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CARPE VINUM

Seña funda una épica, osada y muy personal, y abre un horizonte que rompe esquemas

VLADIMIR VILORIA |  EL UNIVERSAL
sábado 2 de febrero de 2013  12:00 AM
Seña: huaso de temer
Era 1995. Nacía entonces un proyecto liderado por Eduardo Chadwick, donde también participó el legendario Robert Mondavi, tal vez el más importante pionero del vino en California.

Por esos años, el vino no tenía la atención mediática de hoy, ni tampoco era consecuencia de diseños preconcebidos para complacer paladares ni el gusto de catadores de revistas especializadas ni líderes de opinión, quienes, a fines de la década de los años 80 e inicios de la década de los 90's, iniciaban su influencia en fuertes mercados como el inglés o el estadounidense.

El vino, sobre todo el buen vino, todavía era esencialmente intuición e instinto, una búsqueda muy subjetiva, metáfora del suelo y el clima donde se arraiga profundo y terco el viñedo.

Seña funda entonces una épica, osada y muy personal -finalmente el punto de vista de Chadwick- y abre un horizonte que rompe los esquemas de entender y concebir el vino chileno.

No sé si en la búsqueda inicial de Eduardo Chadwick estuvo la idea de lograr un vino icónico a imagen y semejanza de los grandes Burdeos (Lafite, Mouton, Margaux, Latour, por ejemplo) tal y como ocurriera en Toscana con los hoy llamados super Tuscan (Solaia, Sassicaia, Ornellaia, Tignanello), pero los pagos donde se inicia esta historia, en el corazón del Valle de Aconcagua, hoy un viñedo biodinámico de 42 Ha. compuesto por 42% de Cabernet Sauvignon, 23% Merlot, 15% Carmenere, 11% Cabernet Franc, 4% Malbec, 4% Syrah, más un 2% de Petit Verdot, donde predominan suelos coluviales, ricos en roca, grava y arcilla, y un clima más bien templado, hacen posible un vino definitivamente sobresaliente, incluso capaz de competir a ciegas (www.theberlintesting.com), cabeza a cabeza, con grandes del mundo como los recordados arriba.

El 29 de octubre de 2012, en el Valle de Aconcagua, asistimos a una memorable cata vertical donde 16 añadas -1995 a 2010-, narraron la historia de Seña, trama intensa que nos cuenta cómo se llega a comprender un terroir, la composición de la mezcla y la particularidad de cada cosecha según el clima.

Más allá del cansancio de los vinos más maduros, de la cosecha 95 y hasta la 2002 y donde hay un predominio del Cabernet Sauvignon en el blend, es notable la materia de la que están hechos.

En las añadas de 2003 a 2010, donde el Cabernet Sauvignon es trabajado en un 55%, más o menos, y aumenta el uso del Merlot y del Carmenere, y gana en personalidad y elegancia, haciéndose más chileno.

¿Conclusión?: Seña es un vino portentoso y sin complejos. Un huaso de temer.

¡Salud! vladimirviloria@gmail.com

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