La sordera es un mal común
Después de los 40 años se pierde 1% de capacidad auditiva cada doce meses
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Los nuevos audífonos son muy discretos, se adaptan a cada paciente y pueden diseñarse del color que se escoja CORTESÍA J.PÉREZ/ALEGO COMUNICACIONES
GIULIANA CHIAPPE
| EL UNIVERSAL
lunes 17 de septiembre de 2012 12:00 AM
Después de los 40, todas las personas oyen peor. Cada año, a partir de esa edad, se pierde 1% de capacidad de audición.
Otros pierden más que eso y llegan a sufrir de hipoacusia grave. Según cifras que maneja la coordinación del Programa de Audiología -las más recientes son de 2007- 6.43% de la población general de Venezuela tiene disminuida su capacidad de oír pero este porcentaje aumenta a 15% después de los 55 y a 29% después de los 69.
Ender Ramos, director de Widex, empresa de audífonos de alta tecnología que cumple 20 años en el país, considera que ante esta importante incidencia, los dispositivos para mejorar la audición deberían ser casi tan comunes como los lentes. No lo son por diversos factores: pocos aceptan su problema, tienen la imagen que los audífonos son grandes y feos y que son de difícil adaptación y temen la estigmatización social.
Esta reticencia es mundial. Dinamarca es el país más desarrollado en cuanto a audífonos auditivos. Tres de las mayores fábricas están allí, incluida Widex, y la seguridad social paga los audífonos de cada danés con hipoacusia. Aún así, menos de la mitad de la población necesitada los utiliza.
"Siempre se ha pensado que la hipoacusia es un problema de la tercera edad y no es así. La población joven la padece y su incidencia está aumentando", expresó Ramos, durante la presentación de Oscar, un maniquí con sensores similares a los humanos que permite analizar problemas de hipoacusia y el funcionamiento de los audífonos.
Los indicios que algo no anda bien son diversos. A las personas les puede costar seguir una conversación de varias personas, no entienden palabras sueltas, oyen el televisor muy alto, hablan duro o dejan de escuchar determinados sonidos.
Con los avances médicos, la tecnología empleada en los audífonos ha mejorado y también su apariencia. Ya no son esos plásticos enormes color carne o transparentes que sobresalían notoriamente. Ahora son pequeñas y delgadas medialunas, que se hacen con el color que deseen los pacientes, se colocan detrás de la oreja y se conectan a un aparato hecho a la medida del conducto auditivo con una fibra transparente.
La recepción de los sonidos también mejora. Una queja frecuente sobre los audífonos de vieja generación es que todos los ruidos se escuchan alto. Por ejemplo, perciben igual de cerca la voz de quien tienen al frente como de la ambulancia que pasa a dos cuadras. Son sonidos que ocurren a distintas frecuencias y el problema es que todas se aumentan por igual. La nueva tecnología permite diferenciar y ajustar cada vez que sea necesario esas frecuencias.
Otros pierden más que eso y llegan a sufrir de hipoacusia grave. Según cifras que maneja la coordinación del Programa de Audiología -las más recientes son de 2007- 6.43% de la población general de Venezuela tiene disminuida su capacidad de oír pero este porcentaje aumenta a 15% después de los 55 y a 29% después de los 69.
Ender Ramos, director de Widex, empresa de audífonos de alta tecnología que cumple 20 años en el país, considera que ante esta importante incidencia, los dispositivos para mejorar la audición deberían ser casi tan comunes como los lentes. No lo son por diversos factores: pocos aceptan su problema, tienen la imagen que los audífonos son grandes y feos y que son de difícil adaptación y temen la estigmatización social.
Esta reticencia es mundial. Dinamarca es el país más desarrollado en cuanto a audífonos auditivos. Tres de las mayores fábricas están allí, incluida Widex, y la seguridad social paga los audífonos de cada danés con hipoacusia. Aún así, menos de la mitad de la población necesitada los utiliza.
"Siempre se ha pensado que la hipoacusia es un problema de la tercera edad y no es así. La población joven la padece y su incidencia está aumentando", expresó Ramos, durante la presentación de Oscar, un maniquí con sensores similares a los humanos que permite analizar problemas de hipoacusia y el funcionamiento de los audífonos.
Los indicios que algo no anda bien son diversos. A las personas les puede costar seguir una conversación de varias personas, no entienden palabras sueltas, oyen el televisor muy alto, hablan duro o dejan de escuchar determinados sonidos.
Con los avances médicos, la tecnología empleada en los audífonos ha mejorado y también su apariencia. Ya no son esos plásticos enormes color carne o transparentes que sobresalían notoriamente. Ahora son pequeñas y delgadas medialunas, que se hacen con el color que deseen los pacientes, se colocan detrás de la oreja y se conectan a un aparato hecho a la medida del conducto auditivo con una fibra transparente.
La recepción de los sonidos también mejora. Una queja frecuente sobre los audífonos de vieja generación es que todos los ruidos se escuchan alto. Por ejemplo, perciben igual de cerca la voz de quien tienen al frente como de la ambulancia que pasa a dos cuadras. Son sonidos que ocurren a distintas frecuencias y el problema es que todas se aumentan por igual. La nueva tecnología permite diferenciar y ajustar cada vez que sea necesario esas frecuencias.
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