ULTIMO SABADO

La esperanza hermenéutica y el diálogo

La situación de desencuentro social que hoy atravesamos parece propicia, según Rafael Castillo Zapata, para recordar los aportes de la tradición hermenéutica
a la búsqueda del entendimiento a través de la experiencia riesgosa,
más esperanzada, del diálogo

La hermenéutica es la espera de lo que falta
en un mundo lúcido de sus propias carestías.

Mariano Peñalver

"El lenguaje no se construye con afirmaciones, sino en el diálogo" -dice Gadamer-, un diálogo "en el que se buscan las palabras para lo que está interminablemente por decir". Ahora que la idea y la práctica del diálogo parecen haberse convertido en comodines del discurso político, bien vale la pena, creo, en la situación de extrañamiento colectivo en la que nos encontramos actualmente, retomar la visión gadameriana de la hermenéutica y su focalización persistente del diálogo como principio motor y estructurador de la experiencia de la comprensión entre los hombres y, por lo tanto, como base fundamental de la posibilidad del logro y sostenimiento de cualquier forma de convivencia entre ellos.

Lo primero que habría que atender en la afirmación gadameriana del diálogo es que el diálogo es una búsqueda de lo que pudiéramos llamar "la palabra justa" que permita decir, provisionalmente siempre, lo que, por eso mismo, está interminablemente por decir: nunca acabamos, en la sociedad humana, en la convivencia entre cada individuo y los otros -y en cada individuo consigo mismo, al mismo tiempo-, de encontrar la palabra definitiva con la cual se pudiera alcanzar el mutuo acuerdo. Lo que nos dice la hermenéutica gadameriana es que no existe tal palabra definitiva. Por lo tanto, el diálogo se presenta como una tarea sin fin, un proceso vivo que "persigue el entendimiento mediante la afirmación y la réplica, lo cual implica buscar las palabras justas y acompañarlas del énfasis y del gesto adecuados para hacerlas asequibles al interlocutor". El diálogo es, pues, un esfuerzo mutuo o múltiple entre las partes interactuantes para encontrar las palabras mediante las cuales puedan tenderse los puentes provisionales y, por supuesto, parciales de una posible comprensión. El juego de afirmación y réplica implica, así, una dinámica de interacción abierta y riesgosa en la que la expectativa de sentido, la confianza en la posibilidad real de arribar a la comprensión y la capacidad de escucha del interlocutor o de los interlocutores constituyen partes fundamentales de su funcionamiento.

Abrir, pues, con actitud hermenéutica, la escena del diálogo, es estar dispuesto a realizar interminablemente un recorrido por las "virtualidades semánticas" de lo que escuchamos decir al otro -o de lo que leemos en un texto-, un recorrido por las posibilidades de sentido que la propia interacción entre los diversos actores del intercambio verbal va abriendo o cerrando. En la comprensión hermenéutica, como escribe Mariano Peñalver, "lo que se opera no es la mera reducción de las figuras presentes en el acto de la significación explícita del texto en beneficio de su querer decir implícito, sino la escucha de su sentido concreto y contingente; es decir, la escucha del fondo complejo de nuevos mundos de significaciones que se desprende de la lectura comprensiva de lo explícito en el acto mismo de la interlocución". Esto es lo que determina la riqueza y el riesgo de todo diálogo: la disponibilidad de los participantes a arribar a mundos de sentido completamente imprevistos en el juego de la interacción. Es decir, en el diálogo tenemos que estar dispuestos a modificar nuestras expectativas y desmontar nuestros prejuicios -sin los cuales, por otra parte, no podríamos entrar en la dinámica de la pregunta y la respuesta característica del diálogo- para arribar a sentidos, digamos, consensuales, los únicos que pueden dar lugar a un entendimiento. Por esto mismo, el diálogo, entendido de esta manera, pone en evidencia que la operación hermenéutica es, efectivamente, transformadora; de ahí su valor social y político. Si, como dice Gadamer, la hermenéutica es el tendido de puentes para acercar dos extrañezas, estaría claro que este tendido de puentes comprensivos -que señala el carácter mediador originario de la hermeneutiké- implica la reelaboración constante, durante el proceso mismo del tendido, de las premisas anteriores a la realización del diálogo mismo.

En este sentido, es necesario recalcar la importancia que la hermenéutica gadameriana -que hereda este énfasis de la reflexión heideggeriana- le concede a la situación en la que se realiza el diálogo: "La comprensión -escribe Gadamer- de un texto, sea oral o escrito, depende en todo caso de unas condiciones comunicativas que rebasan el mero contenido fijo de lo dicho. Podemos afirmar incluso que el hecho de recurrir a la letra o al texto en cuanto tal está siempre motivado por la peculiaridad de la situación de entendimiento". Esta peculiaridad de la situación es la que determina, precisamente, la necesidad de buscar las palabras adecuadas: la situación de la interacción dialógica exige, así, una exploración semántica cuyo motor principal es la espera racional de una coincidencia. Sin la conciencia confiada en la posibilidad del sentido, de un sentido que pueda, finalmente, compartirse entre las partes, el diálogo perdería su razón de ser. Por eso es tan importante la confianza hermenéutica por el arribo del sentido -por la espera de un sentido que adviene, siempre prometido, al que es posible invocar y convocar constantemente-: "En la hermenéutica, hay una espera de significaciones que el lector sitúa más allá o más acá del discurso explícito presente, en el fondo jamás presente de presuposiciones y de virtualidades que emerge gracias al acto único e irrepetible de la lectura. Hay una espera racional de un fruto más sabroso que la propia simiente presente, una espera que cuenta con el tiempo que puede hacer rico y concreto lo aún pobre y abstracto. La hermenéutica es la espera de lo que falta en un mundo lúcido de sus propias carestías", como escribe Mariano Peñalver.

Por eso, para la hermenéutica es tan importante la posibilidad y la disponibilidad de la escucha: "Escuchar el decir del otro para comprender un sentido con el que espero poder consentir sería la secuencia en la que se piensa, a un tiempo, el deseo de sentido y el problema contemporáneo de la alteridad". ¿En qué medida es posible, hoy, algo semejante en nuestro país?

Nota
Mariano Peñalver es un reconocido estudioso de la hermenéutica contemporánea. Profesor de Filosofía en la Universidad de Cádiz, es autor, entre otros textos, de La búsqueda del sentido en el pensamiento de Paul Ricoeur (1978).

Rafael Castillo Zapata. Ensayista y poeta

 
N 30 Año VI
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25 de enero
de 2003
 
 

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