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CARPE VINUM

"El vino debería ser tan complejo como la hallaca, con carácter, pero ligero y amable..."

VLADIMIR VILORIA |  EL UNIVERSAL
sábado 22 de diciembre de 2012  12:00 AM
Hallaca y vino
Para Armando Scannone

¿Vino para la hallaca? La tarea pareciera fácil, pero encontrar alguno que enaltezca debidamente nuestro secular pastel navideño, respetando su esencia colorida y compleja, sin hostigarlo ni avasallarlo, a veces puede ser complicado, sobre todo si ponemos en la mesa alguna botella de alto vuelo.

En sí misma la hallaca es una explosión de sabores, un compendio de matices rico y complejo. Enigmático como una mujer hermosa e inteligente, es un plato al que hay que acercarse con cautela para así comprender su exuberancia y disfrutarlo en su plenitud de argumentos.

Bien hecha es untuosa, conjuga todos los sabores, combina a su vez la compleja textura y aromas del maíz de la masa, con la intensidad de carnes como el cerdo y la gallina que luego de lograda la alquimia del misterioso guiso debe resultar en una totalidad equilibrada y armoniosa. Por eso el hallazgo del vino ideal para este plato no es fácil. Este debería ser tan complejo como ella, con carácter, claro, pero ligero y amable, de textura sedosa, nada astringente y de aromas delicados. Tal vez el tanino recio y duro de vinos muy potentes, sea su más peligroso enemigo.

Un vino capaz de la cópula con la hallaca tiene que respetarla, no hostigarla, debe más bien seducirla, dejar que ésta lo busque y se le entregue sin sobresaltos ni obligaciones. Debe hacerla sentir cómoda para enaltecerla y extraerle el máximo de su sensualidad organoléptica. En principio, se debería buscar tintos jóvenes y ligeros elaborados con vidueños de estructura media, como el merlot, el pinot noir o el tempranillo, sin crianza en roble, pletóricos en fruta, jugosos y delicados, como aquel Viña Altagracia que alguna vez produjo Pomar cuando Patrick Rabion estaba al frente de la bodega.

Pienso también en un precoz Novello italiano o en vinos elaborados en crus de Beaujolais, patria del fresco gamay, como Brouilly, Morgon, Chiroubles, Fleurie, Moulin-á-Vent, Chénas, o Juliénas, de mayor complejidad pero con una tipicidad aromática delicada y esencialmente frutal, que luego de tres o cuatro años en botella, saben darse elegantes y sutiles...

Tal vez un maduro Amarone della Valpolicella, cuando el pastel es abiertamente abocado, o un buen Borgoña con tiempo en botella, como un Chambolle-Musigny, un Corton-Charlemagne, o un Chambertin Clos de Beze, finos, delicados y sutiles, deberían regar sin sobresaltos nuestra siempre rebelde hallaca, eterna reina de la mesa navideña venezolana. ¡Salud!

vladimirviloria@gmail.com

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