Libros, Lecturas y Lectores

LAURA ANTILLANO RECUPERA UN VIEJO LEGAJO

Ellas a través del espejo

El legajo dejado por una voz femenina del siglo XIX encuentra correspondencia en una historiadora del siglo XX. Ambas se reúnen en Solitaria Solidaria, novela de Laura Antillano cuya segunda edición será presentada el próximo jueves primero de noviembre, en la Librería Macondo, por Rodolfo Izaguirre y por Luz Marina Rivas quien la distingue como el "registro de una historia silenciada: la historia de las mujeres, la que alienta detrás de muros, convenciones y celosías creados para contenerlas"



Cuando Alicia regresó al País de las Maravillas, se transportó penetrando un espejo, hermosa metáfora de la búsqueda de la identidad buscando la trascendencia del sí-misma. La niña en trance de hacerse mujer explora las facetas desconocidas de sí misma en un viaje más allá del mundo convencional limitado que ha recibido de la educación victoriana.Guardando las distancias, la solitaria Zulay Montero, joven historiadora y profesora universitaria, formada en la convulsionada segunda mitad del siglo XX, habitante de un país portátil que se nos ha ido de las manos, busca a través del espejo el encuentro consigo misma como individuo, como mujer y como venezolana, sólo que este espejo es muy especial; le devuelve su imagen en color sepia, amarillenta por la acción de más de cien años transcurridos, pues no es su rostro el que mira buscándose a sí misma, sino el de Leonora Armundeloy, una joven venezolana como ella, también solitaria, que le habla desde el siglo XIX.

La voz de Leonora habla desde un viejo legajo de papeles olvidados en el último rincón de una biblioteca. Estos textos se convierten en una obsesión para la historiadora, que ha hecho el hallazgo por mero azar. Ella, que tenía el propósito de estudiar el período político del país bajo los sucesivos gobiernos del déspota ilustrado que fue Antonio Guzmán Blanco, hace de los papeles de Leonora las fuentes privilegiadas de su investigación. De hecho, no se trata de fuentes documentales convencionales, a las cuales se acerca el historiador convencional de manera aséptica y distanciada. No son documentos oficiales, ni escrituras personales de los hombres ligados al Gobierno. Son, en cambio, el diario y el epistolario de una mujer, una desconocida para la historia del país, que no estuvo cerca del poder en ninguna de sus manifestaciones, apenas poseedora de un paisaje, de sus propios anhelos y de una voz que se negaba al silencio.

Solitaria Solidaria, de Laura Antillano, publicada en 1990 y 2001, es la narración de una lectura, la lectura apasionada de una historia anónima, hecha por un personaje que continúa viviendo su propia vida mientras lee, pero que va sintiendo cómo esa vida se va modificando a través de esa lectura. La identificación entre Leonora y Zulay se va acentuando a lo largo del texto. La novela establece un contrapunteo que puede leerse como juego de espejos. La una sueña con la otra y ambas se reúnen en los únicos espacios posibles de encuentro, el espacio onírico y el espacio ficcional, donde ambas mujeres se hacen una como Alicia Reyes y la mendiga húngara en el cuento "Lejana", de Julio Cortázar.

Puede decirse que Solitaria Solidaria es una novela histórica, pues recrea la segunda mitad del siglo XIX venezolano. Hechos importantes como la caída y el nuevo auge del dictador, la presencia de José Martí en Venezuela o el despojo de la Guayana Esequiba se recrean en la vida de Leonora. Sin embargo, el acercamiento a la vida de los personajes anónimos con la relevancia de un primer plano, los datos de la vida cotidiana que se filtran en el diario y las cartas, hacen de esta novela una novela intrahistórica, que indaga, como el nuevo historicismo, en la vida privada de los seres comunes y corrientes, en la historia de los excluidos del poder y del discurso público.

