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La caminata como búsqueda espiritual

Los antropólogos siempre han sostenido que los peregrinos ocupan un ámbito liminal externo aunque contiguo de la sociedad. "En ese espacio es posible lograr una interacción humana directa que no tome en cuenta las jerarquías, de modo que se puede intimar muy rápidamente", explica Ellen Badone, autora de "Intersecting Journeys: The Anthropology of Pilgrimage and Tourism".

EL UNIVERSAL
domingo 3 de marzo de 2013  03:56 PM
Ken Ilgunas, que tiene 29 años de edad, llegó a Port Arthur, en la costa del golfo de México en Texas, después de haber caminado 2,735 kilómetros desde Alberta, Canadá, cruzando por el corazón de Estados Unidos. A su llegada se reunió con un magnánimo texano que supo de él a través de su blog y generosamente le ofreció su casa para cenar y pasar la noche. "Recorrer este país a pie es enamorarse de la humanidad", afirmó Ilgunas.

Él es uno de un número creciente de peregrinos que se ajustan las botas para caminar a través de Estados Unidos. Aunque su jornada puede no tener las bases religiosas de los peregrinajes a Santiago de Compostela, la Meca, Jerusalén o el Khumba Mela que se está celebrando actualmente en la India, y que termina el 10 de marzo, no obstante son actos de fe y de búsqueda de sentido existencial.

Ilgunas había terminado su maestría en estudios liberales en la Universidad Duke y estaba viviendo en la granja de un compañero de la escuela en el condado Stokes, Carolina del Norte, trabajando a cambio de su sustento, cuando decidió emprender el viaje. Él había leído "A Walk Across America", memorias escritas en 1979 por Peter Jenkins, y esperaba tener una experiencia igualmente transformativa. Así que se abasteció de granola y alimentos deshidratados en Whole Foods y Sam's Club y le pidió a un amigo que le fuera enviando los paquetes a diferentes oficinas de correo a lo largo de su ruta.

Pero fue la bondad de los desconocidos que encontró en su camino lo que realmente lo mantuvo. "Prácticamente en cada pueblo, alguien por completo desconocido me ofrecía un viaje, una comida, un puñado de billetes o su casa para que durmiera", recuerda Ilgunas. "Este viaje hizo que me sintiera orgulloso de ser estadounidense."

Jonathon Stalls, de 30 años de edad, caminó 4,876 kilómetros a lo largo de la ruta Descubrimiento de América, desde Lewes, Delaware, hasta San Francisco. El recorrido lo hizo en 2010 en compañía de su perro y decidió hacerlo porque estaba harto de las presiones de asistir a la escuela de diseño, trabajar de mesero y jugar volibol semiprofesional. "Quería bajar la velocidad y llevar una vida al ritmo para el que estamos hechos", explicó. "Quería confiar y depender de la tierra y de mí mismo."

Durante los 242 días que pasó de viaje, él estuvo con 120 personas a quienes conoció cuando detenían su auto a su lado para platicar o entablaban conversaciones en librerías, tiendas o parques. "Quedé marcado para siempre por la apertura de la gente, por compartir la comida e intercambiar historias", precisó.

Desde 2010 han proliferado los blogs que narran caminatas por todo el país, a veces con un increíble grado de detalle. A juzgar por las numerosas notas sobre ampollas que sangran, músculos torcidos, picaduras de insectos, clima inclemente, osos que asustan, falta de comida y tiendas con goteras, muchos de ellos estaban penosamente impreparados para esa jornada.

"La gran dificultad es lo que lo vuelve un acto de devoción", comenta Rebecca Solnit, autora de "Wanderlust: A History of Walking". "Parte del deseo de hacerlo es aceptar que el mundo es imprevisible y confiar en lo que el mundo nos envíe y en que podremos manejarlo."

Más que caminar para demostrar un compromiso religioso, muchos dedican sus caminatas por todo el país a alguna causa, como hizo el llamado Peregrino de la Paz, Mildred Normal Ryder, que caminó más de 40,000 kilómetros por todo Estados Unidos de 1953 a 1981 en favor de la paz mundial. Stalls, por ejemplo, caminó en beneficio de la organización de microcrédito Kiva; Ilgunas, a su vez, caminó a lo largo de la trayectoria propuesta para el oleoducto Keystone XL, a fin de llamar la atención sobre el impacto que esa obra tendrá en el ambiente.

