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Maestro Antonio Carrillo, un duaqueño de corazón…

Si bien nació en Barquisimeto, el 29 de octubre de 1892, fruto de la unión de Manuel Castillo y Micaela Carrillo, era Duaca, un verdadero destino para encontrarse con amigos como José Segura

  • ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

23/05/2020 01:00 pm

Alexander Cambero 

El maestro Antonio Carrillo renace en cada ejecución. Sus dedos imaginarios siguen deslizándose por las cuerdas del bandolín, magia entreverada en las glamorosas piezas; que lo elevaron al paraninfo eterno de los genios de la música larense. 

Si bien nació en Barquisimeto, el 29 de octubre de 1892, fruto de la unión de Manuel Castillo y Micaela Carrillo, era Duaca, un verdadero destino para encontrarse con amigos como José Segura, con el cual construyó una sólida amistad que perduró con el correr del tiempo. El magistral ejecutante poseía una personalidad de roca. Todos guardaban solemnidad monástica cuando este interpretaba, si alguno lo interrumpía aparecía su mirada de hielo para colocarlo mansamente en el sillón. 

En el silencio buscaba la perfección, aquel hombre robusto, apuraba un whisky, quizás para mostrarle a sus contertulios que también era humano. En Duaca pasaba días encerrando en el negocio del negro José Segura, allí mostraba el arte que después expondría en los escenarios venezolanos. 

Aquella peña de amigos era su santuario en la tierra, mientras su música viajaba hasta el infinito. Aunque era un hombre huraño, sabía encontrar instantes para hacer agradables las veladas. Un tabaco en la boca mientras la destreza hacía llorar al instrumento. Su genialidad brotaba por los poros sudorosos del artista que no dejaba nada al azar.

Los inicios…
Dio sus primeros pasos aprendiendo a tocar el bandolín. A los 16 años tuvo su primera actuación como integrante de la Estudiantina Las Diosas y en 1910 era el primer bajo de la Banda del Estado Lara. Igualmente fue bajista en la Orquesta Mavare. Estudió composición y armonía y aprendió a copiar música con el Maestro Pedro Istúriz Meneses, y por su gran talento fue designado Primer Bombardino de la Banda. 

Al poco tiempo fue nombrado Sub-Director y en 1924 Director de la Banda del Estado Lara, función que desempeñó hasta 1955.

Dos genios…
Aunque parezca curioso el extraordinario pintor venezolano Rafael Monasterios, aprendió a tocar bandolín en la misma clase en donde estaba Antonio Carrillo. Fue una breve pasantía del genial artista, que pasó de acariciar las cuerdas, al encuentro con el pincel, sin embargo, se constituyeron en patrimonio de una sólida amistad, Monasterios entendió que su búsqueda interior no estaba en la música. Con el tiempo sus caminos se ensancharon. 

El pintor llegó al cenit como uno de los mayores paisajistas de la historia pictórica nacional. Carrillo siguió escribiendo historia con sus cuerdas de oro dibujadas en una bandolina.

Un ejemplo…
El maestro Antonio Carrillo siempre se preocupó por dejar un legado. Por eso se empeñó en la fundación de escuela de música en donde se preservase todo el rico arsenal de nuestras tradiciones. Su labor en la docencia y preocupación por las "Escuelas de Música" fue muy reconocida. 

Fundó la Escuela de Música de Duaca y fue Director de la Banda Oficial de Duaca. Así mismo, se desempeñó como Director de la Escuela de Música de San Felipe e impartió clases en la Escuela de Música del Estado Lara, actual Conservatorio de Música Vicente Emilio Sojo. Son incontables los valores que nacieron gracias a esa iniciativa se seguir cultivando el arte como herencia cultural de nuestros pueblos.

Un hombre muerto…
El maestro Antonio Carrillo sufre un accidente cerebro vascular un 11 de junio de 1962. Cuando su gran amigo el profesor Daniel Segura, llega de Mérida para ver a su amigo en el hospital Antonio María Pineda de Barquisimeto, el médico a cargo le indica que Carrillo se estaba muriendo. 

En una camilla el maestro permanecía inmóvil. El granítico hombre convertido en un roble cultural, la mayor expresión de la musicalidad larense, yacía inerte en el mundo de los vivos, el umbral de la muerte le abría sus lúgubres brazos de ataúd. Se alejaba de la vida el genio creador que llenó a Lara de glorias. 

Dos días después efectivamente era difunto. fue sepultado en el cementerio viejo de Barquisimeto, cuya tumba ostenta una obra escultórica titulada: La Musa Enlutada del artista plástico Enrique González. El profesor Daniel Segura se encargó del discurso de despedida en el camposanto, pieza de oratoria muy recordada por los presentes. 

De entre muchas de sus obras musicales y la letra de Vivas Toledo está el vals Como llora una estrella dedicada a quien sería su futura esposa la señorita Benilde Rivero. Es bueno mencionar que el Padre Carlos Borges, amigo de la familia fue quien le adjudicó el nombre a este vals.

Un duaqueño por elección…
Antonio Carrillo eligió a Duaca para quererla. Aquí sembró raíces de sincera amistad. Vivió entre nosotros como un buen vecino que se cruzaba con todos. 

Fue un hombre taciturno que disfrutaba con aquellos que compartían su arte. En su honor el profesor Daniel Segura ideó el Botón Carrillo, como un reconocimiento no solo para aquellos valores de la música, también es un homenaje para este hombre sembrado en el corazón de nuestras vidas como pueblo.

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