Reflexión: El Presidente de Venezuela y el filme de los hermanos Cohen

El hombre que nunca estuvo allí

Las "paradojas del sujeto y su realización", proyectadas en la trama de El hombre que nunca estuvo allí , de los hermanos Cohen, se corresponden con las prácticas de gobierno presentes en Venezuela: el presidente Hugo Chávez, "lo vemos día a día", se conduce como el protagonista de la película hacia su propio fin, "víctima de su propio enredo", advierte Laura Arias


Foto: Alejandro Van Schermbeek

Es el título de la película de los hermanos Cohen, The man who wasn't there (El hombre que nunca estuvo allí), 2001, rodada en un espectacular blanco y negro, Oscar al mejor guión y a la mejor actriz, Frances McDormand.

Ed Crane (Billy Bob Thornton) es el barbero de un pueblo de California. Ed no es feliz con la existencia que lleva, no sabe cómo cambiarla, pero las infidelidades de su mujer Doris (la excelente Frances McDormand) le dan la oportunidad de dar un giro a su vida al iniciar un chantaje que podría ayudarle a cambiar su existencia absurda y banal.

El hombre que nunca estuvo allí alude a ese ser encantadoramente opacado desplegando la falsa dignidad engalanada de amo carente de una personalidad verdadera. Los trazos de su rostro, de una plasticidad casi infinita, traducen directamente sus actitudes y sentimientos más íntimos. Nos encontramos ante un ser que carece de apoyo estable. Y si en la tragedia griega encontramos un héroe que asumía heroicamente sus consecuencias, aquí en las condiciones de la modernidad se convierte en una parodia burlesca.

En suma, maneras de eludir cualquier responsabilidad subjetiva representando así el sueño utópico de realizarse a través del acto -chantaje- que logre sostenerlo como héroe. Esta excelente película se refiere a las paradojas del sujeto y su realización. El hecho de que en lugar de hacer frente a su esposa como un adulto maduro planee un chantaje, revela su imposibilidad de concebirse como sujeto.

¿Cómo tenemos que interpretar aquel plano en que la esposa sumergida en la bañera le pide que le afeite las piernas? La clave nos la proporciona la forma en que se relaciona con otro plano del final de la película cuando a Ed le afeitan las piernas como un singular mecanismo de repetición que viene a desplegar el fracaso de su ser.

La responsabilidad subjetiva atañe a la responsabilidad de cada quien de alcanzar su propio poder ser. Un sujeto capaz de hacerse responsable de sí mismo.

Ed Crane refleja una ausencia de conciencia. Reflejo de un pensamiento débil, producto también de las actuales décadas que más bien son una invitación al descompromiso, a una cierta forma de irresponsabilidad legitimada. En ese sentido, el protagonista es un ser que no está en posesión de su ser más propio, es una inexistencia que impide que cualquier pregunta sobre su propia existencia sea formulada. No se pregunta sobre el malestar que lo habita. No se hace la pregunta kantiana por excelencia: ¿qué debo hacer? ¿qué debo esperar? Al no encontrar un modo de localizar su ser no hay una apertura a encontrar su posibilidad, la búsqueda de una posibilidad que dé sentido a su vida.

Ed Crane como reflejo de la posmodernidad, en esa falta de compromiso crítico, busca salvarse a través de otros por no saber de su ser en el mundo. Giorgio Agamben lo ilustra muy bien cuando presenta los campos de concentración como lugar donde se destruye la distancia entre lo propio y lo impropio.

El hombre que nunca estuvo allí es el reflejo del hombre incapaz de encontrar por sí mismo aquello que dé sentido a su vida. Su modo de salvarse al recurrir al chantaje, es buscar en otros aquello que otorgue ese sentido, esto es, busca salvarse a través de otros, aprovechándose de la infidelidad de la esposa.

Ausencia de responsabilidad subjetiva que implicaría escuchar la voz de la conciencia. Jacques Lacan desarrolla su noción de sujeto como aquel que asume en su apertura el comienzo de algo singular. Un modo de interrogar el campo de la experiencia y del malestar, así como la discontinuidad radical que separa la cultura de la función subjetiva.

Ed Crane al planear el chantaje ignora que él mismo será la verdadera víctima. Enredo en el que se enreda hundiéndose en su propia trampa, arrastrando consigo a todos los que le rodeaban. Pero una acción individual puede adquirir matices colectivos. Matices que también están en las prácticas de gobierno presentes en Venezuela. El análisis de las prácticas de gobierno desde los griegos relaciona la ética con la política, y nuestra forma de gobierno actual demuestra las consecuencias de la inexistencia de esa relación.

Cuando Hugo Chávez ofrece una revolución sería útil tener presente a Georg Friedmann cuando dice: "Muchos son los que, en la preparación de la revolución social, se absorben totalmente en la política militante. Muy pocos son los que, en su preparación, quieren primero hacerse dignos de ello".

El cuidado de sí, como ya lo enunciaba la Antigüedad, el compromiso al que hago referencia, es indispensable para el ejercicio de la libertad: sólo aquel que cuida de sí no será esclavo de sus deseos. Los griegos problematizaron la libertad como ética. Esta era reconocible en la actitud del hombre libre, en su uso de la libertad.

