchos que pudieron valorar su rigurosidad como una de sus cualidades más dominantes.

De aviones y el Real Madrid
Con el pasar de los años dejó en su casa la fina cartera de cuero, pero la vehemencia y el indócil copete prevalecieron al tiempo. 

Aparte desarrolló una desmedida pasión por los aviones y todo lo que sucedía en la aviación comercial y militar le interesaba. Internet, Facebook, Twitter, Instagram, se valía de todo para nutrirse y es por ello que era capaz de dar una conferencia sobre cualquier aeronave y opinar sobre cualquier accidente ocurrido en los últimos tiempos. De allí que la serie "Catástrofes Aéreas" era una de sus favoritas. 

Su otra pasión -aparte de asaltar la nevera de madrugada- era el Real Madrid, su equipo del alma, por el que entablaba ardorosas polémicas sobre todo cuando perdía ante el Barcelona. Sus disecciones casi quirúrgicas de los partidos del Madrid eran dignos del estratega más avezado y habrían podido formar parte en la producción del famoso programa de la televisión española "El Chiringuito".

Ya como jefe de Información de El Universal sus posiciones en las reuniones de editores eran famosas, así como sus manotazos en la mesa. Su hábil visión del panorama periodístico lo hacían un protagonista casi imprescindible y sus críticas y recomendaciones a las diferentes editorías tenían un peso por demás específico. 

Ya hacía un año que se había alejado de la redacción a batallar por su cuenta con una implacable enfermedad, esa ante la que ya había resignado su indócil copete y que el 28 de enero se lo llevó definitivamente. Paz a su alma.

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