Foto: Carlos Hernández
Fin de
año en la autopista Francisco Fajardo,
al ritmo de la Orquesta Billo's Caracas Boys
Sí. Aquella tarde negra de abril rojo, muy al fondo de las imágenes
que certificaban al país roto, desde el inconsciente nervio interno,
se escuchó un sonido rítmico muy de fondo, en apariencia
nada congruente con el horror que presentaba la pantalla. Era una marcha,
no, era una guaracha, no, fueron ambas Allá vienen los
cadetes que hoy están de graduación
Sí, porque en esta tierra libertaria nadie podía imaginar,
mucho menos admitir, que los militares aparecieran sino para un desfile,
y más aún, se remarcaba la marina tiene un barco,
la aviación tiene un avión, pero lo que
más me gusta y me llena de emoción, es que pasan por mi
casa en perfecta formación
Aquellos uniformes eran, pues, con seguridad, para protegernos, y el maestro,
Luis María Frómeta, Billo, estaba aquí, muy
por dentro desde hace varias décadas, para certificarlo, ¿quién
dijo miedo?
Más tarde. Cuando el reportaje mostró a los grupos marginales,
entrenados en la violencia del dueto Caín-Abel, de nuevo, el músico
de origen dominicano que nos llegó para permanecer en los albores
de la democracia (1937), trovador y cronista nato, recordó a lo
lejos pero desde muy adentro, cómo aquel campesino inocente, emigrado
hacia la capital petrolizada desde principios de siglo, sólo podía
sentir, si acaso, nostalgia primitiva por el caminito de Guarenas
o la burrita de Petare que tiene amores y
en caso muy extremo, pánico, porque en la esquina de Las
Gradillas sale un muerto
Como enamorado personal, en sus composiciones, Billo bordeaba el sentimentalismo
cursi de todo amador que se respete, mucho más obsesivo y lírico,
cuando el canto pasodoble era para su musa predilecta Caracas
ciudad hermosa con su guirnalda de cerros a su alrededor
2.- Por eso, únicamente
nuestro maestro arreglista y director Billo podía entregar el compás
melódico para la orgía pacífica, esa impresionante
danza comunitaria que la noche del Año Nuevo, Vida Nueva
2003 protagonizó esta bella Caracas, donde bajo
tu cielo, tu luna y tu sol, todas las razas buscan ventura, fortuna y
amor
Un evento que marcó para siempre la historia cultural citadina
de la Venezuela contemporánea, por supuesto, debía tener
el soporte de la eterna Orquesta Billo's, institución que ningún
circo, payaso ni comisario blindados pueden destruir, porque su raíz
auténtica se hunde y sostiene en el alma colectiva.
Cinco décadas bailamos a Billo en recintos que fueron desde el
rancho, el apartamento de bloque y urbanización hasta el cabaret,
club y el hotel "en el Avila es la cosa". Sin duda, de ahora
en adelante será en Altamira, mirando bien alto, y la calle como
escenario.
Durante medio siglo, la corporación de Billo y sus muchachos nos
brindó aquel Swing con Sonque no es bolero, rumba
ni danzón y que tanto liberó a la pareja criolla
por aquello tan escandaloso de "bailar pegao" toda una pieza,
todo un set, todo un picoteo, sobre el mismo mosaico.
Sin cesar, desde el ahora y el aquí, sobre el pavimento sin límites,
bailar y reír a cielo limpio, con las manos abiertas, respirando
aires de libertad, desafiando la pesadilla, cantando en medio del infierno,
será la digna metáfora del vals, no, del pasaje, no, del
que por vía de los hechos y el entorno, se convierte en el himno
popular de la resistencia ...Estoy contento, yo no sé que es
lo que siento, voy cantando como el río como el viento
Sí.
"Un
evento que marcó para siempre la historia cultural citadina
de la Venezuela contemporánea, por supuesto, debía tener
el soporte de la eterna Orquesta Billo's, institución que ningún
circo, payaso ni comisario blindados pueden destruir "