"Es algo egoísta emprender un peregrinaje sólo para nosotros mismos", asegura John Seyal, de 26 años de edad, de Louisville, Kentucky. Junto con su esposa Kait, de 27 años, Seyal pasó nueve meses del año pasado caminando de costa a costa en compañía de sus dos perros, a fin de crear conciencia sobre la terapia de mascotas. "No creo que ese tipo de egoísmo o esa búsqueda interna sea algo malo, pero nosotros reconocimos una forma de hacer algo bueno con eso."

Los Seyal explicaron que se lanzaron en esa jornada porque no les gustaba el camino por el que estaba yendo su vida. Tenían un empleo nada inspirador en una fábrica y en un restaurante, sentían que se estaban adaptando a los valores de la sociedad en lugar de seguir sus sentimientos y que estaban perdiendo la fe en la gente.

"Casi todos los que hacen esto tienen alguna forma de infelicidad generalizada consigo mismos y con el mundo", asegura Tyler Coulson, de 34 años de edad, que en 2011 renunció a su empleo de abogado corporativo en una empresa grande de Chicago para recorrer a pie el país junto con su perro. "Nadie que se sienta feliz y contento se despierta un día queriendo irse a vivir a una tienda de campaña durante ocho meses." Ése fue el tiempo que necesitó para caminar más de 5,000 kilómetros, de Rehoboth Beach, Delaware, hasta San Diego.

Desde que regresó de su viaje, él divide su tiempo entre escribir libros que él mismo publica, practicar el derecho y asesorar a otros que se preparan a caminar por todo el país. "Soy una mejor persona. Y más feliz", asegura Coulson.

Los recorridos por todo el país suelen terminar con una zambullida bautismal en el océano. "No tiene idea de lo que sentí al mojarme los pies en las aguas del Atlántico", afirma Richard Noble, que dejó su trabajo como cajero de un festival cinematográfico el año pasado para caminar 4,345 kilómetros de San Francisco a Jacksonville Beach, Florida, en favor de los derechos de los homosexuales.

Su viaje estuvo financiado por completo por extraños que le dieron dinero, comida y alojamiento a lo largo de su camino y por aquellos que donaron en línea a través de su blog. "No se puede experimentar ese tipo de generosidad y seguir siendo la misma persona de antes", afirmó.

Los antropólogos siempre han sostenido que los peregrinos ocupan un ámbito liminal externo aunque contiguo de la sociedad. "En ese espacio es posible lograr una interacción humana directa que no tome en cuenta las jerarquías, de modo que se puede intimar muy rápidamente", explica Ellen Badone, autora de "Intersecting Journeys: The Anthropology of Pilgrimage and Tourism" y profesora de antropología y estudios religiosos en la Universidad McMaster de Hamilton, Ontario. "Penetrar en esta esfera extraordinaria permite interacciones también extraordinarias en las que la gente se acerca rápidamente y está dispuesta a hacer todo lo posible por ayudar."

Arthur Werner, de 58 años de edad, abandonó su empleo de venta de servicios financieros en Bellevue, Washington, en junio del año pasado, para irse a caminar por todo el país después de una serie de golpes emocionales. Él calcula que habló con cientos de personas a lo largo de su camino. "Estamos tan aislados y esterilizados por todos nuestros medios electrónicos de comunicación, por nuestros insulsos comentarios en Facebook, que nunca nos sentamos a tener una charla a corazón abierto con los demás", asegura. "Para mí fue algo muy conmovedor que me permitió realizarme."

Él tiene pensado terminar su caminata en abril, en el extremo más meridional de los Estados Unidos continentales, Cayo Hueso, Florida. Pero advirtió que su destino final está más allá de ese punto. "En realidad, lo único importante es la jornada misma".
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Comentarios (1)
Por Josep Anglade
04.03.2013
5:31 AM
la vida es un equilibrio entre lo material y lo espiritual, no debemos inclinar la balanza solo hacia un lado, y hoy dia lamentablemente la balanza esta hacia el materialismo, juguetes de alta tecnologia y friladad e hipocresia, tenemos la tecnologia para nuestro servicio y ser felices y en cambio somos esclavos de ella.
 
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