Zulay guarda en secreto el hallazgo del legajo de Leonora; lo examina a solas, porque la lectura es una forma de hacer introspección. Este ritual del secreto de las fuentes históricas es en la novela un necesario paso en un proceso de catarsis personal y colectiva que hace la historiadora de ficción, comprometida profundamente en su conciencia con la historia como explicación de su estar en el mundo. Sin dejar de ser acuciosa y profesional, Zulay encuentra un sentido al trabajo de buscar el pasado: su relación con el presente y su pertinencia para comprender no sólo su propia identidad, sino la de las venezolanas, la del país en general.

El lenguaje de la novela es también uno de sus grandes logros, especialmente en lo que toca a Leonora. El diario y las cartas tienen un ritmo narrativo pausado, un vocabulario con ecos de otra época, ciertos usos de la adjetivación, cierta sintaxis y cierta mezcla de formalidad e informalidad, una morosidad y una forma de degustar la descripción de los detalles, que recuerdan la carta y el diario de María Eugenia Alonso, la inolvidable Ifigenia de Teresa de la Parra.

Llama la atención que en el final del siglo XX y principios del siglo XXI, varias escritoras venezolanas, de una u otra manera, rindan homenaje a la primera grande de ellas. Lo hacen Laura Antillano, Ana Teresa Torres y Carmen Vincenti, quienes construyen protagonistas femeninas rebeldes en el pasado venezolano y hacen de la memoria femenina un registro de una historia silenciada: la historia de las mujeres, la que alienta detrás de muros, convenciones y celosías creados para contenerlas.

(Fragmento condensado del prólogo a la segunda edición de Solitaria Solidaria, de Laura Antillano).



Luz Marina Rivas. Ensayista


Carta a Laura

Laura:

Nunca me perdonaré no haber disfrutado antes, en el momento de su primera edición, los admirables y estimulantes paralelismos que se establecen entre los dos personajes de Solitaria Solidaria. Pero algo tengo a mi favor: haberlo hecho justo ahora cuando más dispuesto estoy para entender y adentrarme en procesos de afirmaciones y emancipaciones que se trazan en tiempos, épocas y situaciones en apariencia distintas y dentro de atmósferas y climas y proyecciones psicológicas distintos. Este es uno de los grandes encantos de Solitaria Solidaria: el uso del lenguaje para tocar el fondo y aprehender no sólo sus respectivas intensidades y resonancias históricas y emocionales, sino el de nombrar las cosas por su nombre; marcar la respiración guzmancista, el proceso de liberación de Leonora Armundeloy, a través de su Diario y conocer las repercusiones que aquel proceso ejerce sobre Zulay un siglo más tarde. Me sedujo tu personal conocimiento de la ornitología venezolana; el ritmo y la pulsación de las casas guzmancistas; el lavado de la ropa, el dibujo perfectamente entramado de las relaciones familiares; las alusiones a Martí, a Bolet Peraza; el olor a imprenta y la formación de una conciencia política y solidaria en Leonora, que va germinando y suscitándose a través de tu propia mirada permanente aunque impalpable. Hay en Solitaria Solidaria un trabajo de investigación admirable pero, sobre todo, un dominio de escritura que me obliga ahora a preguntarme por qué he tardado tanto en ser tu amigo; por qué no te he conocido antes, realmente, o cómo explicarme, que hayamos pasado uno junto al otro sin establecer una verdadera comunicación. Saber qué piensas de esta o de aquella otra situación. ¿Qué libros lees? ¿Cómo haces para escribir tan bien? Estas torpes y confusas palabras quieren participarte, además, que ¡llegaron las ballenas...! Están a mi lado y aquí permanecerán, protegidas. porque hago valer todos mis mejores esfuerzos para evitar que ellas se suiciden...!

Te abraza con amor y admiración,

Rodolfo Izaguirre

N°4 Año V
Caracas, sábado 27 de octubre
de 2001
 
 
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(Federico Vegas)
 

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