Y la ética es reflejo de ese cruce de la política y de la dirección individual. Un presidente de gobierno es un dirigente que asume el cuidado de sí y de los otros. Intersubjetividad que aparece como el resultado del cuidado de sí en la forma del cuidado de los otros. Se trata de la inseparabilidad de la ética y de la política. Ese cuidado se presenta como condición ética en la constitución de un buen gobernador. Dimensión intersubjetiva del diálogo como conditio sine qua non de la salud o del restablecimiento de la política (Arendt).

Hugo Chávez, lo vemos día a día, se conduce como Ed Crane a su propio fin, víctima de su propio enredo. Creo que la acumulación del vasto poder que él pretende al hacer y rehacer, al modificar y corregir lo que él mismo crea y se vuelve contra él sin trabas de ninguna clase siempre tiene como consecuencia la aparición de excesos. Todas las limitaciones de la democracia y de la libertad tienen severas consecuencias negativas.

Chávez continúa maquinando argucias de poder queriendo imponer una sociedad monolítica en la que su opinión es obligatoria para todos los demás.
Vemos su imagen dentro y fuera de Venezuela salpicada de excesos y de corrupción. Sus mentiras sociales están en todas partes pero "los revolucionarios profesionales" las utilizan hábilmente con vistas a la verdad social y política.
Así como Ed Crane, Chávez, alimentado por su egoísmo, pura negatividad autorreferencial retirada en sí misma, corta los lazos con la realidad.

Las declaraciones de Chávez reflejan un ser astuto encaminado al reclutamiento de gente convertida en una masa de seres humanos manipulados y transformados en una fuerza débil y maleable que no está conectada ni con el espacio ni con el tiempo a ninguna tradición política y cultural coherente, reclutamiento que tiene el propósito de mantener una "revolución" tan errónea como peligrosa.

Y el líder, un flautista variopinto, convoca a todas las almas desesperadas vulnerables a la arena pública de sus propios designios.

Pienso que una política deseable significa una actividad en la que todos los ciudadanos, incluido su presidente, se comprometen en la búsqueda de lo éticamente evidente. Pertenecer a uno u otro bando -chavista / antichavista- convirtiendo esto en el problema relevante, muestra día a día la degradación en la que ha caído la vida política venezolana.

Los ciudadanos de una nación deberíamos sentir respeto por nuestras autoridades, un respeto que no se debe confundir con la ciega obediencia o la crédula y relamida complacencia que se autodenomina lealtad y patriotismo.

Isaiah Berlin ya nos advertía que en el monismo se encuentra la raíz de todo exterminio. Chávez es el que más sabe, hace lo que hace no sólo con el fin de lograr lo mejor para su nación. Esta es la gran perversión de la que es responsable la noción de libertad positiva, "un yo real que se encuentra encerrado dentro de los hombres y lo libera, para que este yo pueda acceder al nivel de los que se dedican a dar órdenes" (Berlin).

¿Hay en su revolución algo espectacular, un cambio profundo, duradero?

A todo aquel que habla se le presupone un oír. El oír es constitutivo del que habla. En el habla se constituye la intersubjetividad, pues en el oír-uno-al-otro se constituye el ser-con. Hay que confrontar a cada momento lo que se piensa y lo que se dice con lo que se hace y lo que se es. El análisis de las formas de gobierno permite, en ese sentido, relacionar las "técnicas de poder" con las "técnicas del cuidado de sí".

Evidentemente este presidente ni con los gritos de marcha alguna puede oír, imposibilitando cada vez más su ser-con.

Ed Crane con su audaz chantaje enuncia su inexistencia y toda ausencia de responsabilidad subjetiva frente al malestar de su vida. Los otros, nunca él mismo, es el modo que encuentra para escapar de sí. Y su propia trama terminó por hundirlo a él y a los que estaban con él, incapaz de cualquier forma de intersubjetividad. Y nuestro actual presidente es una metáfora viva de Ed Crane. Al fortalecer cada vez más a sus seguidores ignora que busca salvarse a través de ellos. Ya que él mismo no ha sido capaz de hacerlo. Una forma de gobernar que evidencia la inexistencia del cruce de la ética -producto de un compromiso subjetivo- en su cruce con la política.

En Venezuela, para todo aquel que pueda oírlo, el malestar es evidente en todos los sectores. Posiblemente como resultado de un presidente -Hugo Chávez- que nunca estuvo allí.

"Así como Ed Crane, Chávez, alimentado por su egoísmo, pura negatividad autorreferencial retirada en sí misma, corta los lazos con la realidad"

Laura Arias.Psicoanalista

 
N 29 Año VI
Caracas, sábado
18 de enero
de 2003
 
 

Tomás Polanco Alcántara
Prócer de la historiografía Venezolana
(Ricardo Gil Otaiza)


APUNTES: Año Nuevo caraqueño 2003

Billo vivo
(Alicia Freilich)


Grandes firmas
Hechos y figuras
(Alfredo Bryce Echenique)

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El hombre que nunca estuvo allí
(Laura Arias)