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Infecciones son el mayor riesgo al recibir perdigonazos

El peligro se incrementa si la persona está cerca del lugar del disparo

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Lo aconsejable es mantener la mayor distancia posible con el foco de los tiros ARCHIVO
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DANIEL GONZÁLEZ CAPPA |  EL UNIVERSAL
martes 23 de abril de 2013  12:00 AM
Un perdigón es un elemento balístico utilizado por las fuerzas de seguridad para controlar las masas de gente durante las manifestaciones, por lo que su fin no es generar daño ni dolor más del necesario. Pero eso no implica que un perdigonazo no pueda acarrear riesgos a la salud.

El principal riesgo al recibir uno o varios impactos de perdigones es la infección, ya que se trata de una herida que se forma en un ambiente contaminado y está en contacto con objetos que pueden ensuciar la lesión, como ropa o sudor, según afirma la cirujana Ana Torrealba.

En segundo lugar de importancia están las cicatrices que deja el impacto, que pueden variar dependiendo de la distancia recorrida por el proyectil antes de penetrar en algún tejido. Mientras más cerca está la persona desde el punto de disparo, la herida será más profunda y tardará más tiempo en sanarse.

"Todo impacto por perdigón genera una herida penetrante que va a generar una cicatriz de por vida", explica Torrealba. La cirugía plástica es la mejor opción en estos casos una vez que el proyectil fue extraído y la lesión saneada.

Los tejidos blandos son los más propensos a ser perjudicados por perdigonazos. Esto es piel, músculos y lípidos (grasas), según afirma José Antonio Parejo, médico internista y presidente de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna.

Pero esto en el mejor de los casos. Un proyectil de este tipo (que pueden ser de plástico o de plomo dependiendo del fin para el que es utilizado) no debe ser disparado hacia una persona a una distancia menor a un metro.

Si la distancia es menor, se corre el riesgo de que los huesos expuestos al impacto se fisuren o que incluso algunos órganos se vean perjudicados al ser penetrados.

El riesgo no es tan grande si el impacto fue en las extremidades (brazos y piernas), ya que no hay órganos importantes en esa zona. Lo que puede ocurrir en estos casos es que las terminaciones nerviosas son dañadas y la persona no sienta tanto dolor, subestimando la importancia de la herida.

Si la penetración del perdigón sucedió en la caja torácica, las costillas -las encargadas de proteger pulmones y corazón- serán las primeras perjudicadas. Si fuese en el abdomen, puede haber riesgos con el hígado y el páncreas.

Lo peor que puede ocurrir, a juicio de Torrealba, es un impacto en el rostro, ya que el riesgo es mucho mayor en caso de una infección y hay altas posibilidades de que el perdigón penetre el ojo.

De ocurrir así, el perdigón puede perforar la córnea y afectar el cristalino, perjudicando seriamente al órgano visual con daños permanentes. Incluso la persona puede perder el ojo.

Lo mejor en caso de haber perdigonazos es mantener la mayor distancia posible con el foco de los disparos. Protéjase la cara con los brazos y busque refugio.

Al recibir impactos de perdigones, lo aconsejable es trasladar a la persona rápidamente a algún centro asistencial, donde cirujanos procederán a limpiar la herida y a extraer el proyectil, que debe ser sacado lo más pronto posible. De ser necesario, la persona debe tomar antibióticos recetados por los especialistas e incluso hacer una visita al psicólogo.

En ningún caso se recomienda que la misma persona o manos inexpertas extraigan el perdigón del cuerpo ya que se puede causar mayor daño y aumentar las probabilidades de generar una infección.

Hay múltiples variedades de perdigones, aunque los utilizados para el orden público suelen tener un diámetro menor al centímetro.

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