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Entorno Urbano

RURALIZAR

Antes de 1960 no existía la carretera de la Costa sino la vía del llano que une ciudades creadas por los misioneros al penetrar hacia el interior desde la costa, relata en su columna Artis

  • VICTOR ARTIS

22/11/2019 02:33 pm

Desde el Occidente, tras un largo recorrido se pasaba por Valencia y Maracay Aragua hasta coincidir en La Encrucijada con la vía que bajaba de Caracas y para cruzar hacia el Oriente y el Sur. Antes de 1960 no existía la carretera de la Costa sino la vía del llano que une ciudades creadas por los misioneros al penetrar hacia el interior desde la costa. El Socorro, Valle de la Pascua, Las Mercedes y Santa María de Ipire centros urbanos poblados por vecinos que se conocían y contribuían a la evolución del entorno que habitaban.

Hoy el país cambia sin parar y alrededor de las diez ciudades mayores gravita casi el setenta y cinco de la población, cifra engañosa porque las estadísticas se refieren a municipios, no a ciudades y muchos habitantes no califican como urbanos por ser pobladores rurales en las periferias urbanas, en especial a lo largo de carreteras y caminos, como los asentados en la panamericana entre Agua Viva y El Vigía y en la troncal 9 desde Barlovento hasta Piritu. Porque ocupar rincones o lomas cercanas a las vías, no forman tejido urbano ni son contribuyentes pero demandan servicios públicos y como votan son engañados por quienes compiten en las elecciones distribuyendo engaños y ofreciendo repartir lo que no es suyo. Por ello las ciudades asumen costos inmensos sin contrapartida, lo que conduce al deterioro de las instalaciones y a prestar mal los servicios. La dispersión de viviendas y otras actividades en lugar de generar ciudad y ciudadanía ruraliza mal, no contribuye a formar ciudadanos y deja diferencias que pueden causar resentimientos y divisiones inconvenientes para convivir.

Ocupar un sitio al lado de una carretera para resolver una necesidad básica es la fórmula que ha generado inmensas barriadas anárquicas en las ciudades, responsabilidad atribuible a nadie porque la prosperidad, que precedió a la educación y al conocimiento para actuar, coincidió con una escasez de profesionales preparados para conducir la inmensa tarea de incorporar nuevos habitantes urbanos con orden, eficiencia y amenidades. Los campamentos petroleros demostraron la posibilidad de habitar con esas condiciones, pero mientras las ciudades crecían, su ejemplo poco se notó. Además Hoy en día tenemos un país con un noventa por ciento de población urbana, y gobiernos que quizás serán más influyentes que los gobiernos regionales. La mitad de nuestro conglomerado urbano vive mal, sin movilidad, con servicios deficientes y con equipamientos precarios, condiciones a superar si queremos que los ciudadanos sean orgullosos y satisfechos, tengan sentido de pertenencia y capacidad para contribuir al sostén de los bienes comunes. Contra ello conspira un clima benigno que permite iniciar un hogar bajo cualquier cubierta.

Estos objetivos no se lograrán con pinturitas, tuberías improvisadas y otros maquillajes de efecto inmediato pero efímero. Se requerirán intervenciones notables como crear vías aptas para autobuses, ambulancias, patrullas y otros vehículos, así como eliminar riesgos y abrir espacios para equipamientos, actividades que necesitarán de legislación para otorgar compensaciones justas a quienes deban ser desplazados, crear zonificación con estímulos para integrar propiedades, trasladar derechos y otras disposiciones. Será un trabajo arduo, pero ineludible si aspiramos a ser una sociedad unida, no ruralizada con núcleos de inconformidad, vulnerables ante ilusionistas.

vartisg@gmail.com

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