CARPE VINUM
"El siempre entrañable Bar Basque, ya se siente vacío y solo sin tu presencia luminosa"
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Carta triste a Mariví
Mariví, ramita de perejil, diente de ajo, piquillo maduro, copa de Txacolí, ojos de mar:
Es tan extraño escribirte sabiendo que ya no estás. Candelaria, justo allí, de Alcabala a Peligro, esas esquinas que por tantos años trajinaste siguiendo el rastro del siempre entrañable Bar Basque, ya se siente vacía y sola sin tu presencia luminosa. La vida nos enseña otra vez lo absurda que puede llegar a ser, lo frágiles que somos y que, en el fondo, vivirla lo mejor posible es lo único que podemos hacer con ella. Creo que tú eres el mejor ejemplo de eso. Viviste entre nosotros para obsequiarnos con tu alegría, tu calor, tu generosidad, tu sabiduría, tu picardía, tu inteligencia exquisita, tu buen gusto, tu manera fina y elegante de decir las cosas y de proponernos las viandas que comeríamos en tu casa, esa que Blanca Royo fundara junto a tu padre hace ya casi cincuenta años, tal vez el mejor restaurante vasco que se haya logrado fuera de Euskadi, y la de Carlos tu hijo, cocinero impecable heredero de la sazón y los secretos culinarios de su abuela. Créeme Mariví cuando te digo que nadie cantó un menú tan hermosamente como tú, que nadie será capaz de describir un plato como tú y que nadie podrá acercarse jamás al oficio de restaurar el espíritu como tú.
Este extraño país que tanto quisiste, tan banal y desagradecido a veces, le debe tantas cosas a ti y a tu familia, entre otras, el hecho de que ustedes hicieron posible un lugar único en el mundo donde alegrar el alma y encontrar sosiego, sin trampas, con humildad y entrega, desde la certeza de toda una cultura, y sobre todo, desde la más absoluta honestidad, virtud hoy tan cara y escasa en Tierra de Gracia.
¿Sabes, Mariví?, hoy que ya no estás hubiese querido frecuentarte más, recalar como tantas veces en tu barra para, junto una copa de Tío Pepe, dejarme llevar por tus consejos: alcachofas salteadas con chorizo, chistorras caramelizadas, pimientos rellenos de mero o bacalao, morcillas a la vasca o la siempre perfecta tortilla de angulas. Donde quiera que estés ahora seguirás teniendo el don de saber lo que queremos comer sin preguntar.
Se que volveré de nuevo al Bar Basque y también que no será fácil. Se igualmente que estarás desde tu ubicuidad de siempre y que tendré que acostumbrarme a tu presencia invisible. Cada aroma, cada sabor posible gracias a la alquimia de Carlos en los fogones, harán la magia de traerte a mi mesa para hacerme sentir tu perfume y el canto eterno de tu dulce voz...
vladimirviloria@gmail.com
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